Dentro de las enfermedades respiratorias
podemos destacar, las siguientes: Enfermedad Pulmonar Obstructiva
Crónica (EPOC) (ver documento relacionado),
Asma Bronquial, Infecciones Respiratorias.
Asma Bronquial
¿
Cuáles son sus características principales?
La prevalencia del asma en los ancianos se sitúa entre el 6.5
y el 17 %. El asma es una enfermedad crónica de las vías respiratorias,
que se caracteriza por episodios de obstrucción generalizada y
variable de las mismas, reversible de forma espontánea o con tratamiento,
y que se caracteriza por la hiperreactividad bronquial frente
a diferentes estímulos. Los factores que contribuyen a la etiología
son heterogéneos, desde disregulación del sistema inmune, factores
genéticos, factores neuro-humorales, factores infecciosos y factores
ambientales, como el tabaco.
¿
Cómo se diagnostica?
Se
caracteriza por 4 síntomas fundamentales: disnea espiratoria,
sibilancias, tos seca o productiva y opresión torácica. Estos
son de naturaleza variable y episódica, con intensidad y duración
diferente en cada anciano. Algunos ancianos presentan síntomas
larvados, equivalentes asmáticos, con lo que se puede confundir
con otros procesos.
Su diagnóstico
se basa en la historia clínica, exploración física y las pruebas
de función respiratoria.
Es necesario
conocer las características de esas crisis y sus precipitantes
como infecciones, fármacos, supresión brusca o rápida de corticoterapia.
También es
fundamental establecer la gravedad de esa crisis, gracias a la
frecuencia e intensidad de los síntomas y la determinación del
pico flujo. La gasometría sirve para confirmar una insuficiencia
respiratoria grave que obligue a ventilación asistida. Mientras
que la radiografía de tórax, el hemograma y la bioquímica sirven
para descartar complicaciones u otras patologías, como una neumonía.
¿
Cuál es su tratamiento?
El
tratamiento debe ser continuado, ya que el asma no controlado
causa una morbilidad significativa, altera la calidad de vida
y puede causar un deterioro agudo que podría incluso producir
la muerte. Se basa en medidas generales, como eliminar los posibles
desencadenantes, y en el tratamiento sintomático con B2 agonistas
y corticoesteroides. Siendo importante una buena educación sanitaria
que asegure un correcto cumplimiento del tratamiento, siempre
bajo el control de su médico.
Infecciones Respiratorias
Gripe:
Es una patología aguda muy contagiosa, causada por virus Influenza
A, B o C. Suele ocurrir en forma de epidemias fundamentalmente
por virus A. Presentando mayor gravedad los ancianos. La puerta
de entrada es respiratoria, comenzando bruscamente tras un periodo
corto de incubación con escalofrío, fiebre elevada, tos, cefaleas,
dolores musculares, lagrimeo, fotofobia y obstrucción nasal. En
la mayoría de los casos mejora en una o dos semanas, pero en otros
puede evolucionar a una neumonía viral, que ocasionalmente se
complicará con una sobreinfección bacteriana, aumentando así la
tasa de mortalidad.
La prevención se basa en la vacunación antigripal anual entre
los meses de septiembre y octubre, que se repetirá un mes después
en ancianos con riesgos elevados. Su tratamiento es sintomático,
no debiendo utilizarse antibióticos en la gripe no complicada.
Bronquitis
aguda :
Es un proceso inflamatorio agudo que afecta principalmente a tráquea
y bronquios, fundamentalmente causada por virus. En un 10% de
los casos es por bacterias. El mecanismo de transmisión es de
persona a persona por microgotas. Suele cursar con fiebre, obstrucción
nasal, con rinorrea y dolor faringeo. Coincidentemente o a los
3-4 días, aparece el síntoma más frecuente, una tos intensa y
mantenida, junto con expectoración mucosa o mucopurulenta y dolor
retroesternal que aumenta con la tos y respiración. Pueden
existir fiebre, mialgias y cefalea. El
curso es autolimitado con una duración máxima de 2 semanas, aunque
puede persistir tos seca hasta 4 semanas. La aparición de disnea
rara.
En ancianos puede suponer la descompensación de enfermedades cardíacas
o pulmonares asintomáticas hasta ese momento.
Su tratamiento es sintomático, con aumento de la
hidratación, analgésicos, antitérmicos y antitusígenos.
Si el esputo se vuelve purulento
y/o la tos o fiebre persiste de forma intensa 4-5 días de iniciado
el cuadro su médico le indicará un antibiótico. En cambio si persiste
la clínica más allá de la duración esperada su médico descartará
otros procesos.
Tuberculosis
pulmonar :
La infección por Mycobacterium Tuberculosis
sigue siendo un problema de salud pública. Aproximadamente el
25-30 % de todos los casos aparece en personas mayores de 60 años.
La tasa de infección en personas mayores de 65 años es de alrededor
20.6 casos por 100.000 habitantes. Justo 4 veces más proclives
a padecerla que los jóvenes, multiplicándose por 12 en caso de
ancianos institucionalizados.
Aunque la propia inmunosenectud
(envejecimiento del sistema de defensa) convierte a los ancianos
sanos en población de riesgo existen otros factores predisponentes
como la diabetes mellitus, el alcoholismo, la gastrectomía, la
malnutrición, las neoplasias o el tratamiento con corticoides
prolongados.
Globalmente se considera,
que entre 8-12 % de los ancianos infectados desarrollará la enfermedad
tuberculosa con un periodo medio de 24 meses. Estimándose que
la mayoría de las tuberculosis en ancianos, se produce por reactivación
de lesiones latentes, cuya infección fue adquirida en la juventud.
La vía de transmisión suele ser aérea, siendo el pulmón el órgano
afectado en el 85% de los casos, aunque las personas mayores son
frecuentes las forma extrapulmonares o diseminadas.
Una característica predominante
es la inespecificidad de los signos y síntomas, conociéndose como
la gran simuladora. Puede presentarse de forma atípica con caídas,
deterioros funcionales y cognitivos, cansancio crónico, fiebre
de origen desconocido, confusión.
Aunque la forma de presentación
más frecuente es un síndrome constitucional. Por lo cual es frecuente
el retraso en el diagnóstico.
Las
pruebas de laboratorio y la radiología pueden ser equívocas, por
lo que el diagnóstico se basa en la demostración en el esputo
y posterior crecimiento en cultivo del bacilo.
La prueba de Mantoux o tuberculina
es un test complementario, que no indica forzosamente que existe
enfermedad tuberculosa ya que la reactividad disminuye con la
edad, sirviendo para identificar a los individuos con mayor riesgo
de reactivación de la enfermedad y reconocer aquellos que tras
un contacto sufren una conversión y por tanto tienen mayor riesgo
de desarrollar la enfermedad.
Por último ante un paciente en
el que se sospecha una tuberculosis debe iniciarse el tratamiento
sin demora. El tratamiento en el anciano es igual que en jóvenes,
aunque su médico indicará la pauta más adecuada a sus condiciones,
para asegurar un perfecto cumplimiento.
De igual forma la prevención es
muy importante, sobre todo en ancianos institucionalizados, estando
indicada en sujetos Mantoux positivos y con factores de ,
así como, en pacientes con seroconversión, una vez descartada
enfermedad activa.