¿Cómo
se manifiesta?
El cuadro clínico consiste en una serie
de síntomas respiratorios y sistémicos
que aparecen tras la inhalación del agente
causal. Puede aparecer de forma aguda, subaguda
o crónica. Lo habitual es que los síntomas
desaparezcan una vez que el paciente se separa
de la causa o con la administración de
corticoides.
La forma aguda de la enfermedad se caracteriza
porque los síntomas aparecen de forma brusca
tras cuatro-seis horas de la exposición.
Se presenta tos, fiebre, dificultad para respirar,
mal estar general, mialgias (dolores musculares),
etc. Se han etiquetado como cuadros gripales y
suelen desaparecer en las 24 horas siguientes,
aunque no es inusual que persistan varios días
o semanas. En algunos casos el cuadro puede ser
grave.
Aproximadamente el 15% de los pacientes presenta
un cuadro más insidioso y más prolongado
en el tiempo. Desarrollan una bronquitis crónica
con tos, expectoración y dificultad para
respirar con el esfuerzo, además pueden
presentar cansancio, falta de apetito y pérdida
de peso.
Sólo un pequeño número de
pacientes desarrolla una enfermedad crónica
que se caracteriza por dificultad para respirar
incluso en reposo, tos, y signos de una insuficiencia
respiratoria crónica.

¿Cómo
se diagnostica?
Esta
enfermedad se sospecha ante todo por la historia
clínica del paciente: síntomas
respiratorios asociados a aun ambiente propicio.
Por tanto, para el diagnóstico de la
enfermedad a veces es necesario realizar una
prueba de provocación que demuestre la
relación causa-efecto, consiste en hacer
que el paciente inhale la sustancia cuando no
presenta los síntomas y mientras se realiza
la prueba se analiza si aparecen estos. También
se evalúa la función pulmonar
y la temperatura, y además, se analizan
en sangre algunos marcadores. Si durante la
prueba aparecen síntomas importantes
esta debe ser suspendida. La prueba se considera
positiva cuando el paciente presenta 48 horas
después de la exposición síntomas
respiratorios, fiebre y/o alteraciones en la
radiografía de tórax y en las
pruebas de función pulmonar que remiten
con corticoides.
Además de demostrar la causa se pueden
estudiar una serie de parámetros en la
sangre del paciente como son las precipitinas
específicas frente al antígeno
sospechado, que no son más que los anticuerpos
que el sujeto genera frente al antígeno.
También se suelen solicitar pruebas
cutáneas que consisten en ver la reacción
que provoca en la piel la inoculación
intradérmica del antígeno.
La radiografía de
tórax mostrará si existen las
lesiones típicas de la enfermedad, las
pruebas de función pulmonar también
son necesaria en el estudio de estas enfermedades.
En muchos casos se solicita una broncoscopia
con lavado broncoalveolar.

Tratamiento
y pronóstico
En las formas agudas y subagudas, la respuesta
tras la separación del agente es buena,
con desaparición completa de los síntomas,
de las lesiones radiológicas y de las
alteraciones de la función pulmonar.
La administración de corticoides se
debe mantener hasta 30-60 días de la
manifestación de los síntomas;
posteriormente se continuará con la dosis
mínima que evite la reaparición
de los síntomas.
En las formas crónicas o en las que
la exposición se considera inevitable,
se administrarán corticoides y se tratarán
las complicaciones. Aun así, el grado
de reversibilidad es nulo y la respuesta a los
corticoides pobre.
En cuanto a la prevención, dado que
la mayoría de los cuadros son profesionales,
es preciso la realización de campañas
informativas acerca del riesgo y de la adopción
de medidas para evitarlos. Se han propuesto
mascarillas especiales en los trabajos de alto
riesgo, aunque sus beneficios todavía
no están claramente demostrados. Se recomiendan
tanto la puesta en marcha de campañas
de higiene laboral como la creación de
normativas que impida al trabajador afecto continuar
en su puesto, aunque proporcionándole
otras funciones.