El "síndrome postvacacional": la dura vuelta al trabajo
La vuelta de las vacaciones y el regreso al trabajo supone para muchas personas un verdadero sufrimiento que puede llegar a convertirse en lo que se conoce como "síndrome postvacacional", un trastorno del estado del ánimo que suele provocar fatiga, irratibilidad y ansiedad.

Aunque los especialistas opinan que no existe una "depresión postvacacional" en sentido clínico, lo cierto es que la vuelta a la vida cotidiana después de las vacaciones supone para muchas personas un verdadero "trauma" que puede desembocar en un trastorno psicológico más grave.
Ése momento crítico es lo que se denomina "síndrome postvacacional", un trastorno de estado de ánimo donde pueden aparecer combinados temporalmente síntomas de depresión y ansiedad, según se desprende de las conclusiones de varios estudios, entre ellos el "Informe sobre el síndrome depresivo postvaciona" realizado el pasado año.
Para estas personas, la vuelta a la rutina se les hace muy difícil de sobrellevar, y se encuentran cansadas, apáticas, somnolientas y sin fuerzas para realizar nada. Parece que todo se les viene encima: el trabajo, la casa, la vuelta al colegio de los niños, etc.
Y es que después de un período de descanso, relax, ausencia de horarios y preocupaciones, desconexión de todo y diversión, como suelen ser las vacaciones, nuestro cuerpo y nuestra mente se han acostumbrado a ese "tipo de vida", y el cambio supone un esfuerzo que no todo el mundo puede realizar de la misma forma.
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¿Cuáles son los síntomas?
Aunque este trastorno no es considerado una auténtica enfermedad mental o psicopatológica sino más bien un estado o proceso emocional negativo temporal, lo cierto es que hay que tener siempre en cuenta que puede ser el indicio de que existe una patología más grave.
Los afectados por el síndrome postvacacional suelen padecer síntomas como fatiga, pérdida de energía y apetito, insomnio, irritabilidad, tristeza o vacío, dificultad para concentrarse, tensión muscular, palpitaciones, sudoración, e incluso sensación de ahogo, náuseas o problemas estomacales.
Según el psicólogo Jesús Gil, coordinador del estudio antes citado, más que tristeza lo habitual "es un sentimiento de desgana, dificultad y malestar psicológico un poco difuminado, pero importante y frecuente".
Además, también afirma que existe una elevada correlación entre el síndrome depresivo postvacional y el síndrome de "estar quemado" o "burnout"; es decir, la mayoría de las personas que sufren este trastorno presentan puntuaciones elevadas en los cuestionarios que valoran el síndrome de "estar quemado". Este último "se caracteriza por síntomas como el agotamiento emocional, la despersonalización y la falta de realización", señala el psicólogo.
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¿Existen personas propensas a padecerlo?

Entre las personas más propensas a sufrir este tipo de estado destacan aquellas que realizan un trabajo muy rutinario. Estos afectados son los que suelen necesitar un mayor período de adaptación, tiempo en el que incluso pueden llegar a padecer episodios depresivos más o menos graves.
Según se desprende del Informe, el síndrome postvacacional también es común en directivos, mandos intermedios, trabajadores de primera línea, entrenadores, deportistas, o incluso personas que trabajan en un voluntariado o las propias amas de casa (aunque ellas no suelen desconectar del todo de sus "labores" durante las vacaciones).
"Pero sobre todo lo padecen los profesionales relacionados con servicios humanos: medicina, servicios sociales, educación y periodismo, donde un error, una crítica, una desaprobación o el pobre reconocimiento por parte de un superior, pueden minar la motivación de la persona", según José Gil.
Lo cierto, es que a tenor de los datos, este síndrome lo llegan a sufrir entre un 35 y un 40 por ciento de los trabajadores, una cifra a considerar, sobre la que inciden variables laborales como el ambiente físico de trabajo, el contenido del puesto, las relaciones interpersonales, la posibilidad de desarrollo de la carrera o las dimensiones estructurales de la organización. Tampoco hay que descartar variables personales como la edad, el sexo, la antigüedad o la personalidad del sujeto.
Pero todo tiene su contrario, y así como hay personas que padecen un verdadero sufrimiento al volver a su vida cotidiana, también existen sujetos que viven la vuelta al mundo laboral con un gran alivio. Éste es el caso de los adictos al trabajo, los que se aburren fácilmente, los que prefieren el asfalto a las playas o el campo y también las personas muy rígidas y ordenadas.
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Cómo podemos hacerle frente
En general, los especialistas afirman que este tipo de trastorno no requiere un tratamiento, sino un período más o menos corto de adaptación en el que se ponga a punto el organismo para volver a la rutina diaria del trabajo.
Y para lograrlo lo antes posible se pueden poner en práctica una serie de consejos. En primer lugar, hay que "enfrentarse" a la vuelta al trabajo de forma saludable, para ello lo mejor es aprender a controlarnos, aumentar la confianza que tenemos en nosotros mismos, reflexionar sobre nuestros comportamientos, y no agobiarnos.
Para ello los expertos recomiendan que se conceda una tregua antes de empezar a preocuparse en demasía y a respetar con exactitud el horario laboral; de manera que lo mejor es desconectar del trabajo siempre que nos sea posible (en especial los primeros días tras la vuelta de las vacaciones) y los fines de semana. Nunca debemos olvidarnos que cada persona necesita tener una vida personal en la que tengan importancia la realización de otras actividades y, sobre todo, las relaciones personales.
También puede ser muy beneficioso buscar nuevas motivaciones tanto en el trabajo como en el tiempo de ocio, objetivos que añadan ilusión y "ganas de hacer" y que nos impidan caer en la apatía.
Y es que el trabajo debe ser una actividad que resulte lo más gratificante posible para una persona además de como elemento de realización personal, o que, al menos, no cree angustia o desesperanza. Ya sabemos cual es la máxima: "trabajar para vivir", y no "vivir para trabajar", ahora sólo falta ponerla en práctica.
Además, nunca viene mal elaborar un plan en el que se organicen las tareas diarias que debemos realizar, así como el tiempo necesario para cada una de ellas, de tal modo que cueste menos recuperar el ritmo de vida que teníamos antes de las vacaciones.
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