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Evolución y pronóstico de la EPOC
Introducción
¿Cuáles
son los primeros síntomas?
¿Cómo
evoluciona la enfermedad?
La
enfermedad avanzada
Conclusiones
Introducción
La enfermedad pulmonar obstructiva
crónica o EPOC
se caracteriza por tener una evolución lentamente progresiva a
lo largo de los años. La velocidad con que la enfermedad progresa
es variable de unas personas a otras. La gravedad también difiere
desde la ausencia de síntomas hasta la incapacidad absoluta para
realizar cualquier actividad. Ocasiona un deterioro progresivo
de la función del
pulmón que comienza sin apenas producir síntomas, o aún produciéndolos,
estos suelen ser inicialmente leves, por lo que el sujeto no tiene
conciencia de enfermedad hasta una fase avanzada de la misma.
La consecuencia de ello es que cuando el individuo consulta al
médico, el daño pulmonar ya está establecido en mayor o menor
medida, y este daño es irreversible.
La enfermedad hoy por hoy
es incurable, aunque puede ser controlada, de forma que no siga
avanzando o lo haga lentamente. Su evolución y pronóstico, salvo
raras excepciones, están estrechamente ligados al consumo de tabaco,
por lo que éste es un factor absolutamente determinante en el
devenir de la misma. Un fumador que desarrolle una EPOC
y siga fumando tendrá una esperanza de vida reducida respecto
a un no fumador en una media de más de 10 años, y además habrá
tenido una calidad de vida muy pobre en los últimos 5-10 años
de su vida.

¿Cuáles
son los primeros síntomas?
La EPOC
comienza a manifestarse en fumadores de unos 50 años. Inicialmente
la enfermedad suele producir tos persistente (la llamada "tos
del fumador"). También se observa un aumento de la producción
de secreciones bronquiales que da lugar a expectoración,
sobre todo por las mañanas tras levantarse de la cama. Con el
tiempo va apareciendo una disminución de la capacidad para hacer
esfuerzos físicos y el individuo tiende a sentir ahogo al realizar
actividades que antes realizaba sin problemas (subir escaleras,
correr, etc.). Estos síntomas suelen pasar desapercibidos durante
años por el propio paciente y sus familiares. Normalmente son
achacados al consumo de tabaco o a la edad y no se les da demasiada
importancia.

¿Cómo
evoluciona la enfermedad?
Si el individuo continua fumando tras
la aparición de los primeros síntomas, los pulmones enferman cada
vez más. Se produce una inflamación persistente de los bronquios
que va destruyéndolos poco a poco. La función pulmonar se
va deteriorando, y el individuo comienza a sentir ahogo al realizar
un esfuerzo físico cada vez más pequeño con lo que va limitando
sus actividades, a veces casi inconscientemente, a lo que la enfermedad
le va permitiendo.
Es
típico que se produzcan empeoramientos recurrentes, generalmente
causados por infecciones respiratorias, que pueden llegar a ser
muy graves. Estos episodios suelen ocurrir en invierno. Muchas
veces se trata de un simple catarro o una gripe que se hacen muy
agresivos en estas personas. Es lo que se conoce como agudizaciones
de la enfermedad. Suelen producirse entre 1 y 4 episodios
al año, dependiendo de la gravedad de la enfermedad. No es raro
el tener que ingresar en el hospital temporalmente para poder
superar alguno de estos episodios, e incluso en ocasiones se hace
necesario el ingreso en una UVI. En los casos más graves puede
llevar a la muerte del enfermo.
Otras veces, si el episodio no
es muy grave, puede ser suficiente con intensificar el tratamiento
de forma ambulatoria y tomar algún antibiótico
si el médico lo considera oportuno durante unos días.
A medida que la enfermedad sigue
progresando aparecen otros problemas añadidos. La cantidad de
oxígeno transportado por la sangre se reduce paulatinamente debido
a que los pulmones no son capaces de oxigenarla. Esto ocasiona
una elevación refleja de la presión de las arterias
pulmonares que hace que el corazón tenga que realizar un esfuerzo
más grande para bombear la sangre. A la larga, el corazón se agranda
para intentar sobreponerse, pero tarde o temprano acaba fallando,
y aparece insuficiencia cardiaca derecha, es decir, el corazón
no es capaz de bombear eficazmente la sangre a los pulmones y
se produce una retención de líquidos en el organismo. Generalmente
comienza a manifestarse como edemas
o inflamación en las partes declives del cuerpo (pies y piernas).
Otros síntomas que produce son: aumento de la fatiga, necesidad
de dormir con más almohadas para respirar mejor estando tumbado
y disminución de la cantidad de orina durante el día.
El organismo intenta compensar
la falta de oxígeno produciendo más glóbulos
rojos, que son los encargados de transportar el oxígeno en
la sangre. Este mecanismo de defensa ante la enfermedad tiene
también un efecto negativo puesto que hace que la sangre se espese.
La sangre se hace así propensa a coagularse en el interior de
las venas (trombosis)
y a producir embolismos (pequeños coágulos que se sueltan y viajan
por el interior de las venas hasta otros órganos produciendo infartos).
Esto hace necesario realizar sangrías en algunos pacientes, es
decir, extraer sangre de forma periódica para reducir la viscosidad
de la misma. También pueden aparecer arritmias
cardíacas, es decir, alteraciones en el ritmo del corazón, que
son debidas al sobreesfuerzo a que es sometido por la falta de
oxígeno, favoreciendo la formación de trombos
y embolismos por otros mecanismos.

