Las dos medidas
que se han demostrado más eficaces para prevenir
la enfermedad, incapacidad y muerte consecuencia de las
enfermedades infecciosas han sido la mejora de las condiciones
higiénico-sanitarias y la vacunación. Mucho
se ha avanzado desde que a finales del siglo XVIII (1796)
Edward Jenner demostrara que las cuidadoras de vacas que
habían contraído el virus de la vaccinia eran
inmunes a la viruela. Jenner inoculó líquido
de las vesículas de vaccinia en la piel de personas
susceptibles induciéndoles protección frente
a la viruela. Era el comienzo de la era de la vacunación.
En nuestros días, y tras más
de 200 años de historia de la vacunación,
esta se ha convertido en una medida de salud generalizada
entre nuestros niños y la gran esperanza hacia la
que siempre apunta la ciencia y la población general
cada vez que nos vemos amenazados por una nueva enfermedad
infecciosa o alguna de las ya conocidas retoma su protagonismo.
Probablemente se trate de uno de los campos más innovadores
de la medicina actual y futura.
Si bien en la edad infantil hemos alcanzado
en España en los últimos años porcentajes
de población vacunada muy altos (superiores al 90%
para las vacunas incluidas en el calendario de vacunación
de la infancia), la situación en la edad adulta es
muy distinta. Así por ejemplo, entre los adultos,
la vacuna del tétanos, frente a la cual todos deberíamos
esta correctamente vacunados, presenta coberturas del 20-30%.
El problema es multifactorial, así,
la ausencia en muchas ocasiones de una cartilla vacunal
en el adulto hace que muchas veces éste no recuerde
que ha sido vacunado, hay vacunas de la infancia que se
introdujeron en el calendario con posterioridad a que muchos
de los actuales adultos fueran niños, con lo cual
estos se encuentran desprotegidos muchas veces sin saberlo,
por otra parte hay vacunas como la de la difteria- tétanos
cuya protección disminuye con los años, siendo
necesario recibir dosis de recuerdo para permanecer protegido
u otras que es necesario actualizar cada año como
la de la gripe. También pueden influir cambios en
la sociedad como el incremento de población adulta
joven que ya no ha realizado el Servicio Militar momento
en el que se aprovechaba para vacunar a la población
adulta. En esta situación lo más importante
es la conciencia que cada individuo debe tener del riesgo
que estas enfermedades conllevan para su salud, y en este
sentido es necesario mejorar la educación e información
sanitarias de la población.
Enfermedades tan frecuentes como la gripe,
que durante una temporada epidémica en España
puede alcanzar 3 millones de casos, presentan coberturas
vacunales muy bajas a pesar de disponer de vacunas eficaces
y seguras. Por ejemplo, en 1982 el coste total (entendido
como costes directos de atención médica y
medicamentos más costes indirectos de bajas laborales,
etc.) de una epidemia muy severa de gripe en los EE.UU.
se estimó en 1.800 billones de las antiguas pesetas,
incluyendo más de 172.000 ingresos hospitalarios
y la única medida que se ha demostrado eficaz tanto
para reducir los costes relacionados con la epidemia como
los ingresos hospitalarios es la vacuna.
Por otra parte cambios en nuestras costumbres
como el importante incremento en el porcentaje de población
que realiza viajes internacionales también suponen
estar expuestos a enfermedades que en nuestro país
no están presentes y frente a las cuales existe la
posibilidad de vacunarse (ver el capítulo "La
vacunación ante un viaje internacional").
La importancia de la vacunación
en el adulto a nivel personal va a ser doble; por una parte
las vacunas protegen al individuo vacunado de sufrir la
enfermedad (en algunos casos se trata de enfermedades tan
graves como por ejemplo el tétanos o la hepatitis
B) y por otra se protege a las personas que conviven con
él, en particular niños y ancianos (incluyendo
también en el caso de las mujeres embarazadas al
futuro niño, como puede ser con la vacuna frente
a la rubéola). Por otra parte cabe recordar que frente
a muchas de las enfermedades que se previenen por vacunas
de interés actual como el sarampión, la rubéola
congénita o la poliomielitis no hay tratamiento eficaz
lo que da mayor importancia si cabe a la vacuna.
Al objeto de mejorar la situación de la vacunación
en la población adulta española el Grupo de
Expertos del PAPPS de la Sociedad Española de Medicina
Familiar y Comunitaria (semFYC) publicó en 2001 las
siguientes recomendaciones:
Calendario vacunal del adulto. Grupos de Expertos del
PAPPS*
*Pareja Bezares A, Álvarez Pasquín MJ, Batalla
Martínez C, Comín Bertrán M, et al.
Prevención de las enfermedades infecciosas. Aten
Primaria 2001;28,S2:72-95
| |
Tétanos- difteria |
Gripe |
Neumococo |
Triple vírica (sarampión,
rubéola, parotiditis) |
Hepatitis A |
Hepatitis B |
Haemophilus influenzae
Meningococo A + C |
| Adulto menor de 65 añosa |
X |
R (1) |
R (2) |
|
R (3) |
R (4) |
|
| Mayor de 65 años |
X |
X |
X |
|
|
| Mujer en edad fértil |
X |
|
|
X |
|
| Embarazo en el segundo- tercer trimestre |
X |
X |
|
|
|
| Inmunodeprimidos del grupo Ab |
X |
X |
X |
|
|
| Inmunodeprimidos del grupo Bb |
X |
X |
X |
|
|
| Inmunodeprimidos del grupo C |
X |
X |
X |
|
R (5) |