El crecimiento en altura es directamente proporcional al crecimiento del esqueleto, fundamentalmente de los huesos largos a partir de los núcleos de crecimiento.
Aunque el hueso presenta una fisiología muy dinámica con una continua formación y destrucción del mismo, en esta edad predomina la primera o proceso de osificación; se realiza a partir de los osteoblastos que quedan atrapados en el tejido óseo en formación y almacenando calcio y fósforo, evolucionan a osteocitos, proceso que se repite incesantemente hasta que el núcleo de crecimiento queda totalmente calcificado.
Se forma así la matriz del hueso constituida por fibras de colágeno y sales de calcio y fósforo, de una gran resistencia a la tensión y a la compresión. Este proceso es más intenso en las zonas óseas sometidas a grandes cargas. El crecimiento lineal se mantiene hasta que los núcleos de crecimiento se calcifican totalmente, lo que suele ocurrir entre los 18-23 años de edad, siendo en este periodo muy peligrosos los traumatismos o enfermedades que afecten a los núcleos de osificación.
El ejercicio físico equilibrado supone un estrés para el hueso y estimula el crecimiento del mismo, pero sobre todo produce un incremento de la densidad y amplitud de ellos.
En general, se puede decir que la realización de ejercicio físico durante el crecimiento tiende a generar un esqueleto más denso y fuerte y mejor preparado para soportar cargas y tensiones.