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¿Qué es?
La Neumonía
es un proceso inflamatorio agudo del pulmón, provocado
por agentes infecciosos, aunque también puede ser
provocada por agentes físicos o químicos bien
inhalados o por aspiración del contenido gástrico
cuando el nivel de conciencia es bajo o existe algún
trastorno de la deglución.
Distinguimos tres categorías:
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Neumonía
extrahospitalaria o adquirida en la comunidad: Se produce
en aquellas personas que no han estado ingresadas en
ninguna institución.
Neumonía
intrahospitalaria o nosocomial: Se adquiere durante
la estancia en el hospital, incluso se denominan así,
aquellas que se producen durante los 10 días
después del alta hospitalaria.
Neumonía
en el paciente inmunodeprimido: Nos referiremos a ellas
en aquellas personas que presenten algún grado
de alteración del sistema inmunológico
que facilite la aparición de infecciones (diabéticos,
enfermos con cáncer, tratamiento quimioterápico,
cirrosis
hepática o pacientes con infección
por el virus del SIDA). |
Por la forma de presentación
distinguimos:
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Neumonía
típica: Que tiene un comportamiento clínico,
radiológico y evolutivo muy bien definido.
Neumonía
atípica: El cuadro clínico es menos
definido y más larvado. |

¿Qué
lo produce y como se produce?
Las causas más frecuentes de las neumonías
típicas son las de origen bacteriano, especialmente
el Streptococo pneumoniae responsable del 20 al 70% de las
mismas. Otros gérmenes responsables son el Mycoplasma
pneumoniae, Chlamydia
pneumoniae, Haemophilus influenzae, virus influenza A, Coxiella
burnetii y Legionella pneumóphila. Los gérmenes
implicados en las neumonías
atípicas son el M. Pneumoniae, C. Pneumoniae, Legionella
y virus. La tuberculosis puede presentarse también
como una neumonía
y hay que tenerla en cuenta en el diagnóstico.
Las neumonías
son más graves en pacientes con enfermedades crónicas
como bronquitis
crónica, diabetes,
ancianos, alcohólicos, enfermedades del hígado
(cirrosis),
insuficiencia renal y tumores. En pacientes de más
de 65 años es más frecuente además
del S. Pneumoniae el Haemophilus influenzae, los bacilos
gram negativos provenientes de la orina, el Staphylococcus
aureus, la Legionella y los virus.
Usted debe informar a su médico si viajó al
País Vasco (Fiebre Q) o a la Comunidad Valenciana
(Legionella), si ha tenido contacto con animales o ha estado
en instituciones cerradas (cárceles, asilos, etc.).
¿Cuándo
sospechar una neumonía?
Si usted presenta de forma brusca fiebre, precedida o no
de escalofríos, tos con expectoración
purulenta y dolor en algún costado o en el pecho
que se acentúa al respirar profundamente, que incluso
le corta la respiración, puede usted tener una neumonía.
En otras ocasiones los síntomas pueden ser más
solapados con tos seca, febrícula ( temperatura inferior
a 38º C.), dolores musculares, diarrea, afectación
del estado general, dolor de cabeza y, lo que más
le debe alertar: una progresiva dificultad para respirar,
usted puede estar ante una neumonía
atípica y debe dirigirse a un centro sanitario.

¿Cómo
saber o confirmar que tengo una neumonía?
Si se trata de un paciente
joven o sin enfermedades importantes, con buen estado general
no tiene gran sentido seguir realizando pruebas ya que sólo
se alcanza el diagnóstico
etiológico (de la causa) entre el 30 al 50% de
las neumonías.
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Tanto el cultivo
de esputo como los hemocultivos
son técnicas poco rentables y por supuesto, baja
más su rentabilidad si se toman antibióticos
antes de recoger las muestras. Fundamentalmente se solicitan
en las neumonías
graves que ingresan en el hospital o en aquellos casos
en que deseamos descartar una tuberculosis.

Además de las técnicas de cultivo
disponemos de métodos de diagnóstico rápido
como la inmunofluorescencia directa (IFD)
para Legionella, técnica que se puede realizar
en diversos líquidos orgánicos (orina,
esputo etc.), además de técnicas serológicas
para Chlamydia,
Micoplasma, etc. Pero sin duda la incorporación
de técnicas de ampliación genética:
PCR
(reacción
en cadena de la polimerasa), representan en la actualidad
una gran ayuda para el diagnóstico rápido
de la neumonía.
Las técnicas más agresivas como el lavado
broncoalveolar, TAC
(tomografía axial computadorizada), la punción
transtorácica o el catéter telescopado
se emplean en aquellas neumonías
de difícil diagnóstico o en aquellos pacientes
que por su evolución complicada precisan intubación
e ingreso en las unidades de vigilancia intensiva.
Además en los casos graves o con enfermedades
de las anteriormente descritas se debe solicitar un
análisis de sangre completo para valorar la presencia
de anemia y los leucocitos
(glóbulos blancos) con objeto de identificar
leucocitosis
extremas ( más de 25.000 leucocitos
por milímetro cúbico) o leucopenias (
menos de 3.500 células por milímetro cúbico),
la coagulación con objeto de despistar una coagulación
intravascular diseminada (CID) que tendría un
pronóstico ominoso, una gasometría arterial
para valorar el oxígeno en sangre y una función
renal para descartar insuficiencia renal aguda. Incluida
la glucemia
y los iones
ya que determinadas neumonías
pueden provocar hiponatremias ( sodio bajo). |
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