Ictus: la clave está en la prevención
En España cada seis minutos una persona sufre un ictus, enfermedad que además de una importante mortalidad, conlleva grandes tasas de incapacidad y de dependencia. Sin embargo, tanto sus síntomas como los factores de riesgo que tiene asociados, son grandes desconocidos para los ciudadanos.

Cada seis minutos una persona en España sufre un ictus (cada cinco segundos en el mundo). Además, menos de la cuarta parte de los que lo han sufrido controla los factores de riesgo, lo que aumenta la posibilidad de volver a sufrir una enfermedad que ya se ha convertido en la primera causa de mortalidad entre las mujeres y la segunda en los varones, según destacan los expertos del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (GEECV-SEN).
Y es que, cada año se diagnostican casi 120.000 nuevos casos de ictus en nuestro país, donde un tercio de los pacientes fallece por esta causa, y casi un 50 por ciento da lugar a una situación de dependencia. Así, en la actualidad más de 400.000 personas en nuestro país sufren una discapacidad que les impide valerse por sí mismos. Estos datos, según el doctor José Álvarez Sabín, coordinador de este grupo de estudio, van a aumentar en los próximos años, y se espera que "para 2025 más de 1.200.000 personas habrán sufrido un ictus, de los cuales más de 500.000 tendrán una discapacidad".
Se trata, además, de una enfermedad que no sólo altera la vida de los enfermos, sino también la de sus cuidadores. Y es que, más del 90 por ciento de las personas que atienden a pacientes de ictus reconoce que esta enfermedad ha tenido efectos negativos también en su propia vida. Así, el 53 por ciento ve modificadas sus actividades cotidianas, el 60 por ciento declara que sufre ansiedad o depresión y el 57 por ciento se ve aquejado por algún tipo de malestar o dolor físico. El 60 por ciento de los cuidadores son mujeres con una edad media de 55 años y en un tercio de los casos, hijas de la persona enferma.
A todo ello se une la importante carga social y económica que tiene esta enfermedad. Así, una persona que ha sufrido un ictus necesita como media una atención de una 60 horas semanales, que en gran parte son absorbidas por la familia; mientras que económicamente, los costes directos se encuentran entre el 2 por ciento y 4 por ciento del gasto sanitario, y en el caso de los pacientes con mayor dependencia el coste medio es de 25.000 euros al año.
En su opinión de los expertos, es necesario aumentar la información, para que la prevención sea mayor. No obstante, recuerdan que el principal punto de atención es dar conocer la enfermedad, es decir "conocer los síntomas porque la atención en el primer momento por un neurólogo reduce la mortalidad tres veces, reduce el número de complicaciones dos veces y eleva al doble la posibilidad de que la persona, cuando se la da de alta del hospital, pueda estar en una situación independiente".
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¿Qué es un ictus?
Un accidente cerebrovascular (ACV) o ictus ocurre cuando el suministro de sangre a una parte del cerebro se interrumpe repentinamente por la presencia de un coágulo o cuando un vaso sanguíneo en el cerebro se rompe, derramando sangre en los espacios que rodean a las células cerebrales.
De este modo, de la misma forma que se dice que una persona que sufre una pérdida de flujo sanguíneo al corazón tiene un ataque cardiaco, puede decirse que una persona con una pérdida de flujo sanguíneo al cerebro o una hemorragia repentina en el cerebro tiene un ataque cerebral o sufre un ictus.
Este accidente cerebrovascular es un episodio neurológico agudo, con afectación de las funciones del sistema nerviosos central. Según su etiología se suelen clasificar en dos tipos: accidentes isquémicos o accidentes hemorrágicos.
Los primeros, también llamados infartos cerebrales, se deben a la oclusión de alguna de las arterias que irrigan la masa encefálica, generalmente por arterioesclerosis o bien por un émbolo (embolia cerebral) que procede de otra localización, fundamentalmente el corazón u otras arterias (carótidas o aorta). En el caso de los accidentes hemorrágicos, conocidos asimismo como hemorragias cerebrales o apoplejías, se deben a la ruptura de un vaso sanguíneo encefálico debido a un pico hipertensivo o a un aneurisma congénito.
