¿Qué es una hernia?
¿Cómo se produce una hernia?
¿Cómo y cuándo sospechar una hernia?
¿Cómo confirmar que tengo una hernia?
¿Cuándo sospechar una complicación de la hernia?
¿Cómo se cura una hernia?
La convalecencia tras una operación de hernia
¿Qué consecuencias puede tener una hernia?
¿Es posible prevenir la aparición de una hernia?

¿Qué es una hernia?
Una hernia de la pared abdominal es el desplazamiento de una víscera del abdomen, revestida de un saco (peritoneo) y de la piel, a través de un orificio normal o anormal de dicha pared. Las que aparecen por orificios anormales, como los que se forman después de una operación, reciben el nombre de hernias incisionales o eventraciones y serán objeto de estudio en otro capítulo. El resto adquieren la denominación del orificio por el que se ponen de manifiesto:

Hernia inguinal inguinal: Orificio inguinal.
Hernia crural o femoral: Orificio crural.
Hernia umbilical umbilical: Ombligo.

Éstas son las realmente frecuentes. Existen otro tipo de hernias no relacionadas con la pared abdominal como las hernias del diafragma, las hernias del hiato esofágico o las hernias internas de las que no vamos a ocuparnos.

Esta enfermedad es peculiar de la especie humana por su posición erecta. Su existencia ya era conocida 1500 años antes de nuestra era y los primeros tratamientos con bragueros o con operaciones muy traumáticas datan de la escuela de Hipócrates. A principios del siglo XIX se produce un importante avance en el conocimiento de la anatomía humana. En 1865 Lister descubre la antisepsia y se llega al final del siglo con las primeras operaciones, con fundamento científico, por las que se intenta devolver las vísceras herniadas al abdomen y cerrar el orificio de salida. A lo largo de todo el siglo XX múltiples operaciones se han desarrollado en busca de un menor número de recidivas. Las grandes implicaciones económicas de las hernias, por su frecuencia y por las bajas laborales que condicionan, han propiciado la búsqueda de técnicas quirúrgicas que tratan de obtener un índice de recaídas mínimo, proporcionar comodidad a los enfermos durante el postoperatorio y acelerar su vuelta a la actividad normal.

¿Cómo se produce una hernia?
La hernia es una de las enfermedades quirúrgicas más frecuentes. Debemos saber que una de cada 30 personas desarrollará una hernia a lo largo de su vida, que las hernias inguinales suponen más de un 5% de todas las operaciones que se practican en cirugía general y que en los Estados Unidos se operan todos los años más de medio millón de casos.

Pueden aparecer en ambos sexos y a cualquier edad. Las inguinales son diez veces más frecuentes en el hombre porque en su desarrollo embriológico la migración del testículo hasta la bolsa escrotal crea un canal cuya debilidad o cierre incorrecto favorece la producción de una hernia. Por esta razón, las hernias que aparecen en el recién nacido tienen su origen en un trastorno en el cierre de este canal inguinal y reciben el nombre de congénitas. Las mujeres por el contrario presentan con mayor frecuencia hernias crurales que son raras en el hombre.
Tras no pocas disquisiciones, se puede decir que las hernias se producen por la concurrencia de:

Factores predisponentes: El mal cierre embrionario de algún orificio o el hábito constitucional asténico, asociado a debilidad de los tejidos de la pared abdominal.
Factores determinantes: El incremento de la presión en el interior del abdomen (estreñimiento crónico, tosedores crónicos, embarazos repetidos, obesidad) o adelgazamientos bruscos que debilitan los orificios naturales de la pared abdominal.

¿Cómo y cuándo sospechar una hernia?
Las dos manifestaciones clínicas más evidentes en un paciente con hernia de la pared abdominal son la presencia de una abultamiento localizado en la ingle para las hernias inguinales y crurales, y en el ombligo para las umbilicales, así como el dolor en la misma localización. En la mayor parte de los casos es el abultamiento el que precede al dolor, instaurándose éste cuando la hernia va creciendo o debido a los esfuerzos físicos. En otros casos todo comienza con una leve molestia en forma de pinchazos en la región correspondiente, que se acentúa con el ejercicio o la tos, para luego aparecer el bulto.

El abultamiento se caracteriza por crecer de manera lenta pero progresiva (las hernias inguinales llegan a ocupar la bolsa escrotal en el hombre), aumentar con la tos y los esfuerzos, disminuir o incluso desaparecer al estar tumbado e incluso producir ruidos intestinales provocados por el intestino que contiene.

¿Cómo confirmar que tengo una hernia?
Debe consultarse con el médico cuando descubramos el dolor o el abultamiento en alguna de las zonas más propensas a las hernias, la ingle o región inguinal y el ombligo. La consulta no debe demorarse por el riesgo de complicaciones que existe. No obstante, el observar mejoría o incluso desaparición de los síntomas al estar tumbado, deberá hacernos sospechar el diagnóstico.
Una vez en la consulta, el médico realiza un interrogatorio en busca de los factores que favorecen la aparición de la hernia. La exploración se lleva a cabo en dos posiciones: primero de pie, invitando al enfermo a hacer esfuerzos (tos, contracción de los músculos abdominales) para desencadenar el dolor o ver el aumento de tamaño del abultamiento; luego tumbado, para ver como desaparecen estos síntomas y para localizar el orificio por el que se produce la hernia.

¿Cuándo sospechar una complicación de la hernia?
El consejo del médico será siempre la operación, a no ser que enfermedades asociadas importantes recomienden prudencia por el elevado riesgo quirúrgico. Según el tipo de hernia y el tamaño del orificio, la posibilidad de complicaciones será mayor o menor. Por lo general las hernias crurales son las que más se estrangulan y cuanto mayor es el orificio, menor es el riesgo de esta complicación. En todo caso, suele aleccionarse al paciente que tiene una hernia ante la posible aparición de complicaciones. Los dos síntomas que nos deben hacer sospecharlas son:

El aumento del dolor en la zona de la hernia, sin notar alivio ni desaparición del abultamiento al tumbarnos en la cama.
La aparición de dolor en el abdomen, en forma de rayadas, con náuseas e incluso llegando al vómito.

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