¿Qué es la anemia?
¿Cuándo se considera anemia en el anciano?
¿Es la anemia fisiológica en el anciano?
¿Cómo se manifiesta la anemia en el anciano?
¿Cómo diagnosticar una anemia en el anciano?


¿Qué es la anemia?
La anemia es el trastorno hematológico más frecuente en el anciano. Llegándose a estimar una frecuencia en torno al 30% en pacientes ambulatorios, y superior al 50% en pacientes ingresados, según algunos estudios.

La anemia es la disminución de la cantidad de glóbulos rojos, de la hemoglobina contenida en ellos o de ambas cosas a la vez. Fisiológicamente, la anemia puede definirse como la disminución de la capacidad de trasporte de oxígeno de la sangre según se refleja de la concentración de la hemoglobina.

 

¿Cuándo se considera anemia en el anciano?
Se sabe que, los niveles de hemoglobina disminuyen en el hombre a partir de los 70 años; mientras que en la mujer en cambio, los valores se incrementan a partir de la menopausia, al desaparecer las pérdidas menstruales, igualándose en ambos sexos a partir de los 70 años.

Con todo, se considera, al igual que en los adultos jóvenes los criterios de la Organización Mundial de la Salud, para establecer el diagnóstico. De forma que, "cifras de hemoglobina inferiores a 13 gr/dl en varones o 12 gr/dl en mujeres ancianas, indican anemia.

Estos criterios, son válidos siempre que se hayan tenido en cuenta, aquellos factores que puedan alterar de forma espúrea la concentración de hemoglobina circulante, como en el caso de los diuréticos o el reposo prolongado en cama que pueden disminuirla, o los betabloqueantes que pueden aumentarla.

 

¿Es la anemia fisiológica en el anciano?
Según los estudios realizados, existen muy pocas anomalías sanguíneas atribuibles exclusivamente al proceso fisiológico del envejecimiento. Así, existe una disminución en la reserva de las células madre sanguíneas, aunque siempre son relativamente jóvenes debido a su rápido reciclaje. Hay una menor producción de factores de crecimiento, y una menor sensibilidad de las células madre a esos factores, junto con alteraciones microambientales.

Aún con estos cambios, si no se añade un estrés adicional, se puede concluir que la edad por sí sola no es causa de anemia en el anciano, y nunca debe considerarse como un proceso asociado al envejecimiento.

 

¿Cómo se manifiesta la anemia en el anciano?
En general, la sintomatología del síndrome anémico en el anciano es similar a la que presenta el adulto joven, con algunas consideraciones muy importantes, como son:

Que hay que tener en cuenta que el grado de anemia que se precisa para que se haga sintomática va a depender, de la velocidad de instauración de la anemia, de su severidad, y del estado previo del paciente, con o sin enfermedades subyacentes.
 
En un individuo por otra parte sano, los síntomas aparecen cuando la hemoglobina cae por debajo de 7 u 8 gr/dl.
La anemia aguda conlleva los síntomas pero de forma más florida, con tendencia al colapso o shock: palidez intensa, piel fría y húmeda, hipotensión, taquicardia, vértigo o desmayo al pasar de sentado o acostado a la posición erecta, sensación de sed, etc.
Mientras que en la anemia crónica, la clínica puede pasar desapercibida, ser atribuida a otras patologías o incluso ser erróneamente atribuida a la edad.
En individuos con restricción importante de la actividad física, los síntomas pueden no aparecer hasta que la hemoglobina disminuya un 50%.

Que la anemia puede manifestarse en el anciano con rasgos peculiares:
 
Enmascarada con la descompensación de una patología subyacente al disminuir su capacidad de adaptación a la anemia, como en pacientes con enfermedades cardiorespiratorias, se puede precipitar o exacerbar una insuficiencia cardiaca congestiva, una hipotensión ortostática, una angina, una claudicación intermitente.
Atípica: con la aparición de Síndromes geriátricos como caídas, síndrome confusional agudo, deterioro funcional con pérdida de actividades de la vida diaria, aislamiento social; o bien con la aparición de síntomas no específicos como síncopes, apatía, falta de concentración.

