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¿Qué
es una hernia?
Una hernia de la pared abdominal es el desplazamiento
de una víscera del abdomen, revestida de un saco (peritoneo)
y de la piel, a través de un orificio normal o anormal de
dicha pared. Las que aparecen por orificios anormales, como los
que se forman después de una operación, reciben el
nombre de hernias incisionales o eventraciones y serán objeto
de estudio en otro capítulo. El resto adquieren la denominación
del orificio por el que se ponen de manifiesto:
Éstas son las realmente frecuentes.
Existen otro tipo de hernias no relacionadas con la pared abdominal
como las hernias del diafragma, las hernias del hiato esofágico
o las hernias internas de las que no vamos a ocuparnos.
Esta enfermedad es peculiar de la
especie humana por su posición erecta. Su existencia ya era
conocida 1500 años antes de nuestra era y los primeros tratamientos
con bragueros o con operaciones muy traumáticas datan de
la escuela de Hipócrates. A principios del siglo XIX se produce
un importante avance en el conocimiento de la anatomía humana.
En 1865 Lister descubre la antisepsia y se llega al final del siglo
con las primeras operaciones, con fundamento científico,
por las que se intenta devolver las vísceras herniadas al
abdomen y cerrar el orificio de salida. A lo largo de todo el siglo
XX múltiples operaciones se han desarrollado en busca de
un menor número de recidivas. Las grandes implicaciones económicas
de las hernias, por su frecuencia y por las bajas laborales que
condicionan, han propiciado la búsqueda de técnicas
quirúrgicas que tratan de obtener un índice de recaídas
mínimo, proporcionar comodidad a los enfermos durante el
postoperatorio y acelerar su vuelta a la actividad normal.
¿Cómo
se produce una hernia?
La hernia es una de las enfermedades quirúrgicas
más frecuentes. Debemos saber que una de cada 30 personas
desarrollará una hernia a lo largo de su vida, que las hernias
inguinales suponen más de un 5% de todas las operaciones
que se practican en cirugía general y que en los Estados
Unidos se operan todos los años más de medio millón
de casos.
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Pueden aparecer en ambos sexos y
a cualquier edad. Las inguinales son diez veces más frecuentes
en el hombre porque en su desarrollo embriológico la migración
del testículo hasta la bolsa escrotal crea un canal cuya
debilidad o cierre incorrecto favorece la producción de una
hernia. Por esta razón, las hernias que aparecen en el recién
nacido tienen su origen en un trastorno en el cierre de este canal
inguinal y reciben el nombre de congénitas. Las mujeres por
el contrario presentan con mayor frecuencia hernias crurales que
son raras en el hombre.
Tras no pocas disquisiciones, se puede decir que las hernias se
producen por la concurrencia de:
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Factores
predisponentes: El mal cierre embrionario de algún orificio
o el hábito constitucional asténico, asociado a debilidad de
los tejidos de la pared abdominal.
Factores
determinantes: El incremento de la presión en el interior del
abdomen (estreñimiento crónico, tosedores crónicos, embarazos
repetidos, obesidad) o adelgazamientos bruscos que debilitan
los orificios naturales de la pared abdominal. |

¿Cómo
y cuándo sospechar una hernia?
Las dos manifestaciones clínicas más
evidentes en un paciente con hernia de la pared abdominal son la
presencia de una abultamiento localizado en la ingle para las hernias
inguinales y crurales, y en el ombligo para las umbilicales, así
como el dolor en la misma localización. En la mayor parte
de los casos es el abultamiento el que precede al dolor, instaurándose
éste cuando la hernia va creciendo o debido a los esfuerzos
físicos. En otros casos todo comienza con una leve molestia
en forma de pinchazos en la región correspondiente, que se
acentúa con el ejercicio o la tos, para luego aparecer el
bulto.
El abultamiento se caracteriza por crecer de
manera lenta pero progresiva (las hernias inguinales llegan a ocupar
la bolsa escrotal en el hombre), aumentar con la tos y los esfuerzos,
disminuir o incluso desaparecer al estar tumbado e incluso producir
ruidos intestinales provocados por el intestino que contiene.

¿Cómo
confirmar que tengo una hernia?
Debe consultarse con el médico cuando
descubramos el dolor o el abultamiento en alguna de las zonas más
propensas a las hernias, la ingle o región inguinal y el
ombligo. La consulta no debe demorarse por el riesgo de complicaciones
que existe. No obstante, el observar mejoría o incluso desaparición
de los síntomas al estar tumbado, deberá hacernos
sospechar el diagnóstico.
Una vez en la consulta, el médico realiza un interrogatorio
en busca de los factores que favorecen la aparición de la
hernia. La exploración se lleva a cabo en dos posiciones:
primero de pie, invitando al enfermo a hacer esfuerzos (tos, contracción
de los músculos abdominales) para desencadenar el dolor o
ver el aumento de tamaño del abultamiento; luego tumbado,
para ver como desaparecen estos síntomas y para localizar
el orificio por el que se produce la hernia.

¿Cuándo
sospechar una complicación de la hernia?
El consejo del médico será siempre
la operación, a no ser que enfermedades asociadas importantes
recomienden prudencia por el elevado riesgo quirúrgico. Según
el tipo de hernia y el tamaño del orificio, la posibilidad
de complicaciones será mayor o menor. Por lo general las
hernias crurales son las que más se estrangulan y cuanto
mayor es el orificio, menor es el riesgo de esta complicación.
En todo caso, suele aleccionarse al paciente que tiene una hernia
ante la posible aparición de complicaciones. Los dos síntomas
que nos deben hacer sospecharlas son:
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El
aumento del dolor en la zona de la hernia, sin notar alivio
ni desaparición del abultamiento al tumbarnos en la cama.
La aparición
de dolor en el abdomen, en forma de rayadas, con náuseas e incluso
llegando al vómito. |
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