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¿Qué hacer con la familia y los amigos?

Es bonito verse rodeado de las personas queridas antes de una operación. Sin embargo, esta práctica supone no pocos problemas para el enfermo y para los hospitales. Existe la costumbre antigua de acudir al hospital cuando un familiar o amigo va a ser intervenido y, aunque esto es lógico y pueda ser deseable, no queda más remedio que limitar el número de las visitas. Un buen consejo es que no sean más de dos las personas que acompañen al paciente. Las emociones que pueden vivirse en este momento desaconsejan el desfile de todo tipo de parientes y amigos. La intimidad de la persona, sus momentos de debilidad o emoción deben ser respetados y desgraciadamente el entorno de una operación a veces parece un circo.

Debemos entender que esta restricción sólo tiene por objetivo respetar el derecho del paciente a su intimidad y ésta sólo la preservan los más allegados. Visitar a los enfermos es una bonita obra de caridad pero debe ser bien entendida. ¡Cuántas veces hemos visto a pacientes con mal estado general, postrados en su cama, rodeados de multitud de personas más preocupadas de los aspectos sociales que del objetivo de su visita!. No puede convertirse una operación en una acto social donde los familiares y amigos ser reencuentran.

Los propios pacientes cuentan lo molesto que resulta la profusión de visitas, especialmente los momentos anteriores y posteriores al acto quirúrgico. Nosotros les recomendamos manifestar su derecho a estar tranquilos y exigir, con el apoyo de los más íntimos, respeto hacia su persona. Los profesionales de la salud nos vemos a veces impotentes al tratar de evitar el exceso de visitantes. El incumplimiento de las normas sobre las visitas, la picaresca de unos y la mala educación de otros, convierten a los hospitales en auténticos hormigueros de gentes, en especial en las plantas quirúrgicas.

Hay mucho que cambiar en este aspecto particular de las intervenciones. No parece descabellado pensar que sería importante para la mejora de la educación en general y de la educación sanitaria en particular, que nuestra sociedad precisa, incluir el aprendizaje de estas elementales normas de convivencia y de respeto hacia los enfermos.


Voy hacia el quirófano

El momento ha llegado. Durante el traslado en cama hasta el quirófano es preciso mantener la serenidad y el grado de relajación obtenido. Es frecuente no recordar este momento debido a los fármacos que muchos anestesiólogos prescriben a sus pacientes en la propia habitación. Su efecto tranquilizador y amnésico es muy beneficioso para entrar en la sala de operaciones con las constantes vitales normales que favorecerán un normal inicio de la anestesia. Todo pasará rápido y la recuperación de la salud perdida estará muy cerca.


Recomendaciones para los pacientes
  • Hoy es obligatorio el consentimiento informado, lo cual supone aceptar la intervención quirúrgica tras haber sido informado sobre las características de la misma, sus ventajas y sus riesgos.
  •  No está justificado el pánico hacia la anestesia general.
  •  Es recomendable evitar los catarros, las transgresiones dietéticas, el tabaco y otro tipo de drogas los días previos a la intervención.
  •  Es necesario ir a la operación preparado psicológicamente.
  •  El estudio preoperatorio trata de conocer cuál es el estado general del enfermo antes de la operación.
  •  Evite la toma de ácido acetilsalicílico (aspirina) 4 ó 5 días antes de la operación. Vacíe su vejiga antes de ir al quirófano.
  •  No moleste a los pacientes que van a ser operados. Respete su intimidad.





Fecha de publicación: Agosto 2000

Dr. Alfredo Jiménez Bernadó
Especialista en Cirugía General y Digestiva
Profesor Asociado de la Facultad de Medicina de Zaragoza
Jefe de Sección de Cirugía B. Hospital Clínico Universitario de Zaragoza

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