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Esteatosis
Hepática.
Es la lesión más frecuentemente
encontrada en las biopsias
de pacientes alcohólicos. Generalmente son asintomáticas.
Hay una hepatomegalia
lisa, blanda y normalmente indolora.
A nivel clínico puede
variar desde una afectación hepática inespecífica, con malestar
general, molestias abdominales, anorexia,
náuseas o ictericia,
hasta una insuficiencia hepática cuando la esteatosis
es masiva.
A nivel de laboratorio
se encuentra un ligero aumento de transaminasas
y de gammaglutamiltranspeptidasa (GGT).
El pronóstico de la esteatosis
es bueno cuando no se asocia a otras lesiones, de tal forma
que una supresión de la ingesta
conlleva una corrección de la enfermedad a nivel clínico y
de las lesiones histológicas.
Fibrosis Hepática.
La mayoría de pacientes
tienen trastornos generales inespecíficos y hepatomegalia.
Si la fibrosis está cercana a las venas, puede ocluirlas y
aparecer signos de hipertensión portal. Si aparece la fibrosis
y se sigue consumiendo alcohol hay un alto riesgo de progresión
hacia una lesión hepática grave e irreversible.
Hepatitis
Alcohólica.
Hay varios subgrupos,
dependiendo de sus características anatomopatológicas, como
son la forma común, forma colestásica, forma pseudotumoral
y forma con insuficiencia hepatocelular grave; de todas ellas
la más frecuente es la forma común. Esta forma se presenta
como un cuadro de evolución lenta con malestar general, dolor
abdominal, ictericia
y fiebre.
Se suele relacionar con
un aumento de la ingesta
etílica.
El signo más frecuente
es el aumento del tamaño del hígado
doloroso.
Hepatitis
Crónica Alcohólica.
Se diferencia de la etapa
anterior en la duración del cuadro (aquí más de seis meses).
Los hallazgos de laboratorio son similares a los de la hepatitis
alcohólica aguda, pero más marcados.
Cirrosis
Hepática.
Es indiferenciable de
las producidas por otras causas, salvo porque en la cirrosis
aparecen alteraciones propias del alcoholismo. En el
laboratorio se observan unas alteraciones características.
Se consideran signos
de mal pronóstico la presencia de ictericia,
ascitis refractaria al tratamiento con diuréticos, encefalopatía,
hemorragia digestiva por varices
esofágicas e insuficiencia renal progresiva.
Ante el deterioro rápido
de un cirrótico, con pérdida de peso, aumento del hígado
y del perímetro
abdominal, dolor abdominal persistente y elevación de Fosfatasa
Alcalina, hay que pensar en un cáncer hepático asociado a
la cirrosis.
Su incidencia va en aumento por la mayor supervivencia de
estos procesos; de ahí la importancia de controles periódicos
mediante la realización de ecografías y determinaciones analíticas.
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