La enfermedad
avanzada
Cuando
la enfermedad progresa mucho, lo cual no tiene por qué ocurrir
en todos los pacientes, se llega finalmente a una situación de
insuficiencia
respiratoria crónica. Esto quiere decir que los pulmones no
son capaces de proporcionar una cantidad mínima de oxígeno que
satisfaga las necesidades de los órganos del cuerpo. En este punto
el enfermo padece una incapacidad para realizar cualquier actividad
física, por pequeña que sea. Asearse o caminar unos metros puede
llegar a producir ahogo, e incluso puede ocurrir que la fatiga
esté presente en reposo. El enfermo queda confinado a un sillón
o a la cama requiriendo ayuda para todo.
Cuando aparece la insuficiencia
respiratoria, se hace necesaria la utilización de oxígeno domiciliario,
generalmente durante al menos 16 horas cada día, incluyendo toda
la noche. Este tratamiento, junto con el abandono del tabaco,
ha demostrado incrementar la esperanza de vida de estos enfermos.
Los enfermos con oxígeno domiciliario pueden vivir aún muchos
años, siendo capaces de recuperar parte de la actividad que antes
no podían realizar. Algunos pueden salir a la calle durante cortos
periodos sin utilizar el oxígeno, mientras que otros pueden hacerlo
acompañados de sistemas de liberación de oxígeno portátil, en
pequeñas bombonas que se transportan en una mochila.
Llegados a este punto de la enfermedad,
las agudizaciones
suelen ocurrir con mucha frecuencia, y en cada una de ellas el
enfermo requiere ingreso hospitalario y un tratamiento agresivo
con altas dosis
de oxígeno, fármacos
intravenosos e incluso máquinas que le ayuden a respirar. Al final
de la enfermedad puede ocurrir que el enfermo no sea capaz de
vivir prácticamente fuera del hospital, ni siquiera teniendo oxígeno
domiciliario. Finalmente la muerte se produce casi siempre como
consecuencia de alguna de estas agudizaciones,
que no responden satisfactoriamente al tratamiento.

Conclusiones
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La
EPOC
es una enfermedad progresiva e incurable, pero que puede
controlarse con un tratamiento médico adecuado.
Comienza
de una forma silente
hacia los 50 años en fumadores
Es
importante consultar al médico ante los primeros síntomas:
tos, fatiga, expectoración
La
medida más importante para frenar su evolución es abandonar
el tabaco precozmente
La
evolución es muy variable de una personas a otras.
Afecta
a los bronquios
y los pulmones produciendo en los casos más graves una insuficiencia
respiratoria que hace necesaria la utilización de oxígeno
domiciliario.
Es
una enfermedad muy incapacitante si evoluciona hasta fases
avanzadas
Son
muy frecuentes las agudizaciones,
conllevando un deterioro momentáneo, de unos días, que puede
llegar a ser grave y producir la muerte.
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Fecha de publicación: Marzo 2001
Dr. Antonio Ruiz Peña
Servicio de Neumología
Hospital La Paz. Madrid
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