Monóxido de carbono. El monóxido de carbono (CO) es uno
de los componentes del humo del tabaco más importante en cuanto
a las repercusiones sobre el organismo. Es un gas incoloro, muy
venenoso, de elevado poder tóxico, que se produce durante la combustión
del tabaco, siendo su cantidad mayor cuando la labor fumada es
el cigarrillo, porque el papel de envoltura es una fuente importante
de producción añadida de CO.
El CO ambiental procede de la combustión
incompleta de materias carbonosas, siendo los vehículos de motor
la fuente más importante en la práctica. El automóvil es sin duda
la fuente más abundante de emisión de CO, de manera que las concentraciones
de este gas alcanzan niveles de 50-150 ppm (partes por millón)
en aparcamientos poco ventilados, y cotas de hasta 400 ppm en
grandes ciudades con tráfico intenso, humos de calefacción y ausencia
de vientos.
En las áreas urbanas puede
haber una concentración ambiental de CO de entre 9-15 ppm, con
picos de 30-60 ppm. Concentraciones de hasta 15 ppm no presentan
ningún riesgo para la salud, este sólo es perceptible a partir
de una concentración de 50 ppm.
El monóxido de carbono al
ser inhalado en los pulmones pasa a la sangre dificulta el transporte
de oxigeno, impidiendo que el oxigeno llegue a las células, no
permitiendo que estas ejerzan sus funciones con normalidad. Este
es el hecho transcendental, del que derivan todas las acciones
perjudiciales del CO sobre el organismo. El CO es un generador
importante de hipoxemia (carencia de oxígeno) que agrava la isquemia
miocardica en los pacientes con insuficiencia coronaria.
Además el CO disminuye la adecuada
oxigenación de la pared vascular, aumenta la permeabilidad de
los lipidos (grasas circulantes) para depositarse y formar placas
de ateroma,
aumenta el número de globulos rojos en la sangre (poliglobulia)
con incremento de la adhesividad y agregación de las plaquetas,
esto explica la importante participación del CO en el origen de
la arteriosclerosis
y la aparición de la patologia cardiovascular.
Alquitrán Los carcinógenos
son los componentes del humo del tabaco relacionados con la aparición
de los diversos cánceres asociados al hábito tabáquico e incluyen
un gran número de sustancias contenidas básicamente en fase de
partículas, y más concretamente en el alquitrán.
Del grupo de sustancias con
actividad carcinogénica contenidas en el humo del tabaco, las
mejor estudiadas son los hidrocarburos aromáticos policíclicos
(HAP), el formaldehido-acetaldehido, las nitrosaminas, los elementos
radioactivos, el arsénico, los aditivos y contaminantes, y un
grupo residual muy heterogéneo. Los HAP constituyen un grupo muy
amplio de compuestos, sin duda el más directamente implicado ha
sido el 3-4 benzopireno, tras los numerosos estudios experimentales
llevados a cabo. Las nitrosaminas, tanto las volátiles como las
no volátiles poseen una actividad carcinogénica reconocida.
En cuanto a los elementos
radioactivos del tabaco, son muy numerosos, destacando especialmente
el radio, torio, plomo-210, polonio-210, carbono-14 y potasio-40.
Finalmente por lo que se refiere a los aditivos y contaminantes
implicados, los mas importantes son los nitratos,
insecticidas, humidificantes y modificadores del gusto.
En general se acepta que
no suele haber nunca una única sustancia responsable del efecto
carcinogénico, sino que son diversas las que actúan a través de
distintos mecanismos fisiopatológicos. Todavía, desafortunadamente,
no es enteramente posible identificar quiénes son los fumadores
con mayor riesgo para desarrollar cáncer de pulmón.
Sin embargo es probable que el
efecto del tabaco sea favorecido por factores dependientes del
propio individuo y factores medioambientales. Lo que está claro
es que mientras más tiempo haya estado fumando una persona, y
mientras más paquetes de cigarrillos fume el día, mayor será el
riesgo de padecer cáncer de pulmón.
Oxidantes
e irritantes Finalmente, por lo que se refiere
a los componentes irritantes (oxidantes) del humo del tabaco,
se encuentran indistintamente en la fase gaseosa y en la de partículas,
siendo los mas importantes, los fenoles, los ácidos orgánicos,
la benzoquinona, acroleina, aldehídos, peróxido de hidrogeno,
ácido cianhídrico y el amoníaco.
Ni
que decir tiene que tales sustancias, son las responsables de
los fenómenos irritativos a nivel de la mucosa de las vías respiratorias
y de otras zonas corporales, como la pituitaria (nariz) o la conjuntiva
(ojos).
Por último, cada vez tienen mas
interés los radicales libres contenidos en las fases gaseosa
y particulada del humo del tabaco, por sus acciones a nivel del
aparato respiratorio, circulatorio y en la aparición de tumores.
En fase gaseosa, los radicales
se encuentran en forma orgánica e inorgánica, siendo los más importantes,
los óxidos de nitrogeno, las olefinas y los dienes. En fase de
partículas y concretamente en el alquitrán, los más importantes
son los polifenoles y la semiquinona. Unos y otros se combinan
con el oxígeno para formar óxido y superóxido radicales, así como
otras especies de oxígeno, altamente tóxicos para los tejidos
orgánicos.
El pulmón humano cuenta con
la superficie más grande del organismo en contacto con el medio
ambiente, lo que supone que está continuamente expuesto a diferentes
elementos procedentes de la contaminación ambiental y microorganismos
potencialmente patógenos. A pesar de todo ello, el aparato respiratorio
se mantiene estéril gracias a un complejo sistema de defensa que
incluye barreras anatómicas, mecánicas, humorales y celulares.
Cuando una o varias de estas líneas defensivas no funciona correctamente,
el tamaño del contaminante es excesivo, o el microorganismo es
especialmente virulento, se produce la infección respiratoria.
En este sentido, el consumo de cigarrillos se ha relacionado con
un aumento de incidencia y la gravedad de las infecciones respiratorias,
siendo uno de sus factores de riesgo mas frecuente y extendido.
El consumo de tabaco se ha
convertido en el factor de riesgo fundamental para el desarrollo
de la EPOC (enfermedad
pulmonar obstructiva crónica) con una relación causal evidentemente
establecida y que el abandono del tabaco mejora el pronóstico
de la enfermedad, cuyos síntomas principales son la tos, aumento
de la producción de esputo, disnea (sensación de falta de aire)
y deterioro progresivo de la capacidad pulmonar. Al dejar de fumar
disminuye rápidamente la tos y la expectoración
así mismo se frena la caída de la función pulmonar. Los beneficios
del abandono del tabaco se consiguen incluso a edades avanzadas
y en fases muy evolucionadas de la enfermedad.
Fecha de publicación:Noviembre 2000
Dra. Aurora Garcia-Tenorio
Damasceno Atención Primaria. Área Sanitaria
nº 7. Madrid