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Tratamiento de la EPOC
Objetivos
del tratamiento
Frenar
la evolución de la enfermedad
Aliviar
los síntomas del paciente
Tratamiento
farmacológico: Broncodilatadores
Otros
fármacos que se utilizan en la EPOC
Rehabilitación
respiratoria
Tratar
las complicaciones de la enfermedad
Objetivos
del tratamiento
El tratamiento de la EPOC persigue tres objetivos
fundamentales: frenar la evolución de la enfermedad, aliviar
los síntomas de los pacientes, especialmente la disnea
o dificultad respiratoria, y tratar las complicaciones de la enfermedad.

Frenar la
evolución de la enfermedad
Dejar de fumar, el tratamiento con corticoides
inhalados, la oxigenoterapia y el tratamiento con alfa-1-antitripisina
son 4 medidas que pueden ayudarnos a frenar la evolución
de la enfermedad en determinadas circunstancias.
La medida más eficaz para
frenar la evolución de la enfermedad es, sin ninguna duda,
dejar el tabaco. Cuando un paciente ha sido diagnosticado de EPOC
implica que ya existe una obstrucción crónica al
flujo aéreo, obstrucción que es irreversible. Sin
embargo, muchos pacientes en esta situación continúan
fumando. Pues bien, el abandono del hábito tabáquico
frena la disminución de la función pulmonar, incluso
cuando la EPOC está muy evolucionada. Además, aunque
el beneficio es superior durante el primer año, la mejoría
continúa en los años posteriores. Por ello, todo
paciente que padece una EPOC debe considerar seriamente la necesidad
de dejar de fumar, para evitar que la enfermedad siga progresando.
Desde hace años, se ha sugerido
igualmente que el tratamiento con corticoides podría frenar
la evolución de la EPOC, al disminuir la inflamación
existente en el árbol bronquial. Ha sido necesaria la realización
de diversos estudios científicos, entre los que destaca
el estudio ISOLDE, para demostrar que los corticoides inhalados
pueden ser útiles en este sentido, fundamentalmente en
el tratamiento de los pacientes con EPOC más avanzada.
En este estudio se utilizó un corticoide inhalado denominado
fluticasona, el cual se mostró capaz de mejorar significativamente
el estado general de salud y redujo el número de exacerbaciones
de los enfermos que padecían las formas más graves
de la enfermedad.
En
estadios avanzados de la enfermedad, cuando existe insuficiencia
respiratoria crónica, se ha demostrado que la oxigenoterapia
domiciliaria aumenta la supervivencia de los enfermos, frenando
la evolución de la enfermedad. Además, mejora la
función neurológica, reduce los periodos de hospitalización
y aumenta la tolerancia al ejercicio. Estos efectos se obtienen
a través de múltiples mecanismos entre los que destacan
la disminución de las resistencias vasculares pulmonares,
la reducción de la hipertensión arterial pulmonar
y del número de hematíes circulantes en la sangre.
El déficit de la enzima
alfa-1-antitripsina, es una causa de EPOC. Los pacientes que presentan
este déficit tienen aumento de unas sustancias, denominadas
elastasas, responsables de la destrucción del parénquima
o tejido pulmonar. El tratamiento sustitutivo con la enzima alfa-1-antitripsina
consigue en algunos casos estabilizar los valores de función
pulmonar, aunque aún no se han demostrado las ventajas
de esta terapéutica.

Aliviar
los síntomas del paciente
Existen dos medidas que persiguen mejorar
los síntomas de los pacientes, especialmente la disnea.
Hablamos del tratamiento farmacológico y de la rehabilitación
respiratoria. Para valorar la eficacia de los diferentes tratamientos
disponibles y la respuesta de los pacientes a cada uno de ellos,
se ha utilizado clásicamente la espirometría y el
alivio de los síntomas que refiere el propio paciente y,
recientemente, los cuestionarios de calidad de vida.

