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Introducción
De igual modo que otros trastornos adictivos,
el tratamiento farmacológico de la dependencia de opiáceos
es solo una parte del tratamiento global, en el que son necesarias
otras medidas importantes como el tratamiento psicoterapéutico individual
o en grupo, la actuación en el ámbito político para luchar contra
el tráfico ilegal de drogas o la intervención social. Sin embargo,
a diferencia de las otras sustancias, el tratamiento farmacológico
de la dependencia de opiáceos
está consensuado y claramente establecido, como muestran las recomendaciones
del Plan Nacional sobre Drogas (1996) en nuestro país.
El tratamiento farmacológico
de la dependencia de opiáceos
puede plantearse desde dos enfoques diferentes: el tratamiento con
antagonistas opiáceos (Naltrexona) y el tratamiento con agonistas
opiáceos (Metadona, LAAM o Buprenorfina).
Para entender esta
clasificación es preciso explicar la diferencia entre antagonista
y agonista.
El Sistema Nervioso Central (SNC) está formado por varios
tipos de células, siendo las neuronas las más importantes.
Éstas se comunican entre ellas y con el resto del organismo
para realizar sus funciones como el movimiento o la sensibilidad
(por ejemplo la sensibilidad dolorosa), pero también para
llevar a cabo funciones más complejas como pensar o como el
sentimiento de euforia.
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Ver
Imagen |
Para esta comunicación se utiliza
una zona de "contacto o conexión" entre neuronas llamada sinapsis,
donde la neurona "informante", llamada neurona presináptica, vierte
unas "moléculas o sustancias", llamadas neurotransmisores,
que llegan hasta la neurona que "recibe la información", llamada
neurona postsináptica. Esta neurona postsináptica tiene unidas otras
"moléculas" llamadas receptores
donde encajan perfectamente, como una llave en una cerradura,
las anteriormente descritas como neurotransmisores.
Este mecanismo de comunicación es mucho más complejo pero suficiente
para comprender la diferencia entre antagonista y agonista.
En el Sistema
Nervioso Central existen, curiosamente, receptores
para unos neurotransmisores
producidos por nuestro cuerpo y que son relativamente semejantes
a los opiáceos
y se llaman endorfinas.
Así cuando una persona consume
heroína u otro opiáceo,
la sustancia llega al SNC y en él llega a las sinapsis uniéndose
a los receptores
de las endorfinas
produciendo alivio del dolor, pero como la cantidad es mucho mayor
y de elevación más rápida, provoca también esa sensación de bienestar
y euforia que busca el usuario de heroína con fines lúdicos.
La función terapéutica
que tienen los antagonistas (el más utilizado es la Naltrexona)
es que son moléculas que también encajan en esos receptores
endorfínicos impidiendo la unión de la heroína y separándola
si ya está unida, pero al unirse no provoca activación de
la neurona postsináptica y por lo tanto el consumo de heroína
no tiene los efectos anteriormente descritos, sirviendo así
como tratamiento de la dependencia. imagen
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La actuación de los agonistas,
tratamiento que ahora nos ocupa, es distinta ya que estas moléculas
al unirse a los receptores
endorfínicos sí que los activan pero de forma diferente a la heroína,
siendo menos tóxicos y adictivos, y por lo tanto con menos riesgo
para el paciente.
Tratamiento con agonistas
opiáceos
Los agonistas
opiáceos
más utilizados son la metadona, el LAAM y la Buprenorfina.
Metadona
La metadona es el más antiguo (inicio
en 1964) y el más utilizado a nivel mundial. Su uso, como en el
resto de agonistas,
se basa en que como molécula distinta a la heroína:
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Prácticamente
no produce euforia.
Produce
menos tolerancia, es decir las neuronas se acostumbran menos
a ella y por esos no requiere aumentar la dosis para mantener
el mismo efecto.
El
síndrome de abstinencia (síntomas y molestias que aparecen
cuando se retira la sustancia y que son los contrarios de
los que provoca el consumo) es más leve aunque dura más tiempo.
Su
administración por vía oral evita los riesgos de utilizar
las jeringuillas.
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Otras ventajas derivadas del tratamiento con metadona son:
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Permite
una mayor retención de los pacientes, es decir que es
menos frecuente que el paciente abandone el tratamiento
y vuelva al consumo de heroína, en comparación con otros
programas.
Disminuye
el riesgo de infección por el VIH
por dejar de utilizar las jeringuillas, así como previene
otras enfermedades orgánicas derivadas del consumo de
la heroína, disminuyendo el riesgo de muerte.
No
causa euforia o mínimamente, además no produce adormecimiento
ni depresión en tratamientos prolongados.
Permite
la rehabilitación del pacientes, su reintegración social
y el abandono de la criminalidad, siendo de este modo
mayor la calidad de vida.
No
modifica las funciones mentales pues se ha demostrado
que las diferencias observadas se deben a factores sociales
y de la propia persona.
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Por otra parte este tratamiento presenta algunas desventajas:
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Algunos
pacientes en tratamiento con metadona continúan consumiendo
otras drogas.
Los
tratamientos pueden ser muy duraderos y las recaídas son frecuentes.
Puede
aparecer mercado negro.
A
veces presenta efectos secundarios tales como exceso de sudoración,
estreñimiento, disminución del deseo sexual, alteraciones
del sueño, etc.
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El uso clínico de la metadona
se regula a través de los llamados programas de mantenimiento con
metadona (PMM). En un principio se clasificaban los PMM en aquellos
en los que se utilizaban dosis bajas (hasta 40 mg) y dosis altas
(hasta 75 mg), pero actualmente no se clasifican de este modo, pues
existen pacientes que precisan dosis superiores (mayores de 80 mg).
