La vacuna de la tuberculosis
¿Cómo se trata la tuberculosis?

 

La vacuna de la tuberculosis
La vacuna de la tuberculosis se produce a partir de una cepa viva atenuada de Micobacterium bovis, llamada también BCG o "bacilo biliado de Calmette y Guèrin". Comenzó a usarse en las primeras décadas del siglo XX, inicialmente con gran entusiasmo. Sin embargo, existía gran controversia respecto a su inocuidad, por lo que aparecieron también grandes detractores de la misma. Aún hoy en día, existe discusión respecto a su utilidad ya que no se han demostrado diferencias significativas entre países vacunados y no vacunados, y además la vacunación masiva interfiere las investigaciones epidemiológicas sobre la evolución natural de la infección y el efecto de la vacuna es limitado.

La OMS recomienda aplicar la vacuna en los países en vías de desarrollo y en el Tercer Mundo. La vacuna reduce de forma considerable la proporción de tuberculosis en comparación con los no vacunados que vivan sometidos al mismo riesgo, evitando sobre todo las formas diseminadas y meningitis fundamentalmente en niños.

La protección de la vacuna es variable, desde 0 a 80% según los estudios realizados, dependiendo de los productos que se utilicen y su potencia, la técnica de administración y factores como la edad, área geográfica, prevalencia de la tuberculosis, etc.

La vacuna tiene sus limitaciones: como no impide la infección, no modifica la evolución clínica de la tuberculosis en el adulto, que es la principal fuente de contagio; no es eficaz para los ya infectados y además enmascara la prueba de la tuberculina, dificultando el diagnóstico sobre todo en el niño, e impide conocer la prevalencia le la tuberculosis en los países donde se realiza la vacunación de forma masiva para poder realizar programas para su control.

La vacuna debe administrarse por vía intradérmica. Las complicaciones son raras y leves: inflamación local o de los ganglios regionales que puede evolucionar a abscesos. Otra complicación más rara es la diseminación tuberculosa en pacientes inmunodeprimidos, sobre todo en SIDA en los que en principio la vacuna estaría contraindicada.

En España, en 1965, se inició la Campaña Nacional de Erradicación de la tuberculosis con vacunación masiva en recién nacidos y escolares. Esta campaña finalizó en 1973, pero se continúo vacunando a los recién nacidos hasta 1978, fecha en la que se desaconsejó también para estos. Las últimas recomendaciones de la OMS aconsejan que la vacunación sólo debe realizarse de forma individual en situaciones especiales. Las indicaciones reales son: niños sin infección tuberculosa (prueba de tuberculina negativa) y con exposición a individuos tuberculosos bacilíferos o pertenecientes a colectivos con alta incidencia de tuberculosis y dificultades de atención sanitaria.

Tras la vacunación, la prueba de tuberculina se hace positiva de forma variable, pero la reactividad disminuye con el tiempo, probablemente no exista después de 10 años.

 

 

¿Cómo se trata la tuberculosis?
  Tratamiento de la infección
Los sujetos infectados, es decir, tuberculin-positivos, no enfermos, pueden recibir en casos determinados tratamiento para evitar el desarrollo de la enfermedad tuberculosa en el futuro, y también es útil para evitar que otros individuos enfermen y a su vez sean fuente de infección para otros. El tratamiento de la infección se denomina quimioprofilaxis tuberculosa. Ésta se da en sujetos que tengan mayor riesgo de infectarse como en:
    Convivientes o contactos con enfermos bacilíferos y con prueba de tuberculina positiva, excepto en niños e inmunodeprimidos que se aplicará incluso con tuberculina negativa. Sujetos que han pasado de ser tuberculin-negativos a tuberculin-positivos en menos de dos años.
Infección por VIH o prácticas de riesgo.
Tuberculin-positivos con factores de : silicosis, tratamiento con esteroides o inmunosupresores, leucemias o linfomas, diabetes, insuficiencia renal, personal que trabaja en prisiones, hospitales, cuartéles u otros colectivos cerrados, etc.
 
