La falta de oxígeno o hipoxia que se produce en los ascensos bruscos que ocurren al volar en aeronaves no presurizadas (globos aerostáticos, avionetas, helicópteros), dan lugar a una clínica fulminante. De tal forma que las ascensiones por encima de 5000 o 6000 metros pueden producir en pocos minutos una pérdida de conciencia que se puede seguir de un desenlace fatal. Esta evolución tan rápida es debida a la falta de aclimatación o adaptación a las grandes alturas, requisito indispensable para prevenir el mal de altura.
Enfermedad Aguda: este cuadro clínico es el de más frecuente aparición y el más importante en nuestro medio (donde las alturas máximas no superan los 3900 m). Su importancia radica en que puede aparecer a partir de los 2000 metros de altitud y en nuestra geografía son múltiples las cordilleras que superan esa altura. Se caracteriza por la aparición de cefalea, preferentemente en la nuca, de gran intensidad, con fotofobia y algiacusia. Este dolor es poco sensible a los analgésicos habituales. Se considera que es producida por la hipertensión intracraneal, consecuencia de un incipiente edema cerebral. Otros síntomas que aparecen son fatiga, náuseas, disnea, alteraciones del sueño, palpitaciones. Todo el cuadro puede agravarse con el ejercicio físico. En general se dice que recuerda una gripe o una borrachera.
Edema pulmonar del mal de altura: afortunadamente es menos frecuente y se da en alturas que superan los 2700 m. Se suele presentar a partir de las 24h después del ascenso rápido. Su clínica consiste en una sensación de fatiga creciente, tos irritativa seguida de expectoración espumosa o sonrosada, debilidad, intolerancia al ejercicio y finalmente si no se trata puede llevar a la muerte.
Edema cerebral del mal de altura: según los expertos en todas las presentaciones del mal de altura existe cierto grado de edema cerebral, como ya hemos dicho la cefalea descrita en los casos leves podría interpretarse como el inicio de este proceso. Cuando aparece como cuadro florido se convierte en la forma más grave de la enfermedad, evolucionando rápidamente al coma tras pasar por un período de descoordinación motora, alucinaciones, cefalea y confusión mental.