Actualidad > Reportajes > Dermatología

Compartir en FacebookCompartir en MenéameCompartir en TwitterEnviar a un amigo
La importancia del cuidado de la salud de la piel en verano

Para muchos lucir un bonito bronceado es sinónimo de belleza. Sin embargo, en ocasiones, puede no serlo de salud. Las radiaciones solares a las que nos exponemos en verano repercuten negativamente sobre nuestra piel, causando quemaduras, irritaciones, alergias e incluso su envejecimiento prematuro.




En la actualidad, los tipos de cáncer más frecuentes en la población española son los que afectan a la piel. Por ello, con la llegada del verano, los expertos quieren recordar que está claramente demostrada su relación causal con la exposición a las radiaciones solares, que además, comienza en la infancia.

Así, según explica la doctora Susana Méndez, pediatra de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), “la aparición del cáncer de piel se relaciona con la exposición a los rayos solares durante largos períodos de tiempo y también con exposiciones intermitentes e intensas, que causan quemaduras, habitualmente durante actividades de ocio o durante las vacaciones en lugares soleados”.

En concreto, según los datos que se desprenden de la 'Encuesta Nacional sobre Fotoprotección', publicada con motivo del 'Día Mundial del Melanoma', que se celebró el pasado 13 de junio, casi la mitad de los españoles se ha quemado por el sol más de tres veces en su vida y el 23,5 por ciento de ellos en los últimos tres años.

Asimismo, el estudio refleja que, aunque el 87 por ciento asegura que utiliza protector solar, los dermatólogos califican con un 5,5 a los españoles en materia fotoprotectora, alertando por ello de que sigue siendo "una tarea pendiente a corregir". Además, en lo que respecta a los niños, aunque el 85 por ciento de los adultos utiliza fotoprotectores infantiles para sus hijos, un 20,5 por ciento afirma que sus niños menores de 12 años sufrieron quemaduras por el sol alguna vez.


Tumores de la piel

Los tumores de la piel se suelen dividir en dos tipos: los melanomas y los llamados tumores no melanomatosos, constituidos por los carcinomas espinocelulares y los basocelulares. Según la doctora Méndez, “de todos ellos, el melanoma es el más peligroso, ya que si no se trata adecuadamente su pronóstico es grave”.

En España, el melanoma de piel está considerado uno de los tumores emergentes en la población de raza blanca. Se ha observado un incremento de la mortalidad de manera más intensa que en el resto de los países europeos, con un incremento de muertes entre los años 1991 y 2000 próximo al 2 por ciento anual en ambos sexos (3 por ciento en varones y 1,8 por ciento en mujeres).

A nivel mundial, la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria destaca que los últimos estudios realizados revelan que nuestro país ocupa el decimosexto lugar en orden de frecuencia tumoral en varones, y el décimo en las mujeres.

Por todo ello, “en este tipo de cáncer lo más importante es la prevención, evitando que los rayos solares dañen la piel, especialmente en el período de la infancia, ya que la mayor parte de la exposición solar de una vida se recibe durante los primeros 18 años”, comenta la doctora Méndez.


Efectos de las radiaciones ultravioleta

Dentro de las radiaciones solares, las más perjudiciales para la piel son las ultravioleta (que tiene una longitud de onda aproximada de 200-400 nm), que, a su vez, se pueden dividir en tres subtipos: UVA, UVB y UVC.

La radiación UVA (que tiene una longitud corta, de entre 320-400 nm) es la responsable de la pigmentación inmediata de la piel (proceso de bronceado). Penetra menos profundamente en ella y puede provocar eritemas, enrojecimiento, manchas y envejecimiento cutáneo, ya que destruye el colágeno, un componente de la piel que le aporta elasticidad.

En cuanto a los rayos UVB (cuya longitud es intermedia, de entre 290 y 320 nm), su radiación posee mayor energía y es muy dañina, pero es parcialmente absorbida por la capa de ozono y las nubes. Además de quemaduras, puede provocar un aumento del grosor cutáneo y melanoma (cáncer de piel).

Por último, en el caso de los UVC, cabe destacar que sus radiaciones son las más agresivas, pero afortunadamente no llegan a traspasar la capa de ozono porque la atmósfera las retiene.

La cantidad de radiación solar UVA y UVB que alcanza la superficie de la Tierra depende de la latitud, la altitud (mayor irradiación con la proximidad al Ecuador, y a alturas elevadas), la estación del año, la hora del día (mayor intensidad entre las 10:00 horas y las 16:00 horas), la nubosidad y la capa de ozono. A este respecto, la doctora Méndez resume que “tanto los rayos UVA como los UVB contribuyen a la fototoxicidad a largo plazo y a la patogenia del cáncer de piel”.


Factores de riesgo asociados al cáncer de piel

Según los expertos en pediatría de Atención Primaria, los factores de riesgo asociados al cáncer de piel son varios. En primer lugar, destaca el tipo de piel. Según la división de Fitzpatrick en 6 tipos, el fototipo define la tendencia, determinada genéticamente, que tiene la piel a la quemadura solar y la capacidad de adquirir bronceado tras la exposición a la radiación ultravioleta.

