Las diferentes técnicas de valoración de la composición corporal surgieron a raíz de las dificultades para valorar el estado de nutrición, sobretodo en pacientes enfermos y obesos, también la necesidad de poder comparar diferentes poblaciones de pacientes; ante todo ello fueron apareciendo y empleándose técnicas más o menos sofisticadas que son capaces de medir los distintos componentes corporales.
Entre ellas están, la dilución isotópica, el análisis de activación de neutrones, los isótopos estables, la bioimpedancia eléctrica, la absorciometría, la densitometría, la tomografía axial computarizada, la ultrasonografía y la resonancia magnética.
Algunas no sustituyen a técnicas tan sencillas como la medición de la grasa con el Lipocalibrador como ya se ha explicado antes en las mediadas antropométricas, otras no son fiables y otras su principal limitación es su elevado coste económico. Pasaremos a explicar la Bioimpedancia eléctrica, la densitometría y la resonancia magnética.
Bioimpedancia eléctrica (BIA), es una de las técnicas más fáciles de llevar a cabo ya que no precisa de un equipo muy elaborado ni es imprescindible que el paciente colabore. Esta técnica se basa en la resistencia que ofrecen el agua y los tejidos corporales al paso de una corriente eléctrica, esta resistencia viene determinada por el contenido de agua y el contenido de electrolitos.
Densitometría, se basa en el Principio de Arquímedes, el volumen de agua que desplaza un objeto sumergido es igual al volumen de dicho objeto. Considera al organismo como un modelo formado por masa grasa y masa libre de grasa.
Resonancia magnética, mide directamente la composición corporal del cuerpo humano y constituye una técnica segura y no invasiva.