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¿Qué lesiones
originan los efectos radiactivos?
Para la ejecución de sus funciones, se establecen
cinco servicios operativos de sanidad:
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Lesiones
en el sistema nervioso central. Consisten en disminución del
nivel de consciencia, náuseas y vómitos por acción sobre el
centro neurológico del vómito (vómitos de origen central,
caracterizados por producirse en "escopetazo" o "a chorro";
muy difíciles de tratar), incoordinación motora, convulsiones
e incluso la muerte en pocos días. Se produce con radiaciones
superiores a 5000 rad (unidad de radiación absorbida por el
organismo). Lo único que podemos hacer es suministrar sustancias
antieméticas para disminuir los vómitos, y sedantes.
Lesiones
gastrointestinales. Con dosis de radiación de 1000 a 5000
rad se producen náuseas, vómitos intensos y después diarreas
hemorrágicas, con fiebre elevada. El tratamiento consiste
en aliviar el dolor, la fiebre y reponer líquidos en gotero.
Aún así el periodo de supervivencia es corto.
Lesiones sanguíneas. Se
producen lesiones a nivel de la formación de células sanguíneas
por la médula ósea. Con dosis inferiores a 300 rad el pronóstico
es bueno y el paciente suele recuperarse totalmente. Con dosis
superiores a los 1000 rad el paciente fallece. Por encima
de los 300 rad aparecen de forma consecutiva los siguientes
síntomas:
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Durante
los 2-3 primeros días el paciente presenta cansancio, pérdida
del apetito, náuseas, vómitos y dolor de cabeza.
Posteriormente,
y hasta la 3ª semana, se acentúa el cansancio y comienza a caerse
el pelo.
A
partir de la 3ª semana se produce una brusca disminución en
la producción de células sanguíneas: glóbulos rojos o hematíes
(se acentuará la anemia y el cansancio del paciente), glóbulos
blancos o leucocitos (son las células que nos defienden de la
infección, por lo que se producirá fiebre y cuadro infeccioso
grave) y plaquetas (responsables de la formación de los coágulos,
por lo que se producirán hemorragias intensas).
Hacia
la 5ª-6ª semana, y si el paciente no ha fallecido por las complicaciones,
la médula ósea comienza a regenerarse y el paciente se encuentra
cada vez mejor hasta la total recuperación. |
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Lesiones
cardiocirculatorias. Se produce hipotensión arterial y aumento
del tamaño del corazón por alteración de las válvulas aurículo-ventriculares.
Lesiones renales. Con hemorragias
internas y destrucción.
Alteraciones tardías de
la radiación. Según investigación sobre cien mil personas irradiadas
en Japón, tenemos: |
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Aumento
continuo de la frecuencia de leucemia.
Aumento
del cáncer de tiroides.
Aumento
de la mortalidad y frecuencia de otros tumores como los linfomas.
Alteraciones
fetales por malformaciones. |

¿Qué hay
que hacer ante un posible ataque militar?
En
el caso de declararse una guerra nuclear, no habría una forma eficaz
de protección, y la única defensa posible estaría en situarse lo
más lejos posible de la explosión. En este sentido, evitaremos los
posibles objetivos militares (aeropuertos, centrales nucleares,
puertos, complejos industriales, bases militares, etc.) y buscaremos
zonas rurales alejadas o zonas de veraneo.
En una ciudad, una bomba atómica
puede matar a 50.000 personas o más, según la potencia y el grado
de dispersión; si las personas están instruidas podrán salvarse
unas 10.000. Para ello, es necesario contar con planes de defensa
a gran escala, montar refugios llenos de víveres y pantallas con
elementos de protección.:
Como medidas preventivas estaremos
atentos a las recomendaciones de los medios de comunicación, radio
y televisión. Nos situaremos en la planta más baja del edificio
(sótano o garaje), en las zonas más protegidas, y bloqueando todas
las puertas y ventanas. Será necesario disponer de agua almacenada,
alimentos para varios días (ricos en vitamina P que aumenta la resistencia
vascular y previene las hemorragias; un ejemplo son los limones)
y linternas, velas o cerillas.
Si la explosión es inminente,
buscaremos rápidamente refugio (a ser posible en un túnel subterráneo,
garaje o el metro). Evitaremos siempre alojarnos en edificios modernos
con grandes ventanales, que no protegerían contra la onda expansiva
ni la onda de calor. Los refugios subterráneos ideales deberían
tener reforzamiento de cemento o metal para proteger de los rayos
gamma, muy penetrantes. También deberían contar con cierre hermético
de puertas blindadas, varias salidas y aire acondicionado.
Si la explosión se produce,
nos lanzaremos rápidamente al suelo "boca abajo", sin mirar al hongo
atómico ni al destello que se produce, y cubriéndonos la cabeza
con los brazos. A ser posible, ocultaremos las manos entre las mangas
o presionándolas contra la zona de las orejas (evitando así el peligro
de quemaduras y amputaciones). Permaneceremos en dicha posición
hasta que haya pasado la onda de calor (por lo menos 3 minutos).

¿Cuál es el tratamiento
que recibirán los supervivientes?
Más
allá de los 15 Km existe la posibilidad de encontrar supervivientes,
aunque con lesiones importantes y quemaduras, que requieren un tratamiento
de descontaminación. Para penetrar en la zona siniestrada, los equipos
médicos y de rescate llevarán máscaras respiratorias y trajes adecuados
de plástico. Se evitará movilizar escombros y levantar polvo, pues
todo está contaminado.
La técnica de descontaminación
más inmediata será el lavado completo del cuerpo y la incineración
y destrucción de toda la ropa. El lavado con agua y jabón bajo ducha
(rápido y al menos en 5 ocasiones) es útil para descontaminar la
piel, aunque no sirve para descontaminar los pulmones, el tiroides
y los huesos. Para la descontaminación interna inyectamos agua pesada
o sales de cadmio, las cuales evitarán que la destrucción celular
se extienda.
Para prevenir las infecciones,
administraremos dosis potentes de antibióticos. Para prevenir las
hemorragias, utilizaremos antihemorrágicos y transfusiones sanguíneas.
También intentaremos estimular la médula ósea con extractos del
hígado y ácido fólic
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