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 Fiebre:
la fiebre en sí misma puede provocar vómitos en los niños
pequeños, como manifestación del malestar que acompaña a muchas
de las infecciones habituales a estas edades (otitis, amigdalitis,
catarros, infecciones producidas por virus). Si los vómitos
y la fiebre son importantes, es preciso consultar al pediatra,
ya que puede tratarse de otras infecciones de mayor trascendencia:
meningitis, neumonías, infecciones de orina.
Diarrea:
cuando un niño asocia vómitos, fiebre, diarrea y dolor en
el abdomen como retortijones, la causa más probable será una
gastroenteritis aguda (GEA).
 Dolor
abdominal: cuando este dolor es tipo retortijón (intermitente,
de aparición brusca y muy intensa, y de localización generalizada
o cambiante por el abdomen) habitualmente la causa son cólicos.
Los más frecuentes en la infancia son los intestinales, causados
por una GEA, por una intoxicación alimentaria o una acumulación
de gases. Si el dolor, por el contrario, aunque no tan intenso,
es progresivo, constante, y tiende a localizarse en la zona
próxima a la ingle derecha, habrá que pensar en una apendicitis
aguda.
Más raros en la infancia son los cólicos
renales, que se suelen acompañar de dolor en la zona lumbar
(zona baja de la espalda) y molestias al orinar.
Dolor
de cabeza: las causas del dolor de cabeza también pueden ser
diversas. Si se acompaña de fiebre, ésta, por si misma, puede
ser la causante del dolor de cabeza y de los vómitos. Muchos
niños, con la subida de la fiebre tienen dolor de cabeza y
también dolor y cierta rigidez de los músculos del cuello,
que mejoran o desaparecen al bajar la temperatura. Si por
el contrario, persiste con cefalea importante, especialmente
si es en la nuca, y se acompaña de vómitos frecuentes habrá
que pensar en una meningitis. La mayoría de estas infecciones
son producidas por virus, y no requerirán ningún tratamiento
especial: suelen tener dolor de cabeza importante y vómitos,
pero con poca fiebre (habitualmente menor de 38ºC) y con períodos
en los que el niño se encuentra mejor. A pesar de que hoy
en día la frecuencia de Meningitis Bacteriana cada vez es
menor, ante la presencia de estos síntomas hay que acudir
al pediatra para despejar las dudas.
Los niños pueden tener jaqueca desde edades
muy tempranas y habitualmente asocian vómitos con el inicio
del dolor de cabeza. Suelen tener episodios similares previos
y antecedentes familiares de jaqueca, siendo frecuente que
les moleste la luz y los ruidos, y que busquen un sitio tranquilo
para dormir, remitiendo los síntomas entre las 2 y 72 horas.
Si el dolor de cabeza es diario, dura más de 2-3 semanas,
despierta por las noches y los vómitos son de predominio matutinos,
debe acudir a su pediatra para valoración.
 Toma
de medicamentos: muchos medicamentos pueden originar vómitos
y otros síntomas digestivos: antibióticos, ácido-acetilsalicílico,
paracetamol, teofilina, prednisona, hierro...Habitualmente son
síntomas leves y transitorios. Si son importantes y persistentes
deben consultar con su pediatra para valorar su sustitución.
Antecedentes
de vómitos frecuentes: son niños que desde siempre vomitan
con facilidad, sobre todo relacionado con cambios de postura,
tos, eliminación de gases, sin realizar apenas esfuerzo. Aunque
habitualmente no ocasione problemas importantes debe comunicárselo
a su pediatra para su valoración y tratamiento oportuno.
Aliento
fuerte a "acetona": o a "manzanas ácidas". Son los llamados
"vómitos cetonémicos". Ante situaciones de fiebre, ayuno o
vómitos, los niños fabrican acetona con frecuencia para responder
a esas situaciones. La acetona es capaz por sí misma de producir
más vómitos, por lo que aveces se entra en un círculo vicioso.
La forma de detener dicha producción de acetona es administrando
líquidos y alimentos azucarados.
Decaimiento,
palidez y sudor frío: estos síntomas son frecuentes después
de vomitar con mucho esfuerzo, y si se acompaña de fuertes
dolores intestinales. Si apreciamos estos síntomas de forma
intermitente pero progresiva, en niños entre 6 meses y 2 años
debemos acudir con prontitud a un pediatra para descartar
que nuestro hijo esté empezando a desarrollar un problema
intestinal más grave.
 En
un niño alrededor de 3 semanas de edad: que bruscamente empieza
a tener vómitos "a chorro", expulsados con fuerza, de gran
volumen, constantes y progresivos tras todas las tomas (que
realiza con gran apetito y ansia) es precisa la consulta al
pediatra ya que puede presentar algún problema de los mecanismos
de tránsito de la leche por el estómago.
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