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¿Se
ha modificado la dieta mediterránea?
Sí,
porque también ha cambiado la forma de vida. Ha aumentado de manera
importante la incorporación de la mujer al mundo laboral (entre
el 40 y el 60% de las mujeres trabajan fuera de casa). Ya no hay
tanto tiempo para cocinar, y la compra no se hace a diario; por
tanto es mayor el consumo de platos de preparación rápida.
Ha crecido la población urbana de
manera importante, lo que quiere decir que el número de habitantes
del campo también ha disminuido.
La industrialización de productos
alimentarios ha aumentado mucho, gracias también a las grandes cadenas
de distribución. Ésto facilita que sea mayor el número de personas
que pueden disfrutar de más alimentos, y en mejores condiciones.
Se han perdido en gran medida aquellos alimentos de cuidado primoroso
que nos ofrecían nuestros abuelos, pero la dieta es más variada,
ha aumentado la higiene alimentaria y disminuido el número de toxiinfecciones
a causa de los alimentos.
Todos estos cambios, unidos a la
influencia de los medios de comunicación, a la gran capacidad de
imitación que tenemos, a la curiosidad que despiertan las cosas
nuevas y la facilidad que hay actualmente para viajar e intercambiar
conocimientos con otros grupos de población, han hecho que la dieta
anglosajona, más rica en grasas de origen animal que la nuestra,
se incorpore en gran medida a nuestras costumbres culinarias. No
es raro que se confeccionen salsas u otro tipo de platos con alimentos
como nata líquida o mantequilla, hasta ahora prácticamente desconocidos
en nuestra cocina.

¿Es
difícil mantener nuestras buenas costumbres?
No
es difícil. Es cuestión de buena disposición y un poco de organización.
Algunos platos, como las legumbres, que pueden parecer difíciles
de elaborar, se pueden cocinar fácilmente con la ayuda de la olla
a presión, o el uso de legumbres previamente remojadas, si es que
se nos olvidó ponerlas a remojo la noche anterior. Lo mismo podemos
decir de las verduras.
Una de las características de la
dieta mediterránea es el gran consumo de alimentos frescos. Actualmente
tenemos en el mercado un buen número de verduras y hortalizas ya
limpias y troceadas, lista para ser usadas. Esto nos permite la
confección rápida de una buena ensalada.
Hoy sabemos que la complementación
de legumbres y cereales (judías con arroz, garbanzos con trigo...)
o una ensalada completa (lechuga, tomate, zanahoria, huevo, atún...)
aliñada con aceite de oliva de primera calidad y acompañada de pan,
nos proporciona un plato completo, desde el punto de vista nutricional.
Tomar cualquier plato de este tipo, de los que nuestra cocina está
llena, y terminar la comida con una o dos piezas de fruta, es fácil
y nos da la seguridad de estar bien alimentados. En la actualidad,
los trabajos que desempeñamos son muy sedentarios por lo que las
cantidades de alimentos que debemos tomar, deben ser menores que
las que tomaban nuestros antepasados.

¿Hay
peligro de que desaparezca nuestra dieta?
No, si entre todos tratamos de mantenerla y nos concienciamos
de las ventajas que nos puede procurar. Gracias a las campañas de
difusión, los países anglosajones se van mentalizando del beneficio
que supone adaptarse a nuestra forma de alimentación y disminuir
el consumo de grasas de origen animal.
Para prevenir la aparición de enfermedades
cardiovasculares es tan importante mantener una alimentación pobre
en grasas de origen animal y consumir cantidades de alimentos adaptadas
a nuestras necesidades, como desarrollar una actividad física que
nos permita mantenernos en forma y consumir el exceso de calorías
que solemos tomar. El ejercicio físico, adaptado a la edad, nos
ayudará a mantenernos
en el peso adecuado según nuestra edad, sexo y talla.
Es importante promover entre los
jóvenes el conocimiento de nuestra cocina, así como el consumo de
frutas y verduras y el gusto por el ejercicio físico.
Todos los grupos políticos representados
en el Senado Español han instado al gobierno a que promueva la investigación,
promoción y difusión de la dieta mediterránea, así como de los alimentos
que la componen, debido a la importancia que está adquiriendo en
la salud de los consumidores. Así mismo los medios de comunicación
pueden hacer una labor muy importante en la difusión de la dieta
mediterránea, fomentando el conocimiento de nuestra dieta y el gusto
por platos de preparación tradicional en detrimento de las comidas
rápidas, tan ricas en grasa como perniciosas para la salud.
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