La artroscopia ha sido empleada con menor frecuencia en la extremidad superior que en la inferior, fundamentalmente a causa de que los trastornos en el miembro superior son menos comunes.
Aunque la artroscopia de hombro se hizo hace más de 60 años, no se le prestó mucha atención hasta los años 70. A medida que los artroscopistas adquirieron experiencia en la artroscopia de rodilla, fue inevitable que el procedimiento se extendiera a otras articulaciones.
La artroscopia de hombro no debe convertirse en un recurso de rutina para diagnosticar trastornos menores en el hombro, pero si otros procedimientos diagnósticos no establecen la causa de un problema crónico en el hombro, la observación directa del interior de la articulación del hombro puede ser de gran valor.
Además las indicaciones terapéuticas son variadas; actualmente se está utilizando ampliamente en el síndrome de compromiso subacromial (hombro doloroso con tendinopatía crónica del manguito de los rotadores) y para la reparación de las luxaciones recivantes de hombro. También como en otras articulaciones es útil en la toma de biopsias, sinovectomías, extracción de cuerpos libres, rigideces, etc.