Se legaliza el uso de la Toxina Botulínica
para tratar arrugas faciales
Después de
muchas peticiones, al final Sanidad ha decidido aprobar
el uso de la conocida toxina botulínica para
tratar las arrugas faciales. Sin embargo, también
se han establecido unas limitaciones para realizar este
tratamiento con el fin de “controlar” el
uso de esta sustancia.
Recientemente,
el Ministerio de Sanidad ha aprobado el uso de la toxina
botulínica para el tratamiento de arrugas faciales.
Este tratamiento, denominado Botox, es considerado el
'lifting' de las arrugas faciales que no requiere pasar
por el quirófano.
Hasta ahora, la
utilización de la toxina botulínica estaba
restringida a tratamientos oftalmológicos como
el estrabismo, así como para tratar las distonías
focales, la sudoración excesiva (hiperhidrosis)
y ciertas alteraciones neurológicas. Sin embargo,
este tratamiento se amplía ahora para tratar
"arrugas faciales profundas", según
ha explicado Sanidad.
Además,
dicho Ministerio restringe la aplicación de la
toxina botulínica a hospitales y clínicas,
y obliga a que lo hagan médicos titulados que
previamente deberán superar un curso de formación.
Esto retrasará su entrada en el mercado durante
al menos dos o tres meses, y su uso estará restringido
a personas con edades comprendidas entre los 20 y 65
años de edad.
La intención
del Ministerio de Sanidad al realizar estas restricciones
es evitar el uso "clandestino" de este tratamiento,
que ya se comercializa en Francia, y en Estados Unidos
fue aprobada hace dos años, donde, desde entonces,
es el tratamiento más utilizado en cirugía,
por encima de otras intervenciones como las liposucciones.
En este sentido,
tanto el presidente de la Sociedad Española de
Cirugía Plática, Reparadora y Estética,
el doctor Manuel Sánchez Nebreda, como el presidente
de la Academia Española de Dermatología,
el doctor José Luis Díaz Pérez
señalaron durante un seminario impartido a periodistas
sobre este tipo de toxina, que las personas que realicen
este tratamiento “deben ser individuos con una
formación oficial y reglada, y siempre vía
MIR”.
¿Qué
es la toxina botulínica?
La Toxina Botulínica
de Tipo A, proteína purificada derivada de la
bacteria Clostridium botulinum, es una proteína
natural purificada que se administra en pequeñas
inyecciones que relajan el músculo bloqueando
los impulsos nerviosos que desencadenan las contracciones
musculares.
Según la
Sociedad Española de Cirugía Plástica,
Reparadora y Estética y la Academia Española
de Dermatología, se trata de un tratamiento eficaz,
bien tolerado, y que se ha estudiado en pacientes durante
más de 20 años.
La historia y desarrollo
de esta toxina como agente terapéutico se remonta
al año 1895, cuando se identifica por primera
vez la bacteria Clostridium botulinum como agente positivo
en el envenenamiento alimentario hace más de
100 años. Sin embargo, no será hasta los
años 50, tras muchos experimentos y estudios,
que Brooks sugirió que la Toxina Botulínica
A, podía reducir la hiperactividad muscular.
Ya en 1977, Scout,
demostró que este tipo de toxina reducía
ya actividad muscular de forma eficaz y segura, y años
después comenzó a tratar blefaroespasmos,
nistagmus, espasmos hemifaciales, tortícolis
y espasticidad de las piernas.
Ventajas de este
tratamiento
El
tratamiento consiste en la inyección de esta
sustancia en las arrugas profundas de la cara. La toxina
produce una parálisis de los músculos
al expulsar toda la aceticolina, el neurotransmisor
que obedece a los impulsos transmitidos por los nervios
periféricos. Esta sustancia inhibe su acción,
por lo que las órdenes que envía al cerebro
para que se contraigan repetidamente los músculos
dejan de recibirse.
Según el
doctor José L. López Estebaran, responsable
de la unidad de dermatología de la Fundación
Hospital de Alcorcón, los efectos de la toxina
botulínica en el tratamiento de las arrugas faciales
comienzan a notarse a las 24 o 48 horas, si bien el
pico máximo se encuentra entre 1 y 4 semanas
después de realizarse el tratamiento, y sigue
aumentando hasta el tercer mes. Después de este
tiempo, los efectos comienzan a disminuir, si bien hay
casos en los que duran hasta seis meses.
