|
Cuando el cuerpo “se queja”: Los Trastornos
Psicosomáticos
¿Quién
no ha sentido un nudo en el estómago ante un acontecimiento
sobrecogedor? ¿Cuántas veces hemos visitado
el retrete antes de ir a un examen? ¿Por qué
se acelera el corazón cuando se espera una noticia
con ansia? ¿Y si la vida de una persona viene marcada
por una dolencia de este tipo?
Para aclarar estas cuestiones es fundamental
tener en cuenta que dividir al ser humano en cuerpo y mente
es un artificio. Esta circunstancia nos sirve para clasificar
una serie de enfermedades, pero la realidad es más
compleja, y la interconexión entre lo que pensamos,
nuestras emociones y nuestro funcionamiento físico
es un hecho. Así, cuando enferma el cuerpo, se van
a producir una serie de reacciones en los procesos mentales
del individuo para adaptarse a esa nueva situación.
Y viceversa, los estilos de pensamiento, la forma de comportarse
ante los demás y nuestras emociones conllevan cambios
en el estado físico. En este ámbito aparecen
los trastornos psicosomáticos, que por ello también
se han denominado recientemente factores psicológicos
que afectan al estado físico. El sujeto puede ser
a su vez estar completamente sano o presentar alguna enfermedad
orgánica objetivada (por ejemplo, angina de pecho);
en ambos casos es lícito hablar de trastornos psicosomáticos,
puesto que los dos son influenciables por el estado psíquico.
Este fenómeno es muy evidente
en los niños pequeños, en los cuales el lenguaje
aun no puede expresar el estado de ánimo; sin embargo
de esta manera puede expresar su malestar, a través
de multitud de síntomas (cólico abdominal,
espasmo del sollozo, dolor de cabeza, crisis de asma). En
el adulto, de igual forma, pueden afectarse todos los aparatos
o sistemas orgánicos (cardiovascular, respiratorio,
endocrino, etc), aunque sólo nos centraremos en los
más frecuentes.
¿Cómo
se origina un trastorno psicosomático?
Una característica de
personalidad que suelen compartir los pacientes afectados
es la dificultad para expresar sentimientos y/o para afrontar
factores estresantes generales (p. ej., la muerte de un
familiar, un divorcio, un embarazo, etc). Estos estados
anímicos activan o inhiben procesos corporales. Algunos
estudios han demostrado que el afrontar de forma optimista
estos sucesos protege de la aparición de estos trastornos.
Por otro lado, se han definido ciertos patrones de conducta
que parecen asociarse a algunas enfermedades: la llamada
personalidad tipo A (sujetos hiperactivos, agresivos, impacientes,
muy implicados en le trabajo) es un factor de riesgo para
padecer cardiopatía isquémica (angina de pecho,
infarto de miocardio (IAM)); la personalidad tipo B (personas
tranquilas, confiadas, con expresión abierta de sus
emociones) no está asociada a ninguna enfermedad
(actuaría como factor “protector”), y
la personalidad tipo C (sujetos pasivos, conformistas, sumisos,
con escasa expresión de sus emociones) parece predisponer
a algunos tipos de cáncer.

