La hernia hiatal puede dar síntomas en relación con su propia condición de hernia o propios de la enfermedad por reflujo por reflujo.
Síntomas de la hernia hiatal: Los síntomas van a estar en relación con su tamaño al comprimir las estructuras vecinas de la parte pósteroinferior del tórax. Da lugar a incomodidad o dolor en la boca del estómago después de las comidas o incluso palpitaciones o cuadros de dolor anginoso, especialmente tras ingestas copiosas o flatulentas, bebidas gaseosas, que producen una distensión del estómago herniado.
También pueden aparecer náuseas y vómitos. En otros casos, se pueden producir compresiones del estómago que determinan gastritis o úlceras. Éstas pueden dar lugar a cuadros hemorrágicos que se manifestan en forma aguda con hematemesis o vómitos de sangre, más o menos severos, o crónica, con pérdidas pequeñas pero continuadas de sangre, que crean a la larga una anemia ferropénica. De hecho, siempre que se diagnostique una anemia por falta de hierro, una de las primeras cosas a investigar es la existencia de una hernia hiatal. Finalmente, hay casos raros y extremos en los que se puede producir una isquemia o disminución de la circulación del estómago herniado, con gangrena y perforación, lo que supone una situación sumamente grave.
Síntomas de la enfermedad por reflujo gastroesofágico: Con o sin hernia, aparte de la incomodidad y percepción del reflujo en forma de acidez que llega en muchas ocasiones hasta la boca; el vómito fácil, sobre todo con los esfuerzos y al agacharse; el síntoma principal indicativo de enfermedad y traducción generalmente de la existencia de una esofagitis, es la pirosis o ardor retroesternal, que suele incrementarse al agacharse y sobre todo al acostarse.
En muchas ocasiones suele aparecer dolor torácico, que puede recordar al dolor de origen coronario y con el que habrá que realizar un diagnóstico diferencial. Esta inflamación de la mucosa del esófago, si la agresión del jugo gástrico continúa, va avanzando en grado y profundidad pudiendo afectar a todas las capas del mismo y dar lugar a úlceras y hemorragias y finalmente, a estrecheces o estenosis pépticas, que van a manifestarse como dificultad al paso del bolo alimenticio con dolor retroesternal.
Sin que esté todavía muy claro, hay individuos que ante un reflujo patológico tardan más que otros en desarrollar la esofagitis. Parece que esto pudiera estar en relación con una serie de factores que influyen sobre la resistencia al ácido de la mucosa del esófago y sobre todo, con el tiempo de exposición esofágica al mismo. Tendría mucho que ver con ello la alteración de la respuesta motora del esófago ante el estímulo ácido, es decir, el aclaramiento del esófago especialmente al estar tumbado cuando falta la ayuda de la gravedad, sobre todo, durante el descanso nocturno.