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Medición
de la disnea
Existen varias escalas que sirven para medir el grado de disnea
que refieren los pacientes. Las más utilizadas son:
A. Escala del Medical
Research Council (MRC): valora qué tareas habituales
puede desarrollar el enfermo sin que aparezca la disnea.
Tiene 5 grados:
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Grado
0: no aparece disnea, salvo con la realización de
ejercicios extenuantes.
Grado
1: disnea con paso acelerado o al subir una cuesta.
Grado
2: el paciente camina más despacio que la gente de
su edad o tiene que parar si camina a su propio paso.
Grado
3: Tiene que parar tras caminar 5 minutos.
Grado
4: Disnea al vestirse o desvertirse, o no puede salir de
casa.
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B. Escala de Mahler (Índice de Disnea Basal o
BDI): valora las tareas que puede realizar el individuo,
el deterioro funcional que causa la disnea y el grado de
esfuerzo con que realiza las tareas. Se escalona en grados
desde 0 a 5:
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Grado
4. No hay deterioro: es capaz de desarrollar actividades
y ocupaciones habituales sin disnea.
Grado
3. Deterioro ligero: deterioro definido de al menos una
actividad, pero sin actividades completamente abandonadas.
Reducción de la actividad en el trabajo o actividades
habituales, que parece ligera o no, claramente causada por
la disnea.
Grado
2. Deterioro moderado: el paciente ha cambiado de trabajo
y/o ha abandonado al menos una actividad habitual debido
a la disnea.
Grado
1. Deterioro severo: el paciente es incapaz de trabajar
o ha abandonado la mayoría de las actividades habituales
debido a la disnea.
Grado
0. Deterioro muy severo: el paciente es incapaz de trabajar
y ha abandonado la mayoría de actividades debido
a la disnea.
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Esta escala se complementa con el Indice de Transición
de Disnea (TDI), que mide los cambios que se producen en
los parámetros descritos en BDI tras la acción
terapéutica. El rango de escala está entre
–3 y +3 (0 = sin cambios).
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C. Escala Visual Analógica: línea recta
de 10 cm. En un extremo: no disnea; en el otro: disnea máxima.
El paciente señala el punto en el que considera encontrarse
en ese momento.
D. Escala de Borg: el paciente
autopuntúa su grado de disnea desde 0: nada de disnea,
hasta el 10: el máximo de disnea.
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Características
de la disnea en la EPOC
La disnea suele ser el primer síntoma que hace que
el paciente con EPOC consulte con el neumólogo y
va a representar la queja fundamental a lo largo de toda
la enfermedad. Normalmente aparece tras varios años
de tos, expectoración y episodios recidivantes de
infección respiratoria. En los casos de EPOC con
predominio del enfisema la disnea puede ser el síntoma
inicial, ya que en estos pacientes la tos y la expectoración
son menos evidentes. Cuando la afectación funcional
del enfermo es ligera o moderada, la disnea aparece sólo
con esfuerzos de mayor o menor intensidad, pero cuando la
enfermedad progresa llega a ser de reposo, provocando una
seria incapacidad para la realización de las actividades
cotidianas del paciente.
En la EPOC, a diferencia de lo que ocurre
en el asma bronquial o en la insuficiencia cardiaca, no
es frecuente la aparición de crisis nocturnas de
disnea. El cuadro suele ser más progresivo e insidioso.
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Dolor torácico
Con relativa frecuencia los enfermos refieren
molestias torácicas que pueden ser secundarias a la insuflación
pulmonar y/o la obstrucción bronquial que ocasiona disconfort
y sensación opresiva en el tórax. La aparición
de dolor agudo debe hacer descartar otro tipo de complicaciones
como fracturas y fisuras costales por la tos o la aparición
de un neumotórax por rotura de una bulla de enfisema.

Hemoptisis
Los pacientes con EPOC pueden presentar expectoración
hemoptoica, sobre todo, coincidiendo con episodios de exacerbación
o cuando existen bronquiectasias asociadas. En general se trata
de hemoptisis leve (esputos teñidos de sangre) y autolimitadas.
Sin embargo, siempre que aparezca este signo debemos estar alerta
y valorar la posibilidad de que exista un tumor en el bronquio.

Otros síntomas
Es importante indagar si existen síntomas
que hagan sospechar un síndrome de apnea del sueño
(SAOS) añadido como roncopatía (ronquidos), pausas
de apnea nocturnas (periodos más o menos largos sin respirar),
somnolencia diurna, en especial en sujetos con sobrepeso y alteración
gasométrica muy discordante con la alteración funcional
(FEV1) en la espirometría.
La cefalea y la sudoración
sugieren retención de CO2, que en los casos
más evolucionados puede llegar a la somnolencia, obnubilación
y coma.
Fecha de publicación: Febrero
2001
Dr. José Miguel Rodríguez
González-Moro
Servicio de Neumología.
Hospital General Universitario Gregorio Marañón.
Madrid
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