Cómo prevenir las exacerbaciones en la EPOC

¿Qué es una exacerbación y a que se debe?
Exacerbaciones infecciosas
Exacerbaciones no infecciosas

¿Qué es una exacerbación y a que se debe?
La enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) es un proceso crónico cuyas manifestaciones clínicas y alteraciones funcionales aparecen en la fase tardía de la enfermedad, por lo que los pacientes pueden realizar una vida más o menos aceptable durante años. Mientras el paciente permanece estable el deterioro clínico y funcional es muy lento, sobre todo, si hay un abandono del hábito tabáquico, pero esta evolución progresiva de la enfermedad se ve interrumpida por las exacerbaciones.

Se conoce como exacerbación de la EPOC a la aparición de un problema agudo en el contexto de la lenta y relativamente benigna evolución de la enfermedad. Son un fenómeno característico de esta patología y se manifiestan como modificaciones de los síntomas habituales del enfermo, necesidad de modificar el tratamiento de base, necesidad de atención médica no programada o deterioro funcional o de la gasometría. Son acontecimientos graves porque en estos pacientes la complicación ocurre sobre un aparato respiratorio ya deteriorado. A largo plazo cada una de estas exacerbaciones repercute negativamente en la evolución clínica de la enfermedad; ya que, en cada episodio, hay una caída de la función pulmonar con el empeoramiento de la calidad de vida que ello conlleva.

Clásicamente se ha tendido a identificar exacerbación con reagudización infecciosa, pero esto no es cierto. Sólo el 50% de las exacerbaciones son de causa infecciosa, y de éstas la mayor parte están causadas por virus.

La exacerbación en la EPOC puede ser debida a múltiples causas, aunque las de mayor relevancia clínica son las que inciden directamente sobre el aparato respiratorio, sobre todo las infecciones víricas o bacterianas que afectan a la tráquea y bronquios. Las siguientes en orden de importancia son las de origen cardiocirculatorio (fallo cardiaco, arritmias y tromboembolismo pulmonar).

Otras causas de descompensación, que no por ser menos frecuentes dejan de tener importancia, son el abuso de fármacos depresores del centro respiratorio (somníferos, tranquilizantes), la exposición a irritantes (polución, tabaco, exposición laboral,...), la disminución de la potencia muscular (desnutrición, anemia, déficit de calcio,...), el neumotórax y aquellos trastornos relacionados con otras enfermedades de base como el cáncer o las infecciones crónicas.

A veces la causa de la exacerbación es un proceso no respiratorio entre los que se incluyen los problemas cardiocirculatorios ya comentados, los traumatismos de la caja torácica, el reflujo gastroesofágico, la desnutrición y la ansiedad, entre otros.


 

Exacerbaciones infecciosas
Las infecciones de las vías aéreas son con diferencia la causa más importante de exacerbación en el paciente EPOC. Usualmente son infecciones de la vía aérea (traqueobronquitis) aunque tampoco son raras las que afectan al parénquima o tejido pulmonar (neumonías). Las primeras se manifiestan como un aumento en los días previos de la tos y la expectoración, que cambia de color (pasa de ser blanquecina a mucopurulenta), y un empeoramiento de la dificultad respiratoria habitual del enfermo. En el caso de las neumonías o bronquitis importantes, además del empeoramiento de los síntomas respiratorios, el paciente refiere mal estado general, fiebre o sensación febril y escalofríos; apareciendo también alteraciones de parámetros analíticos como leucocitosis.

La mayoría de las infecciones respiratorias son de origen viral. Esto es importante porque, aunque este tipo de infecciones no tienen un tratamiento específico, es frecuente que precedan a una infección bacteriana al dañar la mucosa bronquial y favorecer el asentamiento de las bacterias sobre dicha mucosa. Las bacterias producen una inflamación importante en la mucosa, con el consiguiente empeoramiento de la función pulmonar en cada episodio. Esto implica un deterioro más rápido de la calidad de vida del paciente y una disminución de su supervivencia. Las bacterias que con mayor frecuencia causan infección están habitualmente en la vías respiratorias periféricas de estos pacientes sin producir ninguna patología. Este hecho implica que el diagnóstico causal de la infección es difícil porque los resultados pueden ser confusos y no quedar claro si el microorganismo identificado es el causante de la enfermedad o no. Por ello, la mayoría de las veces se inicia tratamiento de modo empírico cubriendo con antibiótico los gérmenes más frecuentes (Streptococccus pneumoniae, Haemophilus influenzae y Moraxella catarrhalis), incluso conociendo la posibilidad de que la causa desencadenante sea viral, porque como hemos dicho antes, en estos pacientes las infecciones virales predisponen a sobreinfección bacteriana que debe ser precozmente controlada para evitar el deterioro funcional. También es importante controlar la inflamación y obstrucción de los bronquios con fármacos broncodilatadores y antiinflamatorios.

Algunos pacientes presentan episodios similares a las reagudizaciones asmáticas ante la exposición a determinadas sustancias irritantes, desarrollando una obstrucción bronquial grave con síntomas agudos y subagudos. Es importante identificar este tipo de reacciones bronquiales porque en estos casos no va a ser necesaria la utilización de antibióticos, y el paciente si se puede beneficiar de ciclos cortos de corticoesteroides orales y terapia broncodilatadora.

Otra complicación menos frecuente es la infección de una bulla. Las bullas son burbujas de aire en el parénquima pulmonar. Habitualmente un tratamiento enérgico y prolongado con antibióticos controla la infección, aunque a veces es necesario recurrir a técnicas más agresivas como la cirugía.


 
 
 
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