Criterios de correcto
posicionamiento en sedestación 
La sedestación estable es
uno de los parámetros más importantes a la hora de
prescribir una silla de ruedas. A veces no es fácil conseguirlo
por las especiales características del usuario, ya que la
postura en sedestación es inestable incluso para los no discapacitados
si no se dispone de soportes externos.
La posición de estabilidad
se consigue teniendo la cabeza y el cuello en posición vertical,
las caderas flexionadas 100º, los muslos en ligera abducción
(separación) y los hombros en ligera rotación interna.
Para mantener esta postura es necesario que los brazos y los pies
se apoyen y que la espalda se incline ligeramente hacia atrás.
Muy ligada a la estabilidad aparece
la distribución de presiones en la interfase usuario-asiento
y su importancia para evitar las úlceras por presión.
No existen opciones universales para todos los usuarios en cuanto
a estabilidad pero sí unas recomendaciones generales respecto
a cada una de las estructuras de la silla que intervienen en una
correcta sedestación: el asiento, el respaldo, el reposabrazos,
el reposapiés y el cojín.
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Asiento
Es deseable disponer de un
asiento rígido para evitar que la pelvis se deslice
hacia delante y que las caderas se dispongan en adducción
(aproximación) y rotación interna. El asiento
no debe ser ni demasiado ancho, que propicie inclinaciones
laterales, ni demasiado estrecho que limite la movilidad y
provoque roces.
En general se recomienda dejar un espacio de 1.2-2.5 cm. al
lado de cada trocánter mayor.
La profundidad correcta debe ajustarse a la longitud nalga
- hueco poplíteo menos 5-8 cm., que corresponde a la
holgura necesaria entre el borde anterior del asiento y la
cara posterior de la rodilla para evitar compresión
venosa.
A veces, es necesaria una inclinación
posterior del asiento, de tal forma, que las rodillas se sitúen
a una altura más elevada que las caderas favoreciendo
que la espalda se ajuste contra el respaldo y que la pelvis
permanezca en el extremo posterior del asiento, evitando así
la anteversión pélvica.
Esta modificación se recomienda en casos de personas
con un precario control de tronco (lesiones medulares dorsales
altas o cervicales, parálisis cerebral, distrofias
musculares, etc.).
Respaldo
Al igual que el asiento,
es recomendable un respaldo duro, puesto que el blando tipo
hamaca, condiciona la aparición de cifosis lumbar que
favorece la presencia de deformidades y de dolor. Debe ser
lo suficientemente alto como para proporcionar un apoyo adecuado
y no tan bajo que disminuya la estabilidad y resulte incómodo.
Se recomienda que llegue hasta unos 2.5 cm. por debajo del
borde inferior de la escápula.
La inclinación hacia
atrás del respaldo ayuda a evitar la tendencia a caer
hacia delante. Además, se ha comprobado que aumentando
esa inclinación se reduce el peso soportado por la
superficie corporal apoyada en el asiento, por lo que el ángulo
ideal entre respaldo y asiento es de 100-110º.
Reposabrazos
Los reposabrazos son susceptibles
de numerosas adaptaciones y sirven de apoyo a los brazos en
la posición de reposo. Con ello disminuye la presión
sobre la superficie corporal en contacto con el asiento, mejora
la estabilidad, facilita el hecho de ponerse de pie, si ello
fuera posible, y se facilitan las pulsiones (gesto por el
que una persona impulsándose con las manos en los reposabrazos
se incorpora del asiento aliviando, de esta forma, la presión
sufrida por la parte inferior de las nalgas y muslos). La
altura ideal es de 2.5 cm. mayor que la altura del codo. Cuando
los reposabrazos son demasiado bajos el usuario se inclina
para obtener algún soporte, mientras que si son demasiado
altos aparece dolor en hombros y cuello, al mantener los hombros
elevados continuamente.
