"Aprender a ser felices
exige curiosidad, introspección y conocimiento propio"
|
El hombre contemporáneo
es más feliz que sus antepasados, porque dispone
de más medios para ser dichoso, según subraya
el psiquiatra Luis Rojas Marcos en su último libro,
"Nuestra felicidad", de Espasa Calpe. Pero aunque
la ciencia y el progreso nos hayan acercado a ese objetivo
escurridizo llamado felicidad, en esta entrevista para
Saludalia, Rojas Marcos pronostica que en el futuro "no
faltarán hombres y mujeres angustiados".
|
|
En su ensayo se detiene en las
fantásticas contribuciones de nuestros antepasados a nuestra
felicidad, ¿se puede decir que en el siglo XXI somos más
felices que nuestros antecesores?
En general, hoy somos más
felices que antigüamente. No sólo vivimos más
sino que, globalmente hablando, vivimos mejor. Tenemos más
tiempo, más oportunidades, más opciones y más
instrumentos para buscar la dicha. La mayoría de las personas
nos consideramos generalmente felices la mayor parte del tiempo.
Incluso la ansiedad y el desconcierto
que suelen causar en nosotros la tecnología hace que a
menudo nos enfrentemos a ella con los miedos del momento, sin
valorar sus posibilidades. Confundir los frutos del progreso con
dolencias como el aislamiento social, el consumismo descontrolado
o la pérdida de la identidad es erróneo e injusto.
Todas estas percepciones ignoran nuestra capacidad para beneficiarnos
del progreso y aprovechar los nuevos recursos en la búsqueda
del bien común.
¿Comparte el diagnóstico
que a menudo se hace de la sociedad actual, tildada de competitiva,
falta de valores y estresada?
 No
comparto ese argumento. Los seres humanos tenemos una tendencia
a pensar que vivimos en los peores momentos de nuestra existencia.
La Historia es el mejor antídoto de esa nostalgia.
Tampoco coincido con quienes ven
la causa del estrés en la vida de las ciudades modernas.
Pensadores ilustres se han referido a las urbes como centros fríos,
mientras que ensalzan la vida campestre como grata, virtuosa y
saludable. Sin embargo, las ciudades ofrecen múltiples
posibilidades para disfrutar y realizarnos.
El ambiente denso, dinámico
y variado de los centros urbanos extrae de nosotros un nivel superior
de entendimiento y de conciencia. Las urbes reflejan mosaicos
de gentes diferentes que conviven y, al mismo tiempo, preservan
su identidad. Todo ello suscita en nosotros una perspectiva más
relativista y tolerante hacia las diferencias.
La filosofía, la psicología
y la medicina se han ocupado de definir qué entendemos
por felicidad, ¿qué nos queda por investigar sobre ella?
Más que investigar sobre
la felicidad, aunque todavía tenemos mucho que aprender
sobre los mecanismos biológicos y genéticos que
juegan un papel en el sentimiento de dicha, creo que la investigación
deber orientarse a la prevención y cura de los ladrones
de la felicidad: dolor, miedo, odio y depresión.
Como cita en su libro, ¿considera la depresión "el
ladrón de la felicidad más aciago y peligroso de
nuestro tiempo"?
 Sí,
porque nos roba la esperanza, el sentimiento que alimenta la ilusión
de vivir, y nos puede llevar a la autodestrucción. Su incidencia
está aumentando en los países industrializados y
las nuevas generaciones son las más vulnerables a ella.
Aunque los jóvenes de hoy hayan crecido con más
riqueza, más derechos, más posibilidades para realizarse
y más libertad, son más pesimistas y sufren más
hastío y desmoralización.
Una combinación de factores
puede explicar la proliferación de la depresión.
Entre ellos hay que mencionar la creciente glorificación
del individualismo que fomenta la competitividad, el sentimiento
de fracaso por la persecución obsesiva de los ideales sociales,
la frustración por el desequilibrio entre nuestras aspiraciones
y nuestras oportunidades, la responsabilidad personal por nuestros
éxitos y fracasos o el creciente número de rupturas
familiares.
Pero hoy en día los avances
médicos y farmacológicos permiten que las depresiones
endógenas, por causas internas, se diagnostiquen a tiempo
y se traten con bastante precisión. Es más, el 90
por ciento de los casos que se tratan mejoran notablemente o se
curan.
¿Qué nuevas formas presentará
la depresión en el próximo milenio y con qué
armas la combatiremos?
Su presentación será
parecida a la actual: tristeza, falta de ganas de vivir, apatía,
indiferencia, violencia nihilista, etc… La combatiremos con medicinas,
con la mejora evolutiva de la especie y con nuestros conocimientos
sobre el cerebro. La prevención se basará en nuestros
conocimientos del genoma humano.
