Los más frecuentes son los tres siguientes:
1. Vértigo posicional paroxístico: es el más común de los vértigos, produciéndose sobre todo en ancianos. Suele deberse al propio envejecimiento, a infecciones del oído interno, a traumatismos, alteraciones del riego sanguíneo local del oído interno y, a veces, no tiene causa aparente. Se trata de episodios agudos de vértigo de corta duración, desencadenados por los movimientos de la cabeza, con sensación imprecisa de mareo permanente e inestabilidad para la marcha y para los giros. No suele llevar alteraciones auditivas.
La evolución es variable. Pueden producirse remisiones espontáneas, aunque a veces es permanente. Cuando el paciente se acuesta sobre el oído afecto ("maniobra de Hallpike") aparece un nistagmo vertical rotatorio, que es muy característico en este vértigo.
En el diagnóstico debe incluirse un estudio audiológico, electronistagmografía, con pruebas calóricas, resonancia magnética craneal con contraste, para descartar otras causas.
El tratamiento más efectivo es el fisioterápico, consistente en repetir las maniobras que le desencadenan el vértigo y el nistagmo, consiguiendo con ello una desensibilización. Los fármacos antivertiginosos tienen escaso valor por la brevedad de los ataques agudos. Si el vértigo persiste puede intentarse un alivio seccionando el nervio del oído afecto encargado del equilibrio a través de una timpanoplastia.
2. Neuronitis vestibular: es una infección viral producida por virus del grupo Herpes. También puede aparecer en el curso de enfermedades virales tales como el sarampión o la parotiditis. Es más frecuentes en adolescentes y adultos jóvenes.
Aparece un vértigo que progresa hasta hacerse muy intenso e incapacitante para el paciente, junto con náuseas, vómitos, desequilibrio y nistagmo. Suele mejorar al cabo de unas semanas (2 a 4 semanas). El tratamiento es sintomático (es decir, del vértigo y no de la causa que lo origina) en la fase aguda.
Existe una variante de la enfermedad denominada "Síndrome de Ramsay-Hunt", con vértigos, sordera, parálisis facial, dolor de oído y erupción de vesículas en el conducto auditivo externo. En este caso, al tratamiento sintomático debe asociarse tratamiento con fármacos antivirales, es decir, aquellos que actúan contra el virus responsable de la infección.
El diagnóstico incluye el mismo estudio que el apartado anterior.
3. Enfermedad de Menière: es una enfermedad caracterizada por vértigo intenso recidivante, sordera sensorial, zumbidos de oídos, asociado a una dilatación generalizada del laberinto membranoso, una parte del oído interno que interviene en el equilibrio, debida a una excesiva acumulación del líquido que normalmente contiene. La causa de tal acumulación es desconocida. Los ataques de vértigo duran desde algunas horas hasta 24, remitiendo de forma gradual. Suele afectarse un oído, pero hasta en un 10-15% de los casos están afectados los dos.
El tratamiento por un lado debe ser sintomático, con antivertiginosos, a los que se añaden fármacos encargados de eliminar líquidos (diuréticos) y restricción de sal. En pacientes con elevada recurrencia de los ataques se puede realizar intervención quirúrgica en forma de sección del nervio ("neurectomía") vestibular o mediante la extirpación del laberinto.