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Cambios en
los órganos de los sentidos

Cambios en el aparato circulatorio

Cambios en el aparato respiratorio
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Los
cambios estructurales que ocurren en el aparato respiratorio
con un tórax más rígido y menos móvil y una disminución de la
elasticidad pulmonar conducen a una disminución de la capacidad
vital, del volumen de reserva respiratorio con un aumento del
volumen residual que no se moviliza en el pulmón |

Cambios en el aparato digestivo
Además de alteraciones en la dentadura
y la masticación, los cambios más importantes en este
sistema se refieren a dos aspectos:
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En
primer lugar, la reducción de su función motora que lleva en
el estómago a un retraso en el vaciamiento y en el intestino
a una tendencia al estreñimiento.
Se
produce disminución de la secreción gástrica que dificulta la
absorción de algunos elementos. También se secretan en menor
medida algunas hormonas gastrointestinales. |

Cambios en el riñón

Cambios en el sistema endocrino
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En
general hay mucha variabilidad de comportamiento de unas hormonas
a otras. Es destacable la disminución de la tolerancia a la
glucosa con una menor sensibilidad a una secreción de insulina
que es normal. Este fenómeno se atribuye a una mayor resistencia
periférica a su acción en los tejidos contribuyendo a la intolerancia
al azúcar y a una mayor frecuencia de diabéticos entre los mayores. |

Cambios en el sistema inmunitario
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El
sistema inmunitario sufre cambios que tienden a disminuir su
poder defensivo frente a las infecciones y tumores. Con la edad
involuciona el timo y se producen alteraciones en las poblaciones
de linfocitos y en la respuesta con anticuerpos.
Además
de en su papel de defensa, se altera su capacidad de reconocer
lo extraño produciéndose respuestas contra lo propio favoreciendo
el desarrollo de enfermedades autoinmunes. |

Cambios en el sistema nervioso
nervioso
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 Es
muy difícil separar lo que es el envejecimiento normal del patológico
en el sistema nervioso en concreto en el envejecimiento del
cerebro. Muchas de las alteraciones patológicas que se observan
al microscopio en enfermedades como la enfermedad de Alzheimer
o la enfermedad de Parkinson se observan en el cerebro normal.
La diferencia en muchos casos es sólo cuantitativa en cuanto
al número de estas alteraciones. El cerebro con el envejecimiento
sufre una atrofia con disminución del peso, aumento de los surcos
entre circunvoluciones y un aumento de las cavidades del interior.
Existe desde la infancia una pérdida de neuronas que se compensa
con un aumento de conexiones entre ellas. Existen así mismo
cambios en los neurotransmisores producidos en el sistema nervioso
central.
Todos
estos cambios producidos en el envejecer del sistema nervioso
se traducen en que el anciano tenga una disminución de la sensibilidad
del tacto, vibraciones y discriminación. A nivel motor se altera
la capacidad de coordinación y de control muscular dando lugar
a un enlentecimiento psicomotor.
La
velocidad de conducción de nervios periféricos es menor con
una disminución de los reflejos. |

¿Cuáles
son los cambios en nuestra mente?
En el aspecto cognitivo existe un enlentecimiento
global de las funciones mentales. Existe así mismo una pérdida
de memoria reciente o a corto plazo. Existe también una disminución
en la capacidad de aprendizaje fundamentalmente relacionada con
trastornos de memoria de fijación, que es la que almacena
la información. Está conservada la memoria de evocación.
La inteligencia no se altera en cuanto al cociente intelectual aunque
parece disminuida la inteligencia reciente innata conservándose
la inteligencia a largo plazo adquirida.
Respecto a cambios psicológicos
no hay una modificación global de la personalidad asociada
con el envejecimiento. No obstante parece que en esta etapa de la
vida son más frecuentes la presencia de rasgos paranoides
y quejas hipocondríacas. Personalidades frágiles e
inmaduras pueden sin embargo tolerar mal las pérdidas asociadas
a la edad pudiendo provocar cuadros depresivos o maniáticos.
En resumen todos estos cambios fisiológicos pueden resumirse
en que el envejecimiento no es una enfermedad por si mismo, si bien
suponen una disminución de la capacidad de respuesta y de
reserva del organismo ante situaciones de agresión que pueden
suponer una mayor vulnerabilidad ante la enfermedad.
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