Tratamiento
farmacológico: Broncodilatadores
Los medicamentos broncodilatadores son los
más eficaces a la hora de reducir los síntomas de
los pacientes con EPOC y su uso aconsejado es la vía inhalatoria.
Estos medicamentos actúan a diferentes niveles produciendo
no sólo broncodilatación o ensanchamiento de la
luz bronquial, sino que algunos pueden ayudar a eliminar secreciones
o mejorar, incluso, la contractilidad del diafragma. Se consideran
broncodilatadores los simpaticomiméticos o beta-2-agonistas,
los anticolinérgicos y las teofilinas.
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Simpaticomiméticos
(betamiméticos)
Son muy útiles en el control de los síntomas
de los pacientes con EPOC. Se aconseja su uso por vía
inhalada mediante aerosoles presurizados o las presentaciones
en polvo seco. Existen dos tipos de simpaticomiméticos:
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Los
de acción rápida, como salbutamol y terbutalina.
Los
de acción prolongada, como salmeterol y formoterol.
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Los de acción prolongada se dosifican cada 12 horas,
para mantener un grado de broncodilatación permanente,
mientras que los de acción rápida se utilizan
a demanda cuando el paciente nota síntomas. Por ello
es fundamental que siempre lleve uno a mano (en el bolsillo
o en el bolso), para poder recurrir a él en caso
de necesidad, dado que su efecto es casi inmediato, prolongándose
durante unas horas. Aunque existen preparados por vía
oral, no es aconsejable su uso ya que la eficacia es menor
y aumenta considerablemente el riesgo de efectos secundarios.
Los principales efectos colaterales de estos medicamentos
son irritabilidad, insomnio, nerviosismo y la aparición
de taquicardia.
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Anticolinérgicos
Son también buenos medicamentos broncodilatadores,
cuyo comienzo de acción es algo más lento
que el de los simpaticomiméticos, pero mantienen
su efecto durante más tiempo. En nuestro país
disponemos del bromuro de ipratropio, que se administra
a intervalos de 6 horas. Próximamente va a ser comercializado
el bromuro de tirotropio, de acción prolongada, que
se administrará solo una vez al día. Estos
fármacos, comparados con los simpaticomiméticos,
muestran un efecto broncodilatador equivalente, aunque algunos
investigadores han conseguido demostrar algún beneficio
adicional a favor de los anticolinérgicos. Por ello,
se ha propuesto que sean los medicamentos a utilizar en
el primer escalón terapéutico de la EPOC.
Dado que los simpaticomiméticos
y los anticolinérgicos son fármacos de diferentes
familias y con diferentes mecanismos de acción, se
admite que su administración conjunta presenta efectos
complementarios y aditivos. La asociación de ambos
fármacos o la utilización del anticolinérgico
de fondo y del simpaticomimético como rescate, puede
ser una alternativa válida y generalmente la preferida
por muchos pacientes. Desde hace poco tiempo disponemos
en nuestro país de la combinación de ipratropio
y salbutamol en un mismo dosificador, lo cual simplifica
el tratamiento y favorece su cumplimentación. Además,
los anticolinérgicos no presentan efectos secundarios
significativos lo que da pié a que sean los broncodilatadores
de moda y, por tanto, los más utilizados, como ya
hemos comentado.
Teofilinas
Eran muy utilizadas en los pacientes con EPOC hace unos
años. Sin embargo, su uso ha venido a menos en la
actualidad, al no conocerse claramente su mecanismo de acción,
ocasionar efectos secundarios importantes, ser de difícil
manejo clínico precisando monitorización de
los niveles de teofilina en sangre e interferir con numerosos
medicamentos de uso habitual. Sin olvidarnos del auge paralelo
de los anticolinérgicos y betamiméticos. No
obstante, en pacientes mal controlados con anticolinérgicos
y betamiméticos, podemos asociar teofilina y esperar
el posible efecto adicional que tiene su uso conjunto con
esta combinación. De todas formas, debe considerarse
cuidadosamente en cada caso el riesgo-beneficio de este
tratamiento, valorando su utilización cuando el uso
de los otros broncodilatadores descritos no controlen suficientemente
los síntomas.
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