Salud del anciano > Enfermedades frecuentes > Hipertensión arterial en el anciano

Vista Rápida
¿Qué es la tensión arterial?
¿Cuándo se considera Hipertensión arterial?
¿Cómo se mide la tensión arterial?
¿Cuál es la frecuencia de la Hipertensión arterial en el anciano?
¿A que se debe la elevación de la presión arterial en el anciano?
¿Cuáles son los tipos de hipertensión arterial en el anciano?
¿Cuáles son las consecuencias de la hipertensión arterial en el anciano?
¿Qué factores pueden favorecer la hipertensión arterial?
¿Cómo se diagnostica la hipertensión arterial en el anciano?
¿Cómo se trata la hipertensión en el anciano?
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¿Qué es la tensión arterial?

La tensión arterial es la presión con que la sangre circula a lo largo de las arterias. Cuando se mide la tensión arterial se determinan dos cifras, una cifra máxima y una mínima. La cifra máxima o sistólica es la presión que mantiene la sangre cuando el corazón esta en sístole, es decir, cuando se contrae y expulsa la sangre al resto del organismo. Y la cifra mínima o diastólica es la presión que oponen los vasos arteriales cuando el corazón esta en diástole, es decir, cuando se dilata y se llena de sangre.


¿Cuándo se considera Hipertensión arterial?

Por consenso, según Comités de Expertos, se acepta como hipertensión arterial a la elevación crónica y mantenida de la tensión arterial sistólica de 140 mmHg o superior y de la tensión arterial diastólica de 90 mmHg o superior, con independencia de la edad, para adultos de 18 años o más, que no reciben tratamiento antihipertensivo y que no presentan enfermedad aguda. Si la medida se realiza con monitorización ambulatoria automática o medida ambulatoria domiciliaria, se considera el límite normal, para el periodo activo de cifras inferiores a 135/85 mmHg.

En el anciano, predomina el aumento de la tensión sistólica de forma desproporcionada con respecto a la elevación de la diastólica o incluso de forma aislada, y el aumento de la presión de pulso, que es la diferencia entre la tensión sistólica y la diastólica. Según consenso, se considera Hipertensión sistólica aislada a una presión sistólica igual o superior a 140 mmhg, con una diastólica inferior a 90 mmHg.


¿Cómo se mide la tensión arterial?

La tensión arterial se mide con un aparato llamado esfingmomanómetro o tensiómetro, y se mide en milímetros de mercurio (mmHg). Las determinaciones se deben realizar preferiblemente con un esfingmomanómetro de mercurio; de no ser así, pueden emplearse un manómetro aneroide recientemente y periódicamente calibrado, o bien un aparato automático o semiautomático validado. Los medidores de presión digitales son inexactos. La primera aparición de un sonido durante el desinflado del manguito se utiliza para definir la presión arterial sistólica, y la desaparición del sonido para la diastólica.

En el anciano es fundamental no detectar falsos hipertensos, por lo que existen unas recomendaciones internacionalmente aceptadas de las condiciones necesarias para medir de manera correcta la tensión arterial, como son:

  • El anciano debe estar confortablemente sentado durante al menos cinco minutos, y el brazo en el que se realice la medida debe colocarse a la altura del corazón, debiéndose medirse la presión arterial en ambos brazos, considerando la medida más alta como la válida. Asimismo,  siempre se debe realizar una determinación complementaria de pie y tumbado para descartar hipotensión postural que aparece hasta en el 30 % de los ancianos.
  • El anciano no debe haber fumado, ni tomado café, ni realizado ejercicio brusco en los 30 minutos previos. No debe realizarse tampoco la medida si tiene la vejiga llena, o existan ruidos ambientales o circunstancias adversas que desencadenen reacciones de alarma. La temperatura ambiente debe rondar los 20 ºC.
  • Debe hacerse siempre a la misma hora la determinación de la tensión, y a ser posible por la mañana, ya que en el anciano, el pico máximo diario de la tensión arterial se observa a media mañana y suele presentar un descenso bastante acusado después de la comida. El descenso nocturno es menos acusado que en los jóvenes y el descenso vespertino prácticamente desaparece con la edad.
  • Debe utilizarse un manguito de tamaño apropiado, para asegurar una lectura exacta, de forma que la bolsa de aire debe rodear como mínimo el 80% del brazo. Un manguito pequeño sobrestima las cifras y uno grande las infravalora. La ropa no debe comprimir el brazo a la altura de la axila. El brazal debe colocarse a 2-3 cm por encima del pliegue del codo. Se debe inflar el manguito 20 mmHg por encima de la tensión arterial sistólica estimada y siempre por encima de 180 mmHg.
  • En el anciano deben promediarse al menos 3 medidas, considerando como tensión arterial el promedio de las 2 últimas, para evitar así la llamada Hipertensión "de bata blanca", que consiste en el aumento de la tensión en la consulta y normalización en el domicilio.