Manifestaciones clínicas
Vamos
a enumerar a continuación algunos de los trastornos
psicosomáticos más frecuentes, que en algunos
casos, como ya se expuso anteriormente, son enfermedades
orgánicas bien definidas, pero que se ven afectadas
(en su inicio, evolución o intensidad) por factores
psicológicos.
Cardiopatía
isquémica
La angina de pecho y el IAM son formas
clínicas de esta enfermedad, que por su frecuencia
y gravedad es la primera causa de muerte en Occidente. Las
investigaciones epidemiológicas llevaron a descubrir
la personalidad tipo A, que hace que los sujetos que la
poseen tengan 2,5 veces más probabilidades de tener
la enfermedad. Los programas de prevención van encaminados
a intentar modificar sus elementos (tensión, competitividad,
etc).
Asma bronquial
El espasmo o cierre de los bronquios
en respuesta a diferentes estímulos (infecciones,
polvo, ejercicio) origina los síntomas de la enfermedad
(tos, dificultad respiratoria y sibilancias o “pitos”).
El estrés en general y ciertos estados emocionales
pueden desencadenar crisis de asma, y se ha descrito mayor
predisposición al trastorno en sujetos con fuerte
deseo inconsciente de protección/amparo por la madre,
que suele ser dominante y excesivamente solícita
y servicial.
Colon irritable
Caracterizado por una alteración
funcional del intestino (es decir, que el intestino es morfológicamente
normal, no hay inflamación, ni pólipos, etc)
consistente en cambios del hábito intestinal (diarrea,
estreñimiento) y dolor abdominal. Origina a veces
gran cantidad de pruebas complementarias para asegurar el
diagnóstico, que puede ser muy difícil. Aunque
es de naturaleza “benigna” puede ocasionar muchas
molestias al paciente.
Lumbalgia
El dolor de espalda a nivel lumbar
es una de las principales causas de baja laboral en nuestro
medio. Muchos de estos dolores no tienen ninguna alteración
ósea o muscular que los justifique, y se piensa que
el tono emocional afecta al sistema de irrigación
sanguínea muscular, rediciéndose éste
y produciéndose así el dolor. La fibromialgia
es una forma concreta de estos dolores crónicos,
de tejidos blandos, y se caracteriza por zonas puntuales
que desencadenan intenso dolor a la palpación, llamadas
zonas “gatillo”.
Cefalea tensional
Se trata del dolor de cabeza más
frecuente en la población general, y se relaciona
con la contracción mantenida de los músculos
de la cabeza y el cuello. Suele aparece en la nuca y se
puede extender a toda la cabeza. Típicamente empeora
a lo largo del día. También se ha asociado
a la personalidad tipo A.
Infertilidad psicógena
Algunas mujeres no consiguen quedarse
embarazadas a pesar de no existir motivos orgánicos
que lo justifiquen. A veces la excesiva preocupación
por la maternidad afecta al sistema nervioso que regula
la función hormonal y éste a su vez produce
amenorrea (ausencia de menstruación) o hemorragias.
La frecuencia de este trastorno no se conoce exactamente,
oscilando según las fuentes entre el 0,1 y el 28%.
Eczema
Consiste en la formación en
la piel de vesículas y costras, con gran picor. Hay
muchos tipos diferentes, siendo algunos de ellos más
influenciables por el estrés que otros.

¿Cuándo se debe consultar al médico?
En primer lugar hay que señalar
que en muchos momentos la presencia de síntomas de
este tipo es normal y se deben a las interconexiones fisiológicas
del sistema nervioso con el resto de los sistemas corporales.
Si los síntomas se mantienen en el tiempo y limitan
la vida sociolaboral o familiar del paciente, o impiden
su desarrollo personal, se habla de trastorno. En ese momento
se deberá consultar con el médico, que deberá
valorar inicialmente el problema y discernir si hay datos
de enfermedad orgánica (física), si todos
los síntomas pueden justificarse por factores psicológicos,
o y si coexisten ambas cosas. Para ello en algunas ocasiones
hay que recurrir a alguna prueba diagnóstica complementaria,
habitualmente sencilla (radiografía de columna, análisis
de sangre, TAC craneal…). Es muy importante en este
momento hacer consciente al paciente de los factores que
intervienen en su enfermedad, sin poner en duda la existencia
e intensidad del padecimiento, para así evitar realizar
otras pruebas diagnósticas molestas, que sólo
causan ansiedad y confusión en el paciente.

Tratamiento de los trastornos psicosomáticos
Dado
que son los factores psicológicos los que originan
y/o modifican estas enfermedades, el enfoque terapéutico
va a ser la psicoterapia. Las técnicas de modificación
de conducta y de relajación son muy eficaces en algunos
casos. Es muy importante evitar en lo posible los psicofármacos,
por su potencial adictivo. Solo en casos de intensa ansiedad
se pueden asociar antidepresivos o sedantes, dependiendo
de los síntomas, bajo la estricta supervisión
del psiquiatra, siempre que sea posible. En los casos asociados
a enfermedades orgánicas el paciente deberá
acudir, además, al especialista correspondiente (cardiólogo,
neumólogo, etc), siendo muy aconsejable en estos
procesos el enfoque multidisciplinar (médico, psicólogo,
psiquiatra) para poner en común todos los aspectos
que intervienen en el trastorno.de la enfermedad.
|