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¿Existe realmente el conocido como síndrome postvacacional?

Aunque los expertos señalan que no existe el tan conocido síndrome postvacacional como enfermedad en sí, lo cierto es que al menos la mitad de los trabajadores afirman "sufrir" con la vuelta al trabajo y la rutina. Y es que, el final de las vacaciones de verano es un momento duro para todos.




Un 45,44 por ciento de los trabajadores tarda como mínimo una semana en volver a rendir al 100% de sus posibilidades tras la vuelta de vacaciones, además de que un 56 por ciento reconoce que ha sufrido en alguna ocasión el síndrome postvacacional, según recoge una encuesta realizada por Randstad a una muestra de 996 personas de 18 a 65 años.

Además, ante la circunstancia de que sólo la mitad de los trabajadores esté en plenas condiciones a su vuelta al trabajo, hay un 36,88 por ciento que reconoce necesitar dos o tres días para "aclimatarse", mientras que sólo un 17,68 por ciento afirma que lo supera tras el primer día de trabajo.

Se trata del conocido como síndrome postvacacional, un trastorno que tiene una duración aproximada de dos semanas y que genera en el afectado tristeza, decaimiento, astenia, apatía, irritabilidad, ansiedad, insomnio, dolores musculares, tensión, problemas digestivos, náuseas, palpitaciones, taquicardias o sensación de ahogo.

Según los expertos, este trastorno aparece por un cambio de rutinas y un "sentimiento negativo" producido por la forma negativa de construir la realidad, generando que la incorporación se convierta en una situación que no produce satisfacción. No obstante, apuntan que "la incapacidad de adaptación tras la terminación del periodo vacacional y el regreso a la rutina diaria no es una depresión".


¿Quién lo lleva peor?

Respecto a quiénes son los grupos más afectados por este trastorno, el estudio realizado por Randstad revela que, en cuanto a la franja de edad, son los más mayores los que demuestran signos más rápidos de recuperación, ya que un 27,78% de menores de 45 años reconoce que tarda tan sólo un día. El resto de profesionales se decanta en su mayoría por un par de días de duración para volver a la rutina.

Así, el "punto álgido" para sufrir el síndrome postvacacional está en la segunda etapa del desarrollo profesional, es decir, los profesionales de 30 a 44 años son los más afectados, así lo afirman un 63,45 por ciento de encuestados. Son ellos los que mejor se están manteniendo en el mercado laboral, pero también por ello tienen que hacer frente a más carga de trabajo, más responsabilidad o a un mayor estrés ante la posible pérdida de un empleo.

Por el contrario, los datos demuestran que al comienzo y final de la vida laboral es cuando menos cuesta regresar al trabajo, al menos así lo afirman los consultados por Randstad. Los más jóvenes, menores de 25 años, son los "más entusiastas" con la vuelta al empleo, ya que un 53,61 por ciento reconoce que no sufre el síndrome postvacacional.

En cuanto al nivel educativo, las personas con estudios básicos afirman que no les cuesta volver al trabajo tras su periodo de descanso (50,22 por ciento), pero a partir de este punto, aumentan no sólo la complicación de las tareas, sino las responsabilidades de los puestos y, por tanto, la dificultad para volver al trabajo, de ahí que sean los universitarios el grupo que más adolece del síndrome postvacacional, con un 61,46 por ciento.

En lo que respecta a la nacionalidad, destaca que los españoles parecen tener más dificultades para regresar a su empleo que los extranjeros, puesto que un 57,14 por ciento de españoles reconoce haber sufrido en alguna ocasión el síndrome postvacacional frente al 48,89 por ciento de extranjeros.


Una dificultad más de la vida

En este contexto, los expertos explican que la depresión es una enfermedad psiquiátrica bien definida que afecta a unos seis millones de españoles y constituye la segunda causa de baja laboral en España, mientras que los síntomas que se presentan tras la vuelta al trabajo, después de las vacaciones, no se corresponden con los de una depresión ni ninguna otra enfermedad.

El presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP) y jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, Jerónimo Saiz, recuerda que "la depresión postvacacional no existe porque no tiene entidad clínica". En su opinión, la vuelta al trabajo después de las vacaciones es simplemente una dificultad más de la vida que requiere adaptarse a una realidad que no siempre concuerda con las expectativas. "Si la depresión se asocia al regreso de las vacaciones es puramente una coincidencia. Aquéllos que la sufren estaban enfermos previamente".

