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Vivir sano

Tipos de lentes de contacto

Martes, 2 de octubre de 2001.

Tipos de lentes de contactoEn los últimos años se ha extendido el uso de lentes de contacto debido a determinadas ventajas que presentan frente a las gafas. Dichas ventajas no son solamente estéticas, ya que también pueden presentar ventajas ópticas, proporcionando en algunos casos mejor visión que las gafas. Por otra parte, resultan necesarias en determinadas profesiones así como en la práctica deportiva.

Se trata de unas pequeñas lentes que se colocan directamente sobre el ojo, apoyadas en la córnea. Desde su origen las lentes de contacto han evolucionado enormemente, apareciendo nuevos diseños y materiales para su fabricación. Esto ha contribuido al aumento del número de usuarios, ya que permite elegir entre una gran variedad de lentes, disminuyendo la cantidad de personas que no pueden utilizarlas. Actualmente existen también distintas modalidades de uso, lo cual permite hacer una elección personalizada de las lentes para cada usuario, en función de las características de sus ojos, sus necesidades de uso, estilo de vida etc.

Aspectos fisiológicos relacionados con las lentes de contacto

Las lentes de contacto, además de proporcionar una buena visión, deben ser cómodas para el usuario y no producir efectos perjudiciales en el ojo.

La córnea es la parte del ojo sobre la que se apoyan las lentes de contacto, quedando éstas inmersas en la lágrima que recubre al ojo.

Puesto que la córnea tiene que producir una visión nítida y clara, se trata de un tejido totalmente transparente, de ahí que no contiene vasos sanguíneos. Para que la córnea mantenga sus funciones y no se altere su transparencia necesita disponer de oxígeno. Debido a que no tiene vasos sanguíneos, el oxígeno lo obtiene fundamentalmente de la atmósfera a través de la lágrima. 

La lágrima, al aportar oxígeno a la córnea, cobra una especial importancia en los usuarios de lentes de contacto, además, también se encarga de recoger los productos de desecho procedentes del metabolismo de la córnea.

Al mismo tiempo, la lágrima realiza la función de proteger y lubricar el ojo, creando una superficie uniforme (necesaria para que la visión sea clara).

En condiciones normales, la lágrima circula libremente por el ojo, distribuyéndose y renovándose continuamente gracias al parpadeo, siendo éste necesario para mantener el ojo en perfecto estado. Especialmente, los usuarios de lentes de contacto deben parpadear frecuentemente y de forma completa, es decir, haciendo que el párpado superior baje hasta tocar el inferior.

Tipos de lentes de contacto Tipos de lentes de contacto

Rígidas. También llamadas lentes "duras", fueron las primeras que aparecieron en el mercado. Estas lentes están fabricadas con un material muy transparente y resistente pero presenta un gran inconveniente y es que dicho material no es poroso, por lo que no deja que el oxígeno pase a través de él. Por este motivo, actualmente no se suele elegir este tipo de lentes y han sido sustituidas por lentes permeables a los gases. (Hoy día, solamente se adaptan lentes rígidas en los casos de reposiciones de lentes en personas que las llevan hace mucho tiempo y siguen manteniendo buena visión y comodidad). 

Ventajas:

Producen una calidad de visión muy buena y corrigen el astigmatismo de la córnea (a no ser que éste sea muy elevado).

No tienen tendencia a acumular suciedad ni a contaminarse, por lo que su limpieza es sencilla.

Son las más duraderas y las que resultan más económicas.

Inconvenientes:

Debido a que estas lentes no dejan pasar el oxígeno a través de ellas, la córnea sólo puede obtenerlo a partir de la capa de lágrima que existe ente la lente y la córnea.

Estas lentes pueden saltar del ojo fácilmente al realizar algún parpadeo brusco, por lo que no son aconsejables para practicar deporte.

Requieren un periodo de adaptación más largo que las lentes blandas, pues al principio estas lentes resultan muy molestas.

Lentes permeables a los gases (semirrígidas). Su apariencia es similar a una lente rígida aunque, como su nombre indica, se trata de lentes porosas. Dejan pasar el oxígeno al ojo, en mayor o menor medida, dependiendo de la permeabilidad del material. Actualmente, existen materiales con una permeabilidad tan alta que la córnea recibe un aporte de oxigeno similar al que recibiría sin llevar lente de contacto. 

Ventajas:

Su alta permeabilidad.

Pueden llevar incorporado filtro de protección ultravioleta.

Proporcionan una alta calidad de visión y también corrigen el astigmatismo bajo o moderado.

Son recomendables para personas con problemas en la cantidad o la calidad de su lágrima, ya que estas lentes, al contrario que las blandas, no necesitan mantenerse hidratadas.

Su duración (aproximadamente dos años) es mayor que la de unas lentes blandas y también presentan menos riesgo de contaminación.

Inconvenientes:

Duran menos que las lentes rígidas y se rayan con más facilidad.

Al ser unas lentes porosas, el material puede acumular suciedad y depósitos, por lo que además de la limpieza diaria es necesario realizar una limpieza semanal para evitar que se adhieran proteínas en la lente (limpieza enzimática). 

Lentes blandas convencionales. Estas lentes están hidratadas, es decir, el agua forma parte de su composición. Según la cantidad de agua que tengan se clasifican en:

- Lentes de hidratación media, con una proporción de agua entre el 36 y el 55 %.

