Los síntomas varían sobre todo en función de la edad y de la velocidad de instauración de la hidrocefalia.
En los niños de corta edad, los huesos del cráneo no están unidos unos a otros de forma rígida y cuando se produce un aumento de presión en su interior estos huesos se separan entre sí y el volumen y del cráneo aumenta. El incremento progresivo del tamaño de la cabeza más allá de los límites normales es uno de los signos que deben hacer sospechar hidrocefalia. Al mismo tiempo, la separación de los huesos del cráneo puede hacerse evidente a la exploración. Además, la fontanela, orificio palpable a través de la piel en la parte superior del cráneo de los niños pequeños, puede abombarse por la presión. Otros síntomas que se pueden notar son la irritabilidad excesiva o llanto, vómitos, dificultad para la alimentación, retraso en el crecimiento, escasez de movimientos o espasmo muscular, somnolencia, desviación de los ojos hacia abajo y convulsiones, entre otros.
En los adultos y en los niños mayores, en los que se ha producido una fijación más estable de los huesos del cráneo, los síntomas son algo distintos ya que el cráneo no puede crecer y compensar en parte el aumento de presión. Pueden aparecer náuseas y vómitos, dolor de cabeza, visión borrosa o visión doble, desviación de los ojos o estrabismo, falta de coordinación de los movimientos, problemas de equilibrio o alteración de la forma de caminar, alteraciones mentales, somnolencia, alteración del nivel de conciencia, irritabilidad, etc.