Cuando los niños no desean ir al colegio se presenta un problema importante para los padres, aunque según los expertos ésta suele ser una actitud pasajera que si se sobrelleva bien no tiene por qué dificultar la relación entre ellos.
Lo más normal es que el niño, por miedo o porque se siente muy apegado a los padres y tenga dificultad para separarse de ellos, ponga cualquier excusa para no tener que ir a la escuela (normalmente dice que está enfermo e incluso puede llegar somatizar ese miedo hasta incluso enfermar de verdad.
Ante estas situaciones, los padres, en primer lugar tienen que descubrir los motivos por los que el niño se niega a ir a clase. Para ello lo mejor es que hablen con el niño para que éste exprese lo que siente y por qué lo siente, ya que reconocer los problemas y hablar de ellos siempre ayuda. En cualquier caso, los padres deben siempre escuchar y transmitir comprensión, autoconfianza y autoestima a su hijo.
También es recomendable que consulten a los hermanos del pequeños, sus amigos y profesores por si éstos pueden dar más información con respecto a los motivos de la conducta del niño.
Al principio puede ser bueno para el pequeño que uno de los progenitores lo lleve al colegio, para que poco a poco se vaya acostumbrando. También puede ir a recogerlo.
Y después de clase, es muy importante que se interesen por todas las actividades que el niño ha realizado en clase, o con los amigos, animándole en todo momento para que se involucre cada vez más en el ambiente escolar. Todo ello le ayudará poco a poco a integrarse y a establecer una rutina que ya no rechace. Y es que la vuelta al cole ha de ser para los más pequeños un momento especial que han de vivir con entusiasmo e ilusión, no un trauma.
Sin embargo, en algunos casos, si el problema perdura hay que buscar ayuda profesional, ya que de lo contrario el niño puede desarrollar un miedo intenso al colegio.