En los niños son frecuentes las convulsiones por distintas causas:
- Hipertermia o fiebre elevada.
- Infección: Meningitis, encefalitis, otitis...
- Alteraciones metabólicas: hipocalcemias, hipoglucemias, falta de vitaminas...
- Convulsiones debidas al dolor y las emociones.
- Espasmos por sollozo: Antes de la convulsión hay cianosis; el niño se pone primero pálido y luego azul.
Casi todas ellas, salvo las debidas a epilepsia, suelen desaparecer hacia los tres años de edad. La atención al niño con convulsiones es en líneas generales igual que en el adulto; en los casos en los que sean debidos a fiebre muy elevada, deberemos bajar la temperatura con paños de agua fría en la cabeza, friccionando con alcohol el pecho y los miembros. En el espasmo del sollozo, soplarle en la boca, subirlo y bajarlo cogiéndolo por los brazos; saber que este es un proceso banal.