Las medusas son animales
marinos que ocupan grandes extensiones de mar y son transportadas
por las corrientes marinas. El contacto con estos animales
causa unas lesiones en la piel en forma de edema o gran inflamación
junto con prurito o sensación de intenso picor, y posteriormente
se forman unas vesículas de coloración violácea
muy dolorosas. Existe gran peligro de que se infecten las
lesiones de la piel por lo que se deben tratar adecuadamente.
Los tentáculos de la medusa están dotados en
sus extremos de unas células que contienen unas ampollas
de veneno, que inyecta cuando se pone en contacto con otro
ser, resultando un eficaz método de defensa natural.
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Tras el contacto con una medusa se administra en principio amoniaco
o alcohol sobre la zona afectada, para continuar aplicando pomada
antiinflamatoria. En casos más graves, con amplias zonas
afectadas o con intensa reacción inflamatoria por exceso
de sensibilidad al veneno inyectado por la medusa, se deben administrar
otras medidas como fármacos antihistamínicos y corticoides
incluso de forma intravenosa, precisando en esta situación
el traslado a un centro hospitalario.
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El erizo de mar es un
invertebrado marino formado por un sólido caparazón
de placas endurecidas por calcio, cubierto de púas.
Los erizos españoles no tienen veneno en las púas,
su principal inconveniente del erizo se debe a la fragilidad
de la punta de sus púas, las cuáles una vez
dentro de la piel se parten y se quedan incrustadas.
Ante una lesión por erizos de mar se debe desinfectar
la piel, como primera medida y la más importante. Se
deben extraer las púas con unas pinzas de punta estrecha
ya que, si no se extrae, puede provocar una infección
de la
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piel afectada. En caso de
infección debe acudir a su médico para la cura adecuada
de la herida y la posible administración de antibióticos.
La araña de mar es
un crustáceo que vive en las playas y fondos de poca profundidad.
Se entierra totalmente con la arena dejando únicamente los
ojos y una aleta dorsal al descubierto, de ahí la gran dificultad
para ser vistos y evitar el encuentro casual con dicho ser marino.
Existen varios tipos en nuestras costas; la más habitual
es la araña pequeña (también llamada víbora
del mar), que pica a los bañistas que la pisan sin darse
cuenta de ello.
El veneno resulta ser dañino para el sistema nervioso causando
un gran dolor en la zona afectada, gran inflamación que se
va extendiendo por toda la extremidad (brazo o pierna) donde se
localiza la picadura, pudiendo durar varios días. Los síntomas
alcanzan el máximo punto de dolor a los 60-90 minutos.
La picadura puede necrosarse (muerte del tejido) y sobreinfectarse
con gérmenes. Puede en ciertos casos quedar un dolor residual
en la zona afectada.
El veneno de los peces resulta ser termolábil, es decir,
que se destruye con el calor, por tanto el mejor tratamiento reside
en sumergir la zona afecta en agua caliente a 45ºC durante 60-90
minutos, además de añadir fármacos analgésicos
para el dolor, antihistamínicos para el picor y corticoides
para la inflamación.
Normalmente suele ser suficiente con el baño en agua caliente,
encontrándose una mejoría espectacular.
La raya de mar se encuentra
en todas nuestras costas y le gustan los fondos arenosos y poco
profundos.
No es un animal agresivo, pero en el caso de la familia de las pastinacas
si se las molesta pueden sacudir con su cola un latigazo y clavar
su aguijón.
Este aguijón, además de tener un tóxico local,
puede desgarrar la piel y correr gran peligro de provocar una infección
de la zona.
El tratamiento es similar al del pez araña. Hay que tener
en cuenta que en los casos en los que el veneno alcance o afecte
zonas muy vascularizadas (con gran número de vasos sanguíneos)
como el cuello, puede tener consecuencias muy importantes provocando
incluso arritmias y la muerte.
Animales mordedores: congrio, morena y tiburón
Estos animales resultan ser
el congrio, la morena y los tiburones.
El ataque de estos animales produce lesiones por desgarro de más
o menos importancia que siempre requiere tratamiento quirúrgico
con desbridamiento de la zona, administrar antibióticos y
vacunación contra el tétanos.
Toxicidad por anfibios: salamandra, sapos
La salamandra común
y muchas variedades de sapos (sapo verde, sapo común, ranita
de San Antonio), son habitantes comunes en España.
Su piel secreta una sustancia que resulta tóxica, muy irritante
para las mucosas, por lo que se debe lavar las manos tras tocar
a uno de ellos. Algún componente de esta toxina ha llegado
a ser utilizado por las tribus indígenas amazónicas
como veneno para las puntas de las flechas.
En caso de que se produzca el contacto de la sustancia con la piel
o mucosas, el efecto que se produce es una mucositis o inflamación
de las mucosas afectadas, o una conjuntivitis si se afecta la conjuntiva
del ojo.
Si se llegan a chupar las manos después de tocar un
sapo, además de la afectación de mucosas ya
comentada se producirá un cuadro que consiste en náuseas,
vómitos, dolor abdominal y, en los casos severos, hipotensión,
bradicardia y síndrome confusional.
En ocasiones, sobre
todo en EEUU o en Sudamérica, se han descrito casos
de niños que tras llevarse las manos a la boca han
sufrido una reacción grave con hipotensión,
arritmias, convulsiones y muerte.
El tratamiento consiste en lavar con abundante agua. Hay antídotos
como la atripona.
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En casos de aparición
de convulsiones, crisis hipertensiva y/o arritmias se deben emplear
determinados fármacos de uso hospitalario.
Picaduras de sanguijuelas
Las sanguijuelas son unos
seres catalogados o clasificados como anélidos hermafroditas
que habitan en muchos ríos españoles.
Se adhieren a la piel a través de la boca y chupan la sangre
a la velocidad de 1cc cada 10 minutos.
En España se utilizaban con fines terapéuticos hace
años y su picadura no reviste importancia. Lo único
a tener en cuenta es desprenderlas con cuidado, aplicando vinagre,
sal, aguarrás, calor o alcohol sobre el animal para que éste
se suelte y que no quede parte de la boca incrustada en la piel
al tirar de ella.
En países tropicales pueden llegar a provocar una morbi-mortalidad
al penetrar dentro del cuerpo a través del ano o la boca
adhiriéndose a la mucosa respiratoria y digestiva.
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