El fármaco de elección es la isoniacida, que en general se tomará diariamente durante 6 meses. Su eficacia como tratamiento preventivo cuando se realiza correctamente es superior al 90% y sus efectos beneficiosos persisten durante más de 20 años. Como efecto secundario más importante hay que destacar el aumento de transaminasas (enzimas que miden la función hepática) o incluso un cuadro de hepatitis aguda, similar a luna hepatitis por virus, con una incidencia entre 1-5% de los casos. Este efecto adverso es más frecuente en niños, en alcohólicos y, sobre todo, aparece durante el primer trimestre del tratamiento, por lo que ante aparición de síntomas compatibles debe consultarse siempre al médico.

Tratamiento de la enfermedad
En el tratamiento de la tuberculosis se deben asociar varios fármacos para evitar la formación de resistencias a los mismos que aparece cuando se usa un solo fármaco. Las resistencias pueden ser:
    Resistencias primarias: ocurren en el enfermo que nunca ha recibido medicación para la tuberculosis y que, por lo tanto, es infectado desde el principio por una cepa resistente.
Resistencias secundarias o adquiridas: aquellas que aparecen como consecuencia de una incorrecta utilización de los fármacos tuberculostáticos.
Tuberculosis multirresistentes: aquella tuberculosis que es, al menos, resistente a isoniacida y rifampicina.
 

Los fármacos que más producen resistencias son la rifampicina, isoniacida, etambutol, estreptomicina y con menos frecuencia la pirazinamida. La combinación de varios principios activos en el mismo producto comercial, evita la monoterapia y mejora la cumplimentación evitando así el riesgo de aparición de resistencias secundarias.

El tratamiento inicialmente y de forma general consiste en asociar isoniacida + rifampicina + pirazinamida durante 2 meses, y continuar con isoniacida + rifampicina durante 4 meses más. No obstante, esta pauta puede modificarse en casos especiales: VIH, embarazadas, enfermedad hepática, tuberculosis resistentes a estos fármacos...

El paciente con tuberculosis puede hacer el tratamiento de forma ambulante, precisando ingreso hospitalario sólo los casos con complicaciones, enfermos con mala cumplimentación y problemas sociales. Las medidas que se recomiendan para evitar la transmisión de la enfermedad a convivientes en el domicilio son:

    Asegurar la toma correcta de la medicación.
Evitar tos o estornudos, usar pañuelos desechables, mascarillas.
Adecuada ventilación.
Evitar la presencia de personas previamente no expuestas.

En principio, estas medidas deben mantenerse durante 2 semanas tras el inicio del tratamiento, ya que transcurrido este tiempo los pacientes inicialmente bacilíferos pueden considerarse no infectivos.

Durante el periodo de tratamiento se llevaran a cabo controles analíticos, microbiológicos y radiológicos para confirmar la efectividad del mismo y vigilar la aparición de toxicidad por medicamentos. Los efectos secundarios indeseables más frecuentes son: toxicidad hepática (puede producirse con los 3 fármacos del tratamiento inicial), aumento del ácido úrico (con la pirazinamida), neuropatía periférica (con la isoniacida).

Uno de los problemas más importantes es la adherencia al tratamiento, es decir, una gran cantidad de pacientes no realizan un tratamiento correcto durante los meses que se le indican. También existe este problema en el caso de la cumplimentación de la quimioprofilaxis. La no adherencia dificulta la curación del paciente, posibilita la formación de cepas con resistencias e impide conseguir los objetivos de control de la enfermedad a nivel de Salud Pública. Este problema afecta fundamentalmente al Tercer Mundo, indigentes, alcohólicos, enfermos psiquiátricos y personas con escaso apoyo familiar o social. Para intentar paliar este aspecto se han llevado a cabo programas de tratamiento directamente supervisado (TDS), donde el personal sanitario o voluntariado social, observa directamente la toma de la medicación. Se tiende a utilizar pautas cortas o intermitentes y los medicamentos pueden ser proporcionados de forma gratuita. De esta forma, se logran curaciones hasta el 95% de los casos, incluso en los países más pobres.

 

Fecha de publicación: Febrero 2001

Dra. Susana Flórez Martín
Médico especialista en Neumología
Sección de Neumología. Hospital Severo Ochoa. Leganés. Madrid

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