Es bonito verse rodeado de las personas queridas antes de una operación. Sin embargo, esta práctica supone no pocos problemas para el enfermo y para los hospitales. Existe la costumbre antigua de acudir al hospital cuando un familiar o amigo va a ser intervenido y, aunque esto es lógico y pueda ser deseable, no queda más remedio que limitar el número de las visitas. Un buen consejo es que no sean más de dos las personas que acompañen al paciente. Las emociones que pueden vivirse en este momento desaconsejan el desfile de todo tipo de parientes y amigos. La intimidad de la persona, sus momentos de debilidad o emoción deben ser respetados y desgraciadamente el entorno de una operación a veces parece un circo.
Debemos entender que esta restricción sólo tiene por objetivo respetar el derecho del paciente a su intimidad y ésta sólo la preservan los más allegados. Visitar a los enfermos es una bonita obra de caridad pero debe ser bien entendida. ¡Cuántas veces hemos visto a pacientes con mal estado general, postrados en su cama, rodeados de multitud de personas más preocupadas de los aspectos sociales que del objetivo de su visita!. No puede convertirse una operación en una acto social donde los familiares y amigos ser reencuentran.
Los propios pacientes cuentan lo molesto que resulta la profusión de visitas, especialmente los momentos anteriores y posteriores al acto quirúrgico. Nosotros les recomendamos manifestar su derecho a estar tranquilos y exigir, con el apoyo de los más íntimos, respeto hacia su persona. Los profesionales de la salud nos vemos a veces impotentes al tratar de evitar el exceso de visitantes. El incumplimiento de las normas sobre las visitas, la picaresca de unos y la mala educación de otros, convierten a los hospitales en auténticos hormigueros de gentes, en especial en las plantas quirúrgicas.
Hay mucho que cambiar en este aspecto particular de las intervenciones. No parece descabellado pensar que sería importante para la mejora de la educación en general y de la educación sanitaria en particular, que nuestra sociedad precisa, incluir el aprendizaje de estas elementales normas de convivencia y de respeto hacia los enfermos.