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Una enfermedad no tan lejana.
Los datos
¿Por qué se produce el mal de altura?
¿Cuáles son los síntomas del mal de altura?
¿Puedo prevenir el mal de altura?
¿Cómo puedo saber si estoy afecto o si algún miembro de mi expedición ha enfermado?
¿Cómo debemos actuar?
¿Qué ocurre sí alguna expedicionaria esta embarazada?
¿Cómo se pueden ver afectados los niños?
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Una enfermedad no tan lejana.

"Noté un dolor de cabeza tan terrible que incluso pensé que iba a caerme del caballo estrellándome al suelo inmediatamente después vinieron tales náuseas y vómitos que creí, en el esfuerzo, que iba a perder incluso el alma". Padre José de Acosta en su expedición a los Andes, s. XVI.
Todos los años millones de personas de todo el mundo se desplazan a las montañas para la práctica de deportes al aire libre, de contacto con la naturaleza, deportes de riesgo. Si se tiene planeado realizar viajes a zonas con una altitud de más de 2500 m es conveniente que consulte con su médico de cabecera y le pregunte como prevenir el mal de altura o mal de montaña.


Los datos

En la entrada del Parque Nacional de Sagarmatha, en el Himalaya, existe un cartel que dice " LA ALTURA MATA". Con ello los responsables del Parque sólo pretenden concienciar a los ciudadanos sobre los riesgos de sufrir el mal de altura. Realmente el porcentaje de muertes debidas al mismo es pequeño, aunque no despreciable. Pero lo que sí es alarmante, es que entre un 40 y un 50% de los visitantes del lugar sufren síntomas relacionados con el mal de altura.
Pero no hay que irse tan lejos para aplicar la frase expuesta en Sagarmatha. El Grup de Rescat de Muntanya de la Generalitat ha realizado desde su creación una media de 300 a 350 salidas al año con helicóptero medicalizado, a zonas de montaña. Es más, en el Pirineo, más de un 50% de las víctimas de accidentes de montañismo son rescatadas muy graves o muertas. Muchas de estas víctimas sufren el mal de altura, otras sufren accidentes graves debido a los síntomas que produce la falta de oxígeno en las cumbres.
Según algunos autores hasta un 25% de las personas que ascienden por encima de los 2000 m. presentan algún síntoma debido a la hipoxia.


¿Por qué se produce el mal de altura?

Cuando ascendemos y nos alejamos del nivel del mar, la concentración de oxígeno en el aire que nos rodea y respiramos disminuye de forma considerable. A partir de los 2500 metros esa concentración de oxígeno es mucho menor. La cantidad de oxígeno en el ambiente puede no ser suficiente para mantener la armonía y buen funcionamiento de nuestro organismo.
Cuando se produce una larga estancia a esas alturas el organismo se aclimata a las bajas concentraciones de oxígeno y pone en funcionamiento mecanismos adaptativos y compensatorios tales como el aumento de glóbulos rojos, la facilidad de liberación del oxígeno a los tejidos desde los glóbulos rojos...
Existen tres formas principales de aparición del mal de altura:

- Enfermedad aguda
- Edema pulmonar del mal de altura
- Edema cerebral del mal de altura

Estos procesos pueden ser muy graves e incluso causar la muerte, pero todos ellos se pueden prevenir.
No obstante pueden aparecer otros cuadros clínicos: hemorragia retiniana de altura, alteraciones psicológicas como alucinaciones, depresión...


¿Cuáles son los síntomas del mal de altura?

La falta de oxígeno o hipoxia que se produce en los ascensos bruscos que ocurren al volar en aeronaves no presurizadas (globos aerostáticos, avionetas, helicópteros), dan lugar a una clínica fulminante. De tal forma que las ascensiones por encima de 5000 o 6000 metros pueden producir en pocos minutos una pérdida de conciencia que se puede seguir de un desenlace fatal. Esta evolución tan rápida es debida a la falta de aclimatación o adaptación a las grandes alturas, requisito indispensable para prevenir el mal de altura.

Enfermedad Aguda: este cuadro clínico es el de más frecuente aparición y el más importante en nuestro medio (donde las alturas máximas no superan los 3900 m). Su importancia radica en que puede aparecer a partir de los 2000 metros de altitud y en nuestra geografía son múltiples las cordilleras que superan esa altura. Se caracteriza por la aparición de cefalea, preferentemente en la nuca, de gran intensidad, con fotofobia y algiacusia. Este dolor es poco sensible a los analgésicos habituales. Se considera que es producida por la hipertensión intracraneal, consecuencia de un incipiente edema cerebral. Otros síntomas que aparecen son fatiga, náuseas, disnea, alteraciones del sueño, palpitaciones. Todo el cuadro puede agravarse con el ejercicio físico. En general se dice que recuerda una gripe o una borrachera.
Edema pulmonar del mal de altura: afortunadamente es menos frecuente y se da en alturas que superan los 2700 m. Se suele presentar a partir de las 24h después del ascenso rápido. Su clínica consiste en una sensación de fatiga creciente, tos irritativa seguida de expectoración espumosa o sonrosada, debilidad, intolerancia al ejercicio y finalmente si no se trata puede llevar a la muerte.
Edema cerebral del mal de altura: según los expertos en todas las presentaciones del mal de altura existe cierto grado de edema cerebral, como ya hemos dicho la cefalea descrita en los casos leves podría interpretarse como el inicio de este proceso. Cuando aparece como cuadro florido se convierte en la forma más grave de la enfermedad, evolucionando rápidamente al coma tras pasar por un período de descoordinación motora, alucinaciones, cefalea y confusión mental.


¿Puedo prevenir el mal de altura?

Sí, el mal de montaña se puede evitar en la mayoría de los casos siguiendo unas normas básicas de conducta. Dos son las premisas principales para prevenir su aparición:

1. Tomarse tiempo para aclimatarse cuando se viaja por lugares situados a gran altitud.
2. Dormir o pasar la noche a una altitud inferior a la máxima altitud alcanzada durante el día.

Cuando se realizan actividades en lugares situados a gran altitud, el organismo intenta adaptarse a la concentración de oxígeno en el aire, pero son necesarios varios días para una adaptación completa. En personas sanas el ascenso desde el nivel del mar a 2500 metros o más en un plazo de 24 horas no suele dar problemas, pero pasados estos límites no se debería ascender a un ritmo superior a 300-500 metros por día.
Cuanto más cerca se viva del nivel del mar, más tiempo de adaptación o aclimatación se necesitará para desplazarse a parajes situados por encima de los 2500 metros.




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