¿Qué información nos proporcionará el genoma
humano sobre las enfermedades mentales? ¿Podremos anticiparnos
a ellas?
Gracias al desciframiento del
mapa genético humano, podremos identificar los ingredientes
hereditarios responsables de que unas personas enloquezcan y otras
no. Los genetistas podrán prevenir buena parte de las dolencias
mentales que hoy hacen sufrir tanto a los pacientes como a sus
cuidadores.
Paralelamente, las técnicas
de clonación y de regeneración de neuronas o el
uso de las células "madre" pluripotenciales,
permitirán la reconstrucción de las partes dañadas
del sistema nervioso y la curación de las enfermedades
cerebrales más recalcitrantes.
Asimismo, los avances en la tecnología
de imagen digital permitirán observar claramente el cerebro
en funcionamiento de individuos predispuestos a padecer trastornos
psicológicos. Estos males serán diagnosticados precozmente
y podrán tratarse con fármacos más eficaces.
La bioquímica y los genes,
¿determinan nuestra dosis de felicidad?
Nuestro estado de ánimo
predominante depende, en gran medida, de los genes que traemos
al mundo y de la influencia que estos ejercen sobre la formación
de nuestro cerebro y sus redes neuronales y, por tanto, sobre
el desarrollo de nuestra personalidad.
Investigadores de la Universidad
de Minnesota examinaron el grado de satisfacción en la
vida de unos setecientos pares de gemelos idénticos, y
concluyeron que las parejas de mellizos idénticos manifestaban
niveles de satisfacción con la vida bastante parecidos.
Los trabajos de estos científicos demostraron que aproximadamente
el 40 por ciento de la felicidad viene controlada por factores
genéticos.
Sin embargo, no se puede glorificar
el determinismo de los genes, desde una interpretación
superficial y reduccionista de la biología, que trivializa
la importancia del entorno en que nos desarrollamos y aparta nuestra
atención de las circunstancias bajo nuestro control que
influyen en nuestra felicidad.
¿Qué ingredientes tenemos
que reunir en nuestra receta para la felicidad?
 La
felicidad ahora está menos condicionada por el azar o la
fortuna que por aspectos de nuestra personalidad y por decisiones
o comportamientos que están bajo nuestro control. Los tres
ingredientes de la personalidad feliz pueden resumirse en una
autoestima favorable unida al sentido de controlar la vida propia,
un talante optimista y comunicativo, y una buena capacidad para
adaptase a los cambios y superar los retos.
La autoestima más beneficiosa
es la realista, que se basa en la aceptación de nuestras
capacidades y limitaciones y en la ilusión enfocada hacia
metas alcanzables. Las personas tenemos la posibilidad de aumentar
nuestra predisposición a sentirnos dichosos. Aprender a
vivir felices es labor de toda una vida y exige curiosidad, introspección
y conocimiento de nosotros mismos.
Por otra parte, el conocimiento
de quiénes somos es una importante garantía de felicidad,
porque nos ayuda en nuestras relaciones amorosas, en nuestras
amistades y en nuestra vocación profesional.
En suma, se trata de fomentar nuestra
vitalidad física y mental y de prevenir y superar los aguijonazos
que proporciona la existencia, así como de estimular los
rasgos de nuestro carácter que nos ayudan a ser dichosos.
¿Cuál será el
principal reto para la psiquiatría en el nuevo milenio?
Los adelantos en genética,
bioquímica y tecnología médica harán
desaparecer la figura del psiquiatra como especialista en el tratamiento
de enfermedades mentales. De todos modos, sospecho que seguiremos
yendo a psiquiatras expertos en sentimientos, conductas y relaciones
humanas para que nos guíen en la búsqueda de la
felicidad emocional.
Las enfermedades mentales serán
consideradas dolencias físicas del cerebro y no fallos
del carácter. Esta consideración facilitará
que los enfermos mentales no serán víctimas de los
prejuicios y la discriminación como sí ha ocurrido
en épocas anteriores.
Sin embargo, a pesar de todos estos
triunfos de la ciencia, en el futuro no faltarán hombres
y mujeres angustiados. Se buscará intensamente la felicidad,
porque habrá una mayor necesidad de contacto humano, de
intimidad y de apoyo emocional.
Por todo ello, creo que acudiremos
al especialista, no para que nos cure enfermedades sino para que
nos instruya en el arte de vivir. En definitiva, trataremos no
sólo de añadir años a la vida sino momentos
dichosos a los años.
|