Exacerbaciones no infecciosas
 

Neumotórax
Es una complicación infrecuente que consiste en el colapso del pulmón por la presencia de aire entre éste y la estructura que lo envuelve (pleura). Generalmente se presenta como dolor torácico y dificultad respiratoria, aunque en ocasiones la sintomatología es muy inespecífica. Hay que pensar en él sobre todo en pacientes con enfisema y reagudizaciones importantes que no responden a la terapia convencional, ya que es una complicación que requiere hospitalización al conllevar un deterioro importante de la función pulmonar en pacientes con baja reserva funcional.

Cuando el neumotórax es mínimo únicamente requiere observación, en el resto de los casos es necesario drenar el espacio pleural mediante un tubo de drenaje que permite la salida del aire y la reexpansión pulmonar. Cuando el neumotórax es de gran tamaño, han existido episodios previos o no hay respuesta con el tubo de drenaje, va a ser necesaria la cirugía.

 

Tromboembolismo pulmonar
Los pacientes con EPOC suelen tener una escasa actividad física y alteraciones cardiocirculatorias concomitantes, lo que favorece la aparición de esta complicación. Es una causa frecuente de exacerbación y un marcador de mala evolución, ya que aumenta el riesgo de muerte en estos pacientes.

El diagnóstico de esta enfermedad es difícil puesto que puede simular otras muchas enfermedades, muchas de las cuales complican también la evolución de los enfermos con EPOC. Su sintomatología es muy variada e inespecífica, y hay que sospecharlo si el paciente presenta dolor torácico brusco que aumenta con la respiración y con la tos o empeoramiento súbito de su dificultad respiratoria habitual; sobretodo, si hay factores de riesgo asociados como obesidad, inmovilización, traumatismo, cirugía reciente, enfermedad maligna de base, trombosis venosa profunda en una pierna,... El diagnóstico se ve apoyado por la presencia de niveles de oxígeno y dióxido de carbono disminuidos en la sangre, taquicardia y alteraciones inespecíficas de la radiografía de tórax, pero el diagnóstico de confirmación es difícil a pesar de existir pruebas especializadas como la gammagrafía de ventilación- perfusión. Ésta sólo habla de alta, media o baja probabilidad, y es la decisión del médico de iniciar tratamiento específico con anticoagulantes o la de realizar pruebas más específicas pero más agresivas (arteriografía pulmonar), lo que va a determinar el pronóstico del paciente.

Para evitar la aparición de esta complicación es conveniente insistir en la necesidad de evitar la vida sedentaria a pesar de la dificultad respiratoria, ya que si en los momentos iniciales el ejercicio es duro, se va adquiriendo con el tiempo una mejor tolerancia.

 


Fallo cardiaco y arritmias
En estos enfermos es frecuente que exista un aumento de las cavidades derechas del corazón secundarias al esfuerzo que éste debe realizar para vencer la resistencia generada por la constricción de los vasos pulmonares (hipertensión pulmonar y cor pulmonale). Esta vasoconstricción es debida al déficit de oxígeno en la sangre que estos pacientes tienen de manera crónica. Durante la fase estable de la enfermedad la función del corazón derecho suele ser aceptable, pero durante las exacerbaciones es frecuente por aumento del trabajo cardiaco que se produzca un verdadero fallo de ventrículo derecho. En ocasiones el fallo cardiaco puede ser también izquierdo, esto puede ser debido a una situación de enfermedad pulmonar muy avanzada o a que el enfermo asocie cardiopatía isquémica.

Hay que recordar que hay fármacos que se utilizan en el tratamiento habitual de la EPOC que pueden ocasionar arritmias. Entre ellos destacan los agonistas B2-adrenérgicos, que pueden provocar taquicardia, aumento del intervalo QT en el electrocardiograma y descenso del potasio en sangre. Hay, por tanto, que tener especial prudencia cuando estos fármacos se utilizan en pacientes con patología cardiaca de base.

 


Ansiedad y pánico
En los pacientes con enfisema la sensación de dificultad respiratoria es muy acusada y con frecuencia conduce a crisis de ansiedad que empeoran la situación clínica del paciente. Estos síntomas se deben tanto a los efectos de la hiperventilación (aumento del número de respiraciones) como a la acción del dióxido de carbono. La ansiedad conduce a una disminución del ejercicio físico, al abuso de fármacos ansiolíticos y a la utilización excesiva de los servicios de urgencias con hospitalizaciones frecuentes y prolongadas.

Es importante el control de estos síntomas con terapia conductual y fármacos no depresores de los centros respiratorios, para aliviar la sensación de dificultad respiratoria y mejorar el estado funcional y calidad de vida del paciente.



Fecha de publicación: Febrero 2001

Dra. Sagrario Mayoralas Alises
Médico Especialista en Neumología
Hospital La Paz. Madrid

 
 
 
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