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Programas
de intercambio de jeringuillas (PIJs). Su fin es conseguir
disminuir las consecuencias adversas del consumo de drogas.
El primer PIJ se puso
en marcha en Holanda en 1984, con la misión exclusiva de detener
una epidemia de hepatitis
B entre la población adicta a drogas por vía
parenteral; comprobándose que no sólo detenían la epidemia
de hepatitis, sino que también contribuían a la prevención
de VIH,
lo que sirvió par su expansión por otros países de la Comunidad
Europea, Canadá, Estados Unidos y Australia.
Estos programas de intercambio
de jeringuillas, son básicamente un medio de proveer a las
personas que se inyectan drogas de material de inyección estéril
y otro tipo de servicios, de forma gratuita, a cambio de que
una vez usadas sean devueltas las jeringuillas. Pero no sólo
se debe perseguir este intercambio, ya que la verdadera misión
es la reducción máxima del riesgo, por lo que se debe acompañar
de una adecuada educación sanitaria, acercamiento y consejo
a los adictos a drogas por vía
parenteral que lo demanden en los servicios socio-sanitarios
ya existentes.
Los
PIJs, puestos ya en marcha, han demostrado ser eficaces en
la reducción de riesgos; primero porque la mayoría de ellos
refieren que gran parte de las jeringuillas suministradas
son devueltas (más de un 70%), por lo que se abandonan menos
jeringuillas en lugares públicos, lo que permite prevenir
la exposición accidental de la población por pinchazos con
estas. Además el tiempo que las jeringuillas circulan entre
los drogadictos es menor, con lo que la oportunidad de compartirlas,
también disminuye; reduciéndose la transmisión de VIH
u otros gérmenes. Además estos sujetos presentan una mayor
tendencia a ponerse en manos de servicios médicos o sociales,
para entrar en programas de tratamiento de su adicción.
Estos programas de intercambio de jeringuillas se pueden
realizar mediante dos modalidades: |
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Con
la colaboración de recursos humanos. Permite un mayor
contacto con el paciente y asegura una mayor estabilidad
del programa, al estar más controlado. Tienen el inconveniente
del mayor coste económico y humano que esto implica.
Mediante
medios mecánicos. Máquinas que a cambio de una jeringuilla
usada ofrecen una nueva. Esto permite una mayor oferta
al estar disponible las 24 horas del día, y un total
anonimato. Tienen el inconveniente de la impersonalidad
del proceso y de los posibles fallos mecánicos que puedan
interrumpir la administración de jeringuillas.
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Programas
de mantenimiento con metadona. Provocan una positiva influencia
en la reducción del consumo de drogas y una disminución en
la frecuencia de inyección, además de una menor prevalencia
en la práctica de compartir jeringuillas, entre aquellos que
continúan inyectándose.
Talleres de sexo seguro mediante una serie de consejos y educación
sanitaria que les haga responsabilizarse frente a la práctica
de conductas de riesgo y reparto de preservativos entre dicha
población. Se ha demostrado que este grupo de gente son los
que mantienen mayor número de relaciones de riesgo tanto de
tipo heterosexual como homosexual sin utilizar ningún tipo
de protección. En general, la prevalencia
del uso de preservativos en población UDVP (usuarios de drogas
via parenteral), es muy baja, encontrándose como motivos para
dicha actitud, el sentirse poco vulnerables al VIH,
pensamientos negativos hacia su uso, o dificultad para conseguirlo
cuando lo necesitan.
Otros programas. Incluyen Centros de acogida para usuarios
de drogas por vía
parenteral, Programas de dispensación de opiáceos
inyectables y Salas de inyección de drogas (narcosalas).
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