En casos de Hipertensión refractaria, Hipertensión "de bata blanca" o sostenida  y otras situaciones especiales, puede el médico indicar la determinación de la tensión arterial con mecanismos especiales como, la automedida domiciliaria con aparatos automáticos o la monitorización ambulatoria  con equipos automáticos durante 24 horas. Teniendo en cuenta que ambas mediciones dan valores más bajos que en la consulta.


¿Cuál es la frecuencia de la Hipertensión arterial en el anciano?

La hipertensión arterial es una de las enfermedades crónicas de mayor incidencia en la población anciana. Se estima una prevalencia global en personas mayores de 65 años, cercana al 60-70%. Siendo la hipertensión sistólica aislada la mayoritaria en los ancianos. En los países occidentales, las cifras tensionales diastólicas y sistólicas tienden a elevarse en ambos sexos con la edad, pero mientras que los valores sistólicos continúan haciéndolo de manera progresiva hasta al menos los 70-80 años, los valores diastólicos tienden a estabilizarse en meseta a partir de la quinta década de la vida. Por encima de los 70-80 años quizá podría apreciarse una lenta reducción de los valores sistólicos en ambos sexos. La aparición de hipertensión arterial diastólica aislada es excepcional en los mayores de 70 años.


¿A que se debe la elevación de la presión arterial en el anciano?

En la hipertensión arterial del anciano intervienen los cambios morfológicos y funcionales relacionados con el envejecimiento, que favorecen la rigidez arterial y los fenómenos de arterioesclerosis como son:

  • El engrosamiento de las capas media e íntima de los vasos, sensibilidad aumentada al sodio o la resistencia a la insulina.
  • Los relativos al modo de vida como: ejercicio, nutrición, hábitos tóxicos y enfermedades padecidas.

La elevación de la presión arterial no se puede considerar como un fenómeno fisiológico en el anciano ni inherente al proceso de envejecimiento.

A su vez la hipertensión arterial mantenida, induce cambios en el aparato cardiovascular y en los mecanismos de su regulación.


¿Cuáles son los tipos de hipertensión arterial en el anciano?

La hipertensión en el anciano, al igual que en el joven, se puede clasificar siguiendo distintos criterios. Los más habituales son:

1. Por la etiología: se divide a su vez en dos tipos:

  • Hipertensión arterial esencial o primaria: la causa del 90% de los casos de hipertensión arterial es desconocida. Siendo una afección poligénica y multifactorial.
  • Hipertensión arterial secundaria: es el resultado de un amplio espectro de enfermedades. Su prevalencia en mayores de 70 años es entorno al 17-18%. La causa más frecuente en el anciano es la hipertensión vasculorrenal. Le siguen en frecuencia otras enfermedades como  el hipotiroidismo primario, insuficiencia renal, etc.

2. Por la intensidad de las cifras tensionales:  se establecen unos grupos de presión arterial: óptima <120/80; normal <130/85; normal-alta 130-139/85-89, y diferentes estadios en función de los niveles de presión arterial: estadio I o ligera 140-159/90-99; estadio II o moderada 160-179/100-109; y estadio III o  hipertensión grave >179/109.

3. Según el grado de afectación de los órganos diana o trastornos clínicos asociados como la insuficiencia cardiaca, Ictus, y/o la presencia de factores de riesgo cardiovasculares como tabaco, dislipemia o diabetes mellitus, se establecen varios grupos de riesgo.

Las crisis hipertensivas son elevaciones de la presión arterial hasta cifras generalmente severas, diastólicas iguales o superiores a 110mmHg, habitualmente superiores a 130mmHg, instauradas en un tiempo más o menos rápido. Sí se acompañan de síntomas sugestivos de lesión de órganos diana, como encefalopatía, cardiopatía, renales, etc, se habla de emergencia hipertensiva. Pero si no se acompaña de síntomas severos o progresivos de daño orgánico, se habla de urgencia hipertensiva. En ausencia de síntomas una elevación de la presión arterial hasta cifras severas, no debe ser considerad una emergencia, sino simplemente una hipertensión severa.



Fecha de publicación: 27 de marzo de 2003

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