Las secuelas más frecuentes de los accidentes cerebrovasculares son parálisis, dificultades con el lenguaje, trastornos emocionales y de tipo cognitivo, problemas motores, dolor, fatiga, dificultad para controlar las emociones y depresión.
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La importancia de conocer los síntomas

Actualmente, tres situaciones están frenando, en opinión del doctor José Álvarez Sabín, la posibilidad de prevenir y evitar las secuelas de un ictus: por un lado, el desconocimiento de la población en general sobre qué es el ictus; por otro, la ausencia de Unidades de Ictus en los hospitales; y, finalmente, la falta de control de la enfermedad por parte de los profesionales médicos.
En cuanto al desconocimiento de la población, existen unos síntomas que hay que conocer porque "el ictus no duele", por tanto la gente no suele interpretar sus síntomas como urgentes. Los más comunes son: la pérdida de fuerza, de sensibilidad, de visión, la capacidad de hablar o entender y la parálisis en parte del cuerpo.
Por otra parte, recientemente la Organización Mundial de la Salud (OMS), en referencia al tratamiento de la enfermedad destacó la importancia de desarrollar Unidades Hospitalarias de Ictus ya que "disminuyen el número de hospitalizaciones innecesaria y la mortalidad en un tercio, y si todos los pacientes ingresaran en estas unidades se evitarían más de 6.000 fallecimientos", según indicó Álvarez-Sabín. En España tan sólo existen 29 centros, de los 95 que reclaman los especialistas, que dan cobertura a uno de cada tres pacientes que lo necesita.
Finalmente, el doctor alertó de la falta de conocimiento de muchos médicos no especialistas. Estos conocen los factores de riesgo básicos y los síntomas más claros, sin embrago "no todos son conscientes de cuál es la mejor opción en el tratamiento y, a veces, no tienen el suficiente tiempo para controlar al paciente".
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Factores de riesgo
Muchos de los factores que pueden aumentar las posibilidades de padecer un accidente cerebrovascular no se pueden controlar (la edad, la historia clínica familiar, la raza o el sexo). Sin embargo, la mayor parte de los factores que aumentan el riesgo pueden ser cambiados, tratados o modificados.
Es el caso de una presión sanguínea elevada, que es el factor de riesgo que mejor predice el ictus. De hecho, otros riesgos dependen de éste, de modo que muchos expertos opinan que la mejora en los tratamientos de esta patología es una razón clave para explicar la bajada acelerada del número de muertes por ictus en las últimas décadas.
La diabetes es un factor de riesgo independiente y esta relacionada en gran medida con la presión sanguínea elevada. Aunque la diabetes se puede tratar, padecerla incrementa el riesgo de ictus. Además, los diabéticos suelen tener también el colesterol alto y sobrepeso, lo que aumenta todavía más sus riesgos.
En los últimos años los estudios han demostrado que fugar es un factor importante de riesgo. La nicotina y el monóxido de carbono dañan el sistema cardiovascular de varias formas. Asimismo, el exceso de alcohol puede aumentar la presión sanguínea, aumentar la obesidad, los triglicéridos, el cáncer y otras enfermedades, causar fallos cardíacos y, en consecuencia, provocar un ictus.
También tomar drogas por vía intravenosa aumenta el riesgo de ictus debido a un émbolo cerebral. El uso de cocaína también se ha relacionado fuertemente a ictus, ataques de corazón y varias complicaciones cardiovasculares. Estos problemas se han dado, incluso, cuando se ha consumido por primera vez cocaína.
Respecto al hecho de tener una enfermedad cardiaca previa, los expertos señalan que un corazón enfermo aumenta el riesgo de ictus. De hecho, las personas que padecen problemas cardiacos tienen el doble de posibilidades de padecer este problema. La fibrilación atrial (el latido rápido y descoordinado de las cámaras cardiacas superiores) aumenta particularmente el riesgo de ictus. El ataque al corazón también es una de las causas de muertes más frecuentes en los supervivientes de un ictus.
