La mayoría de las veces, la enfermedad debuta en las primeras etapas de la vida. En casi el 50% de los casos, el pico de inicio se localiza por debajo de los 10 años de edad y, por lo general, los síntomas suelen aparecer antes de cumplir los 2 años
El niño nacido prematuro, el tipo de alimentación, vivir en un ambiente de fumadores y los niveles de contaminación atmosférica, son algunos de los factores relacionados con el asma durante la infancia.
Siempre tenemos que relacionar el hecho de un niño con tos crónica, con la posibilidad de desarrollar asma. Pero también debemos conocer que no todo niño con pitidos en el pecho acabará siendo asmático. Un gran porcentaje de ellos tiene síntomas durante los primeros años, debido sobre todo a infecciones virales del tracto respiratorio y la clínica suele desaparecer a medida que van creciendo.
En otros casos, los episodios de pitidos al respirar aparecen algo más tarde y tienden a durar más tiempo. Este grupo se caracteriza por padecer además lesiones cutáneas que se descaman, cifras elevadas en un análisis de una partícula de la sangre relacionada con la inmunidad, y una historia materna de asma y tabaquismo.
Con el comienzo de la vida adulta, una gran proporción de individuos asmáticos mejoran espontáneamente o se encuentran sin síntomas. La probabilidad de que el asma continúe se relaciona con la gravedad que tuvo el asma en la edad infantil o si se acompañó de infecciones de repetición de las fosas nasales, de la presencia de pólipos en la nariz o de lesiones cutáneas descamativas.
Cuando el asma se inicia en la edad adulta tiene peor pronóstico, con recaídas más frecuentes.