Desde el Tipo I, que no se broncea nunca y se quema siempre, al Tipo IV, que se broncea siempre y jamás se quema. Los Tipos V y VI, corresponden a las razas de piel oscura, prácticamente insensibles a los efectos peligrosos del sol. Por ello, los Tipos I y II, presentan un mayor riesgo de presentar melanoma.

Otro de los factores de riesgo es el color de pelo y ojos. Así, señalan que el pelo rubio, especialmente el pelirrojo, y el color de ojos claro, así como la tendencia a desarrollar efélides (pecas), se asocian a mayor riesgo de desarrollar cáncer de piel. También la presencia de nevus o numerosos lunares en la piel, por la predisposición genética, y secundario a la exposición intermitente durante la infancia, es un factor de riesgo; así como los antecedentes familiares de cáncer de piel.

Por último, los expertos apuntan la exposición solar, y destacan que es el único factor de riesgo exógeno (externo) actualmente reconocido para el desarrollo de cáncer de piel en la población blanca.


Protectores solares

Los protectores solares son productos cosméticos que evitan las quemaduras causadas por la exposición al sol. Están basados en el empleo de filtros físicos que desvían las radiaciones solares para evitar que penetren en la epidermis, o químicos, que las absorben para transformarlas en energía que no resulte nociva para la piel.

Estos fotoprotectores tópicos aplicados sobre la piel actúan absorbiendo y/o dispersando la radiación ultravioleta. La eficacia de los fotoprotectores frente a la radiación ultravioleta se mide principalmente con el Factor de Protección Solar (FPS). Éste se define como la ratio de dosis de radiación ultravioleta requerida para producir una dosis mínima eritematosa en piel protegida (tras la aplicación de 2mg/cm2 de fotoprotector) con respecto a la dosis requerida para producir una dosis mínima eritematosa en piel no protegida.

Se recomiendan dos opciones para clasificar el Factor de Protección Solar (FPS) de un producto. En una de las dos opciones los productos se dividen en: protección ligera (de factor 6 al 14); media (del 15 al 29); fuerte (del 30 al 59); y muy fuerte (más del 60, aunque en el envase figuraría 50+). La otra opción sólo tiene tres categorías (de 6 a 14; de 15 a 29; y más de 30). Además, deben ser resistentes al agua, y mantener su FPS tras 2 inmersiones de 20 minutos.

Desde Marzo del año 2006, la normativa europea prohíbe comercializar productos cosméticos sin un nuevo símbolo, un tarrito con una tapa abierta y un número en el envase. Esa es la cifra que indica los meses tras la apertura del envase durante los que se puede utilizar el producto con una eficacia garantizada.

En cuanto a su aplicación, ésta debe realizarse media hora antes de iniciar la exposición al sol, renovarla cada 2 horas o después de cada baño, y hacerlo en cantidad suficiente, cubriendo toda la superficie corporal expuesta. Después de tomar el sol, se debes hidratar bien el cuerpo y la piel con baños y con cremas hidratantes.


Otras recomendaciones

Además del uso adecuado de protectores solares, los expertos recomiendan seguir una serie de medidas generales de prevención para poder disfrutar este verano de la exposición al sol, de forma que nuestra piel sufra lo menos posible los efectos negativos de sus radiaciones.

Así, en primer lugar, destacan la importancia de evitar una exposición solar excesiva, y la necesidad de dar ejemplo a los niños con hábitos adecuados. Y es que, los menores de 18 años son los más susceptibles, ya que las agresiones recibidas hasta esa edad condicionan la salud de la piel en la edad adulta. Y los lactantes de menos de 6 meses no deben exponerse nunca a la luz solar directa.

También es importante proteger la cabeza, el cuerpo y los ojos, con gorras, camisetas y gafas de sol. Además, hay que recordar que durante el período estival, es necesario intentar estar a la sombra desde las 12:00 horas hasta las 17:00 horas, ya que son las horas de mayor riesgo.

Asimismo, los expertos aconsejan beber mucha agua o bebidas isotónicas para reponder a las pérdidas de agua y sales minerales indispensables para el organismo y la belleza de la piel, así como utilizar protectores labiales para evitar quemaduras, deshidratación y sequedad. Y es que, los labios son una zona muy sensible y carecen de protección natural contra las radiaciones UV. Por otro lado, hay que evitar el uso de productos cosméticos, perfumes y lociones que contegan alcohol, ya que favorecen la irritación de la piel.

Por último, y respecto al bronceado con lámparas de rayos UVA, los expertos de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria recuerdan que éstos también pueden lesionar la piel, por lo que deben evitarse cuando no exista una indicación médica.



Fecha de publicación: junio 2009

Redacción Saludalia

saludalia@saludalia.com
© Copyright 2005 Saludalia Interactiva - Todos los derechos reservados

Publicidad