En cuanto a las
dosis recomendadas para este tratamiento, López
Estebarán señala que siempre utiliza una
mayor cantidad en hombres que en mujeres (el doble),
en personas mayores, o en individuos con una mayor masa
corporal. También indica que nunca debe realizarse
a pacientes con hipersensibilidad a componentes de la
toxina, a aquellos que tiene trastornos musculares,
a mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, o a
enfermos con tratamientos con medicaciones que bloquean
la unión neuromuscular.
Por otro lado,
se deben destacar los posibles efectos secundarios que
puede conllevar este tratamiento. Es el caso de “equimosis
(hematomas) en el sitio de inyección, dolor y
edema, ptosis palpebral (caída de párpados,
ojos y cejas), asimetrías de expresión
facial, cefaleas y una especie de síndrome pseudo
gripal”, señaló durante dicho seminario
el doctor Emilio García Tudor, Cirujano Plástico
de la Clínica Universitaria de Navarro, quien
añadió que todos estos son síntomas
temporales para los que además existen fármacos
que ayudan a eliminarlos.
Debido a estos
efectos, Sanidad ha decidido que el empleo de la toxina
botulínica quede restringido a la zona frontal,
el entrecejo, patas de gallo, es decir, de la nariz
hacia arriba y no debe aplicarse en el labio o alrededor
de la boca.
Además,
también se ha lanzado una advertencia ya que
debido a una mala praxis, se pueden relajar unos músculos
y contracturar otros que no se deseaban si no se aplica
correctamente la técnica, por lo que pueden producirse
expresiones negativas o incómodas para el paciente.
¿Para qué
otros problemas estaba indicado este tratamiento en
España?
Hasta la aprobación
del uso del 'botox' en clínicas privadas, la
aplicación de la toxina estaba restringida a
hospitales y era empleada exclusivamente en tratamientos
oftalmológicos (estrabismo), trastornos del movimiento,
o en tratamientos neurológicos.
Según el
doctor Juan José López Lozano, jefe de
la Unidad de trastornos del movimiento del departamento
de Neurología de la Clínica Puerta de
Hierro de Madrid, “podemos decir que la toxina
botulínica durante los más de 14 o 15
años que venimos utilizándola para este
tipo de trastornos es un agente potente y una terapia
eficaz y revolucionaria en el tratamiento neurológico”.
Otro de los trastornos
para el que se utiliza esta toxina es la hiperhidrosis
o sudor excesivo (cuando la producción de sudor
es superior a 50 mg en 5 minutos en las axilas, o 20
mg en 5 minutos en las palmas de la mano), un trastorno
que afecta más a los hombres que a las mujeres
y que se manifiesta especialmente en la niñez
o la pubertad, tal y como indicó el doctor López
Estebarán.
Las zonas afectadas
por esta patología son las axilas, las palmas
de las manos, las plantas del pie, y la cara, y puede
estar provocado por varios motivos: estrés emotivo,
actividad mental, o estímulos térmicos.
Una decisión
muy esperada
Una
vez hecha pública la decisión del Ministerio
de Sanidad de aprobar la Toxina Botulínica, y
tal y como hemos visto anteriormente, las reacciones
de los especialistas en esta área no se hicieron
esperar.
En este sentido,
la vicepresidenta primera y portavoz de la Sociedad
Española de Medicina Estética (SEME),
Lourdes Martín Díaz, fue de las primeras
en expresar su satisfacción por la postura tomada
por Sanidad.
Sin embargo, Martín
Díaz también reclamó a las autoridades
sanitarias que se mantengan vigilantes para "evitar
que la aplicación de la toxina botulínica
para el tratamiento de arrugas faciales la realicen
personas sin título ni experiencia".
A este respecto,
la experta pidió al Ministerio de Sanidad que
"especifique muy claramente que el uso de la toxina
tiene que estar en manos de profesionales médicos,
que conozcan la técnica", y añadió
que "espero que nadie cometa la temeridad y el
riesgo de aplicarla sin tener título de licenciado
y sin conocer perfectamente la técnica".
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