Antes de la admisión de un paciente en un PMM se firma un "contrato
terapéutico" entre los responsables del centro de atención y el
paciente, donde el paciente acepta las normas del mismo. En los
PMM más estrictos, si el paciente no cumple las normas, se le da
un periodo de treinta días para modificar su conducta y si no lo
hace se le expulsa. En estos programas más rígidos solo se tolera
un 10% de orinas "sucias", es decir, que el paciente esté consumiendo
sustancias
psicoactivas.
Todos los pacientes dependientes
de opiáceos
pueden ser tratados en programas de mantenimiento con metadona y
los candidatos idóneos para estos programas son:
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Heroinómanos
de varios años de adicción, con fracasos repetidos en otros
tratamientos de desintoxicación o comunidades terapéuticas.
Pacientes
afectados de enfermedades orgánicas graves.
Heroinómanas
embarazadas
Heroinómanos
con trastornos psiquiátricos.
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Es muy importante la individualización de la dosis, pues se
ha demostrado que si son inferiores a las necesarias, aumenta
el riesgo del consumo de otras sustancias e incluso el abandono
del programa. Estas dosis no solo dependen de las características
genéticas de cada individuo sino que también se ha demostrado
que depende de factores ambientales, los cuales influyen en
los niveles sanguíneos de la metadona. Se recomienda comenzar
con 30 mg como dosis inicial e ir aumentando entre 5-10 mg
hasta conseguir la estabilización, generalmente con 60-100
mg.
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Con relación al tiempo de tratamiento,
este varía según los pacientes, siendo cada vez más frecuente que
se dé preferencia a la calidad de vida, y por ello no exista un
periodo concreto, sino que este se adapte al objetivo que los terapéutas
y el paciente se marquen. Estos objetivos deben ser también individualizados
según la gravedad de la adicción y la desestructuración del entorno
del paciente, los factores raciales, así como la existencia en el
mismo paciente de otras enfermedades psiquiátricas u orgánicas.
Se consideran como objetivos
básicos tres:
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Reducción
de daños. Consiste en intentar que el paciente sea
capaz, ayudado por el PMM, de minimizar conductas
de riesgo tales como las referentes a la infección
por el VIH.
imagen
Deshabituación,
en la que se va disminuyendo la dosis de metadona
hasta que el paciente esté preparado para abandonarla
y pasar a un programa libre de drogas.
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Rehabilitación,
con el que persigue que el paciente se adapte a su entorno
y adquiera una adecuada estabilidad psicosocial permanente,
ayudado por el PMM, sin un límite de tiempo establecido. Cuando
se decide suspender el tratamiento, se recomienda reducir
5 mg por semana para terminar con el programa en tres o seis
meses.
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LAAM
El LAAM es un opiáceo
derivado de la metadona pero se caracteriza por tener una duración
en sangre superior a la misma (92 h) y de ello se originan las principales
diferencias. Produce tolerancia y síndrome de abstinencia, pero
éste último aparece más tarde, y aunque es de mayor duración tiene
todavía menor intensidad que el de la metadona.
Por sus características presenta
varias ventajas, como son:
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Su
administración de tres veces por semana y no diariamente,
lo cual facilita que el paciente trabaje y pueda llevar adelante
obligaciones que requieran una atención diaria (p.e. enfermedades
crónicas, etc.), y, a su vez, permite que el centro disponga
de más tiempo personal para más consultas, servicios, etc.
Su
efecto más suave. Permite sentirse menos adicto y más normal,
junto con menor euforia y sedación.
La
menor capacidad de producir dependencia
Menos
utilización en el mercado negro. Ello se debe a su tardía
producción de efecto, así como menor adicción.
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Como desventajas, destaca que:
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No
se puede dar en take-home,es decir que no se puede dar para
que el paciente se lo lleve a casa y lo tome allí
Tarda
1-2 semanas en ser totalmente efectivo
El
consumo junto a heroína, o depresores del SNC, puede provocar
una sobredosis fatal.
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Por estas desventajas algunos
médicos prefieren la estabilización con metadona previa al tratamiento
con LAAM.
La dosis inicial suele ser
de 30 mg. Con ajustes sucesivos de 5-10 mg, aunque es difícil lograr
el ajuste debido a la lentitud en manifestar sus efectos. La dosis
de estabilización oscila entre 50 y 90 mg, no debiendo sobrepasar
los 120 mg. Si se da lunes, miércoles y viernes se recomienda subir
la dosis del viernes para que persistan los niveles todo el fin
de semana (20%-40% mayor).
Buprenorfina
La buprenorfina es un agonista
parcial por lo que, teóricamente, posee las ventajas de los
tratamientos con agonistas
y las de los tratamientos con antagonistas.
Las ventajas que se derivan
de los tratamientos con buprenorfina son:
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Vía
de administración oral o sublingual
Menor
capacidad de abuso que otros agonistas.
Amplio
margen de seguridad.
Síndrome
de abstinencia leve y breve.
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Sin embargo, presenta efectos secundarios como sedación, náuseas
y vómitos.
Existen múltiples estudios que comparan la eficacia de la
buprenorfina con la metadona y la naltrexona
en el tratamiento de la dependencia, mostrando resultados
iniciales superiores a los programas con naltrexona y al menos
similar a los PMM, con dosis de 8 mg./día.
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Los estudios más recientes
avalan la eficacia de la combinación de la buprenorfina
y la naloxona, aunque son necesarios más estudios que confirmen
esta pauta.
Por último, destacar que el
avance en el mecanismo de producción de la dependencia de opiáceos
está provocando un importante incremento de estudios sobre nuevas
sustancias que pueden ser útiles en dicho tratamiento.
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