Los principales síntomas por los que un anciano ha de consultar por ser característicos de anemia, son:
  Palidez cutáneo-mucosa: siendo por los cambios cutáneos asociados al envejecimiento, más útil valorar la coloración de la conjuntiva ocular.
Astenia y fatigabilidad muscular precoz y progresiva, haciéndose cada vez más acusada ante esfuerzos menores.
Manifestaciones cardiovasculares:son frecuentes las palpitaciones, disnea, y dolores anginosos, descontrol de la frecuencia cardiaca en fibrilaciones auriculares previamente estables. A mayor grado de anemia, más rapidez de instauración o patología cardiaca subyacente, más posibilidades de que aparezca un cuadro de Insuficiencia cardiaca o coronaria.
  Trastornos neuropsiquiátricos: son frecuentes la irritabilidad, somnolencia, síntomas depresivos, pérdida de memoria. También puede ocasionar, cuadros confusionales agudos, síndromes vertiginosos, alteraciones visuales y de la conducta, dificultad para conciliar el sueño, dificultad en la marcha, marcha vacilante, entumecimiento u hormigueo de manos y pies.
Trastornos gastrointestinales: pérdida de apetito, náuseas, dolor epigástrico, cambios en el hábito intestinal con estreñimiento o diarrea, que suelen depender de las enfermedades asociadas. También llagas en la comisura de la boca, sensación de quemazón en la lengua, alteraciones del gusto y disfagia. Heces negras alquitranadas y pegajosas o sangre roja en las heces, que indican sangrado digestivo.

Existen otros síntomas y signos específicos que habrá que buscar, en función de la causa que determine la anemia en el anciano.

 

¿Cómo diagnosticar una anemia en el anciano?
Aunque es frecuente que los ancianos no expresen quejas somáticas y se dificulte y retrase el diagnóstico, cuando en un anciano se sospeche a través de la clínica que puede presentar anemia, se debe siempre buscar el origen de la misma, incluso en anemias leves en ancianos aparentemente sanos. Siempre sin olvidar que dada la complejidad de los problemas de los ancianos, la agresividad o exhaustividad de las pruebas diagnósticas para conocer su origen, deberá basarse en el sentido común, en una valoración individual del anciano, en su estado funcional basal previo y, tras corregir la anemia, en las causas de la misma y las posibilidades terapéuticas. Ya que lo que se pretende es mejorar la calidad de vida del anciano con anemia.

Además de la historia clínica completa y exploración física detallada, con las cuales es fundamental descartar situaciones de peligro, como pérdidas de sangre agudas, y que necesiten un tratamiento inmediato, la única manera de diagnosticar una anemia con certeza es realizando un análisis de sangre.

En el examen de esa muestra de sangre se determina el hemograma, en el cual mediante los recuentos de una serie de parámetros sanguíneos, permitirá a su médico, saber si usted padece anemia, si están alteradas el resto de las series sanguíneas como plaquetas o leucocitos, y clasificar los distintos tipos de anemias y por consiguiente averiguar la causa de la misma. También se analizará una extensión de sangre periférica para confirmar los hallazgos del hemograma y el Indice reticulocitario como indicador de la producción de las células rojas en la médula ósea.

A partir de aquí, su médico de familia o el geriatra individualizará, atendiendo a las características de ese anciano con anemia, las pruebas diagnósticas a realizar con el objetivo de buscar su origen, como son, niveles séricos de vitamina B12 y fólico si se sospecha Anemia Megaloblástica. Valorando remitirle al hematólogo, para realizar un estudio de Médula ósea mediante aspiración, biopsia o ambos, en el caso de anemia refractaria al tratamiento o sin diagnostico claro, o con citopenias asociadas.

 

Fecha de publicación: Diciembre 2000

Dra. Cristina Castro Cristóbal
Especialista en Geriatría
Hospital de Getafe

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