También es un factor de riesgo padecer una enfermedad de la arteria carótida, ya que las arterias carótidas del cuello proveen al corazón de sangre, y una carótida dañada por la aterosclerosis puede bloquear el vaso y provocar un coágulo de sangre, que puede causar un ictus. Asimismo, un incremento moderado o importante del número de glóbulos rojos también es un indicador importante de ictus. La razón es que los glóbulos rojos provocan que la sangre se espese, lo que puede provocar coágulos más fácilmente.
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El segundo ictus

Por supuesto, haber sufrido un ictus actualmente es el más importante factor de riesgo, ya que las posibilidades de padecer otro aumentan considerablemente. Así, hoy en día, el ictus recurrente representa una tercera parte de todos los ictus que se producen. El riesgo es más elevado en los primeros tres meses, pero a los diez años más de la mitad de los pacientes volverán a presentar otro ictus si no reciben el tratamiento adecuado y controlan sus factores de riesgo vascular.
"El segundo ictus aumenta un 73 por ciento las posibilidades de fallecer y un 39 por ciento el riesgo de quedar dependiente respecto a aquellos que sufren esta urgencia neurológica por primera vez", indica el coordinador del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares (GEECV) de la Sociedad Española de Neurología (SEN). El problema, es que la falta de prevención de esta enfermedad se hace más patente en estos pacientes que ya han sufrido un accidente cerebrovascular.
"Los médicos están muy atentos durante los primeros días pero, después se baja la guardia y se mantiene el mismo riesgo que al principio. Los datos reflejan que buena parte de los españoles que sufren un ictus corren un riesgo importante de padecer otro, que será más grave que el primero en términos de mortalidad y gravedad de las secuelas. Sólo un porcentaje muy pequeño alcanza los objetivos de prevención secundaria deseables en factores de riesgo clave, como la hipertensión arterial, la diabetes o el colesterol elevado", señala el doctor Álvarez Sabín.
Así, según este experto, existe "una falta de control que contrasta con los avances que se han manejado en esta enfermedad. Una investigación reciente realizada en 1.400 centros de salud con datos de 5.448 españoles que habían sobrevivido a un ictus concluyó que menos de un 25 por ciento de los pacientes tenía las cifras de presión arterial por debajo de lo aconsejado, que sólo el 20 por ciento de los que además eran diabéticos presentaba un buen control de glucemia y, únicamente un 15 por ciento de los dislipémicos tenía el colesterol 'malo' controlado.
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Federación Española de Ictus
Con el objetivo de dar a conocer a la sociedad en general y, sobre todo, a las instituciones implicadas en la atención de ictus y al colectivo médico sobre la importancia de primera magnitud que tiene el ictus como prevalencia, discapacidad severa y mortandad, se ha creado la Federación Española de Ictus (FEI), que aglutina a gran parte de las asociaciones a nivel nacional que existen sobre esta patología.
Como primera acción, ha creado un decálogo en el que pide una mayor colaboración del Gobierno; el apoyo a las asociaciones; concienciar a la sociedad sobre la enfermedad; dar a conocer a los afectados y cuidadores los recursos con los que cuentan; potencial la creación de servicios de rehabilitación; un mayor número de unidades de ictus; atención psicológica para enfermos y familiares; acceso a una rehabilitación eficaz, efectiva y precoz; y la creación de un Instituto de Investigación del Ictus.
Asimismo, la FEI se incorporará dentro de la Estrategia Cerebrales Ictus del Sistema Nacional de Salud, que desarrolla en estos momentos el Ministerio de Sanidad y Consumo. El Plan de Calidad, que se presentará a finales del verano, pretende mejorar la atención de estos pacientes, y para ello cuenta con la colaboración de las sociedades científicas, comunidades autónomas y pacientes.
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