Reposapiés
Su función es servir
de soporte a los pies para que no rocen en el suelo ni cuelguen
sin control. La correcta situación de los reposapiés
aumenta la estabilidad al evitar el deslizamiento hacia delante
y facilita la recuperación de la postura estable si
se había perdido. Además, su altura influye
una vez más en la distribución de presiones
sobre las nalgas y la cara inferior de los muslos. Normalmente
todas las sillas llevan reposapiés ajustable en altura
para conseguir un apoyo completo de la planta del pie quedando
el tobillo en posición neutra, en la que el pie forma
un ángulo de 90º con la pierna.
Cojines
A pesar de ser un elemento
independiente, el cojín se considera un componente
más del asiento, y su selección se incluye
en el proceso de selección de una silla de ruedas.
Entre sus funciones destacan dos: contribuir a la estabilidad
y mejorar a la distribución de presiones en el asiento,
previniendo así las úlceras por presión,
aunque no existe cojín que por sí sólo
prevenga la aparición de estas lesiones.
La elección del
cojín ha de ser individualizada. Se pueden diferenciar
cuatro grandes grupos de cojines: espuma, flotación,
híbridos y de presión alternante. La adaptación
incorrecta o la falta de mantenimiento del cojín
puede provocar problemas. Así, un cojín demasiado
alto modifica la postura del usuario en relación
con el respaldo, reposabrazos y reposapiés con las
consecuencias ya señaladas.
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Elementos que intervienen en la
propulsión
En ocasiones es difícil
conjugar el binomio estabilidad-propulsión, puesto que si
modificamos determinados parámetros de una silla buscando
una mayor estabilidad, en algunos casos, puede ser a costa de perder
eficacia en la propulsión. Los elementos más destacados
que intervienen en la propulsión en el caso de las sillas
de propulsión manual son: el chasis, las ruedas y los aros
propulsores.
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Chasis
El chasis constituye el elemento
básico de la silla que proporciona la base sobre la
que se fija el soporte corporal, las ruedas y, en las sillas
motorizadas, ciertos componentes eléctricos. Evidentemente,
influye de manera determinante en la estabilidad porque de
sus características van a depender todas las estructuras
citadas en el apartado anterior. Pero no es menor su importancia
en la propulsión, ya que la posibilidad que ofrecen
algunos de variar el eje de las ruedas traseras va a traer
consecuencias en la eficacia del desplazamiento. Si desplazamos
el eje trasero hacia delante facilitamos la propulsión
y la maniobrabilidad del usuario pero comprometemos seriamente
la estabilidad hacia atrás. Si lo desplazamos hacia
atrás obtendremos el efecto contrario. Otra posibilidad
es la de modificar el ángulo de caída de las
ruedas propulsoras, de forma que no caigan perpendiculares
al suelo sino con una cierta inclinación lateral y
hacia abajo. Con esto conseguimos una mayor estabilidad lateral,
una mayor protección de las manos del usuario frente
a roces al propulsar y un aumento de la eficacia de la propulsión.
Lógicamente, la altura a la que se sitúe el
eje de las ruedas traseras va a influir en la posición
de todo el miembro superior en el momento de impulsar la rueda.
Ruedas
Las sillas de ruedas poseen,
normalmente, dos ruedas en el eje trasero (en las estándar
suelen ser las más grandes) y otras dos en el eje delantero
(suelen ser giratorias en las estándar). Cuanto mayor
sea el diámetro de las propulsoras menor será
la resistencia a la rodadura y mejorará la posibilidad
de superar obstáculos.
Respecto al material de las
ruedas, las neumáticas se adaptan mejor a superficies
irregulares y amortiguan mejor los impactos. Las macizas deslizan
más fácilmente pero no tienen capacidad de absorber
los impactos, por lo que su uso se recomienda para espacios
cerrados, en interiores.
Aros
propulsores
Van solidarios a las ruedas
propulsoras, generalmente, las traseras. Debe quedar espacio
libre suficiente entre rueda y aro para que quepan los dedos
sin problemas. Es importante que el agarre sea firme y que
la mano no resbale al realizar la propulsión.
Existe la posibilidad de realizar
adaptaciones para las personas que tengan disminuida la fuerza
en las manos Se pueden instalar, por ejemplo, una serie de
prolongaciones perpendiculares al aro para permitir que la
persona los empuje en lugar de tener que agarrar el aro.
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