- Lentes de alta hidratación, cuyo porcentaje de agua es mayor del 55 %.

Un porcentaje de hidratación mayor nos indica que la lente es más permeable, es decir, ese material permitirá un mayor paso de oxígeno a su través.

El oxigeno que finalmente recibe el ojo, depende de dos factores:

- La permeabilidad del material.

- El espesor de la lente de contacto.

Por lo tanto, con el fin de conseguir que el ojo reciba un mayor aporte de oxígeno, se puede emplear un material más permeable, o bien, fabricar lentes más finas. Sin embargo, si las lentes son demasiado finas, su duración va a ser menor y al usuario le resultará muy difícil su manipulación. 

Ventajas:

Resultan muy cómodas para el usuario, por lo que la adaptación a estas lentes es muy rápida.

Son las más adecuadas para personas que practican deporte, ya que no se caen ni se desplazan en el ojo.

Inconvenientes:

Se pueden contaminar fácilmente, lo que obliga a extremar las medidas de higiene. Además de la limpieza diaria, también se debe realizar una limpieza semanal para evitar la acumulación de proteínas.

Su duración es aproximadamente de un año.

Las lentes blandas normales no corrigen el astigmatismo (a no ser que sea muy reducido) por lo que hay que recurrir a las lentes blandas tóricas o a otro tipo de lentes.

Lentes blandas desechables y lentes de reemplazo frecuente. Con el uso y el paso del tiempo, el material de las lentes de contacto se va deteriorando poco a poco, va acumulando depósitos y suciedad, lo que aumenta el riesgo de problemas y complicaciones oculares. Para reducir al máximo estos problemas, aparecen las lentes de reemplazo frecuente, así como las lentes desechables. 

Lentes desechables: Son un tipo de lentes blandas que, una vez que se quitan del ojo, se desechan y se tiran. Hoy día, existen incluso lentes desechables de uso diario, es decir, se utilizan durante un día y se tiran. Esto permite usar las lentes de contacto de forma ocasional, siendo útil por ejemplo para deportistas, personas que viajan con frecuencia, etc. Tienen la ventaja de que no necesitan líquidos de limpieza ni ningún tipo de mantenimiento. Otras lentes desechables tienen una duración de una semana que, actualmente, es el tiempo máximo recomendado para usar lentes de contacto de forma prolongada (sin quitárselas para nada). Estas lentes se llevan puestas continuamente durante siete días, de manera que, al séptimo día de uso, la persona se quita las lentes y duerme esa noche sin ellas. A la mañana siguiente, estrena un par de lentes nuevas que llevará puestas durante otra semana. Las lentes desechables permiten al usuario dormir con las lentes de contacto puestas y presentan la ventaja de que la persona se despierta viendo correctamente. 

Lentes de reemplazo frecuente: La diferencia de estas lentes con las desechables es que no se duerme con estas lentes puestas. El usuario las lleva durante un número de horas al día y debe quitárselas para dormir. Las lentes de reemplazo frecuente suelen ser blandas y las que más se utilizan son las de reposición mensual, aunque también existen lentes que se reponen cada dos semanas y lentes que se reponen cada tres meses. Por ejemplo, en el caso de las lentes de reposición mensual, el usuario recibe doce pares de lentes para utilizar durante un año, de manera que cada mes estrenará un par de lentes. Estas lentes necesitan una limpieza diaria, aunque algo más sencilla que la de las lentes blandas convencionales. Dicha limpieza se realiza con un solo líquido, en el que también se dejan las lentes durante la noche, y no es necesaria la limpieza semanal especial. La razón es que, como las lentes van a reponerse frecuentemente, no da tiempo a que se acumulen en ellas proteínas u otros depósitos. Son unas lentes con un alto contenido en agua, lo que permite una buena oxigenación para el ojo. El motivo de que tengan que reponerse con una determinada frecuencia se debe a las características del material con el que están fabricadas las lentes, ya que se trata de materiales con más tendencia a acumular suciedad y que se deterioran más rápidamente. Las lentes de reemplazo frecuente son la que causan menos problemas y complicaciones. A pesar de ello, pueden aparecer problemas cuando no se siguen las normas recomendadas para su uso, por ejemplo: 

Al intentar que las lentes duren más tiempo del recomendado.

Por no mantener las condiciones higiénicas necesarias.

Por no renovar el líquido de mantenimiento cada vez que se guardan las lentes, pues éste se convierte en un caldo de cultivo para los microbios.

Por no mantener limpio el estuche donde se guardan las lentes o no cambiarlo periódicamente. Los estuches constituyen una importante fuente de infecciones, por lo que es importante reponerlos frecuentemente.

Lentes de uso prolongado permanente: Estas lentes se utilizan de forma continuada durante un periodo superior a una semana. Se ha comprobado que esta modalidad de uso da lugar a un mayor riesgo de complicaciones. Por este motivo, solamente es recomendable en determinados casos, por ejemplo en el caso de ancianos que no pueden manipular las lentes para ponérselas y quitárselas. También se llevan de forma prolongada las lentes con indicación terapéutica, por ejemplo las que se utilizan después de una cirugía ocular.

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