Como la evolución de la enfermedad
es lenta y progresiva, los síntomas aparecen de forma
inadvertida. Esto conlleva un diagnóstico tardío
ya en fases avanzadas de la enfermedad.
La
EPOC
suele manifestarse a partir de la quinta década de
la vida con la aparición de tos crónica y
expectoración matutina. Estos síntomas los
presentan la mayor parte de los días durante al menos
tres meses al año y durante más de dos años
consecutivos. Con frecuencia presentan infecciones respiratorias
preferentemente invernales. Todo ello se desarrolla en pacientes
con hábito tabáquico de al menos 20 cigarrillos
al día, durante al menos 20 años.

Otro síntoma destacado es la dificultad para respirar
o disnea que aparece en fases avanzadas de la enfermedad
y se desarrolla de forma progresiva. Así, al principio,
se manifiesta sólo con el esfuerzo (ejercicio: marcha
rápida), pudiendo pasar inadvertida. Progresivamente,
la disnea va en aumento, de manera que en los estadios finales
se pone de manifiesto al realizar actividades que requieren
mínimos esfuerzos como son el aseo o la comida.
Clásicamente se han descrito dos tipos clínicos
en los enfermos con
EPOC:
A. Tipo soplador sonrosado
Se trataría de pacientes delgados con marcada dificultad
para respirar y niveles aceptables de oxígeno en
sangre hasta fases avanzadas de la enfermedad. Se ha intentado
relacionar con la presencia de
enfisema.
B. Tipo abotargado azul
En este caso son enfermos de constitución robusta
y poca altura, con cierta dificultad para respirar y con
niveles bajos de oxígeno y altos de carbónico
en sangre desde fases tempranas de la enfermedad. Presentan
tos y expectoración habitual y pueden desarrollar
de forma precoz una insuficiencia cardíaca derecha,
que se manifiesta, fundamentalmente, por edemas en las piernas.
Su base anatómica sería predominantemente
la
bronquitis
crónica.
Aunque ambos prototipos existen, en la mayoría de
los pacientes con
EPOC
se suman rasgos de uno y otro grupo, siendo difícil
encontrar tipos puros.
En ambos casos en las fases más avanzadas de la enfermedad
aparece hipertensión pulmonar y cor pulmonale crónico
(fallo cardiaco derecho debido a la hipertensión
pulmonar pulmonar) que se manifiesta predominantemente por
aumento de la dificultad respiratoria y edemas o hinchazón
de piernas.
Estos síntomas condicionan la actividad física
de estos enfermos, produciéndose un deterioro progresivo
que anula la actividad profesional y limita el resto de
las actividades hasta reducir la vida del paciente a su
domicilio con imposibilidad de salir a la calle.
Además de los síntomas propiamente respiratorios
se ha comprobado que estos enfermos padecen con mayor frecuencia
úlcera gastroduodenal. También entre los síntomas
del paciente con
EPOC
cabe destacar la disfunción sexual. Por último,
la calidad de vida se ve afectada por las alteraciones psicofísicas
que sufren estos enfermos.