Por su parte, la experta en psicología clínica, Elena Borges, recuerda que no se trata, por tanto, de ninguna enfermedad o síndrome, sino de un proceso emocional normal. "Hay que hacer hincapié en que no es una enfermedad mental que deba ser tratada por un profesional, es simplemente un estado de ánimo que pertenece al curso de la vida", añade. A su juicio, "hay una confusión terrible, el termino depresión postvacacional se ha quedado como un termino coloquial y la verdad es que la depresión es un problema mucho más terrible que sí requiere tratamiento profesional"

Síntomas como irritabilidad, insomnio o ansiedad que se manifiestan tras la vuelta al trabajo después del periodo estival de descanso y depende en gran medida de la satisfacción que se obtiene del trabajo, del regreso a horarios estrictos o del retorno a la rutina, entre otras circunstancias. Además, es más fácil que se produzca en profesiones que tiene que estar en contacto directo con las personas, de cara al público como profesores, comerciales, periodistas, etc.

Sería un sentimiento comparable, advierten los expertos, "al que se produce los lunes para muchos trabajadores, tras dos días de descanso y que, ahora, después de un mayor periodo de descanso, se produce de modo más acentuado". Es, por tanto, un malestar "transitorio y breve" que no requiere de atención médica ni de un tratamiento farmacológico, sino de un enfrentamiento a la realidad y de aceptación de la nueva situación.


Pensamientos positivos

Para Borges, "existe un error de concepto de las vacaciones que sólo nos deben servir para desconectar, gratificarnos y retomar la energía necesaria para seguir con nuestra responsabilidades". Asimismo, considera que es importante "valorar tener un trabajo", sobre todo "ahora que estamos inmersos en una situación de crisis económica considerable". "Se debe entender que el trabajo nos ennoblece, nos aporta sentido de identidad y nos hace sentirnos útiles", advierte la experta, quien aboga, al igual que el doctor Saiz, por ser positivos, pensar en disfrutar y descansar durante el fin de semana.

"Que piensen en todos los que no han podido tomar vacaciones porque no tienen un puesto de trabajo al que reincorporarse. Por otra parte, si las vacaciones no tuvieran límite en el tiempo, dejarían de serlo para convertirse en una situación habitual, que no se percibiría con el aliciente que suscitan los periodos vacacionales breves", añade Saiz.

Así, entre otros consejos recomiendan mantener una actitud positiva, ser realista y dedicar tiempo para el ocio a diario; tomar las riendas de la propia vida; no considerar las vacaciones como la solución a los problemas; no buscar denodadamente la felicidad como obligación durante ese periodo, gozar del tiempo improductivo y aprovecharlo y descansar lo suficiente, pero no estar todo el día durmiendo.

También aconsejan tratar de incorporarse a la rutina laboral de forma paulatina, y, en caso de poder hacerlo, dividir las vacaciones en dos ya que "el ritmo de vida es muy acelerado y el organismo requiere vacaciones de forma secuenciada". Lo más recomendable es disfrutar de 15 días de vacaciones durante los primeros seis meses del año y del resto en el segundo semestre.


Los niños también lo sufren

No sólo los mayores sufrimos la vuelta al día a día, los niños también se encuentran expuestos al síndrome postvacacional ya que "volver al colegio supone un cambio y los cambios siempre se estabilizan cuando se normaliza la situación". En este caso se suelen mostrar más nerviosos o intranquilos.

Ante esta situación, los psicólogos recomiendan conservar la calma y mantener la paciencia con el niño, ya que los niños son como esponjas, y siempre captarán el nerviosismo de sus padres con lo cual seguirán alterados. Por ello, es más común que este trastorno aparezca en menores cuyos padres también sufren estos síntomas.

Entre otros consejos, recuerdan que hay que dialogar con el niño y recordarle todos los aspectos positivos de los que va a disfrutar en el colegio, asimismo señala que positivo para el niño que empiece con las rutinas escolares, tanto horarios, sueño, comidas, estudio, etc., una semana antes de la vuelta al colegio.

De todas maneras, la mayoría de los alumnos se suelen adaptar a la normalidad escolar en una o dos semanas, partiendo del supuesto de que tanto el ambiente escolar como el familiar sean adecuados. Hay algunos alumnos que pueden tardar algo más, pero con éstos hay que tener paciencia y tranquilidad, sin exigirles mucho y ofrecerles algo más de margen de tiempo para recuperar el ritmo, ya que cada niño puede reaccionar de una forma distinta, apunta los expertos.




Fecha de publicación: septiembre 2010

Redacción Saludalia

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