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Entre la parte anterior
y posterior de las vértebras se forma un conducto,
el canal medular, en cuyo interior se sitúa la médula
espinal. También entre las vértebras se forman
unos agujeros, llamados de conjunción, uno a cada
lado de la vértebra, por donde salen las raíces
nerviosas desde la médula.
Durante los movimientos vertebrales
el disco se comporta como un amortiguador.
Entre las vértebras
existe una estructura, el disco intervertebral, que tiene
una función de amortiguación.
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El disco está formado por el núcleo pulposo y el anillo
fibroso. El núcleo pulposo ocupa la parte central y tiene
un alto contenido en agua, que va disminuyendo con la edad, lo que
hace que con los años pierda elasticidad y capacidad para
soportar tensiones. El  anillo
fibroso recubre el núcleo pulposo y está formado por
láminas dispuestas en distintos ángulos, lo que facilita
la transmisión de presiones.
En el movimiento de extensión
la vértebra superior se desplaza hacia atrás con lo
que el núcleo se engrosa por delante, provocando un aumento
de presiones en las fibras anteriores del anillo que cuando alcanzan
su umbral de tolerancia hacen que dicha vértebra recupere
la posición previa.
En flexión ocurre lo contrario
y en los movimientos de inclinación lateral, el núcleo
se engrosa por el lado contrario a la inclinación.
A
partir de los 30 años se producen cambios degenerativos en
el disco que conducen a una pérdida de resistencia del mismo.
El anillo fibroso puede hacerse incompetente y el núcleo
puede desplazarse posteriormente (protrusión discal) e incluso
romperse, de forma que el núcleo se desplace más.
Esto es lo que se conoce como hernia de disco y puede producir síntomas
por compresión de raíces nerviosas o incluso por compresión
medular, en casos severos.
Las hernias de disco son más
frecuentes a nivel cervical y lumbar, por ser estos los segmentos
con mayor movilidad de la columna.
Puede producirse por traumatismo,
pero lo más frecuente es que sea degenerativa.


Diagnóstico
Es fundamental realizar una historia
clínica y una exploración física del paciente.
Ante datos que nos hagan sospechar
una hernia de disco se pueden solicitar pruebas complementarias:
TAC, RMN (de elección), electromiograma.
En general, ante sospecha de hernia
de disco, se deben pedir pruebas complementarias en pacientes con
síntomas y signos de hernia de disco que no hayan respondido
a tratamiento conservador durante un mes o en los que se esté
considerando tratamiento quirúrgico (cuando hay déficit
neurológico progresivo).

La mayoría mejoran con tratamiento
conservador. Sólo en 1 – 2% de los pacientes es necesario
realizar tratamiento quirúrgico.
Son factores de :
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Factores
ocupacionales: trabajos con vibración, torsiones, carga
de pesos.
Factores
psicosociales.
Condiciones
físicas: efecto beneficioso del ejercicio.
Hábitos
de vida: tabaco, obesidad. |

Tratamiento
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Tratamiento
conservador: Salvo presencia de pérdida de fuerza progresiva
o dolor intratable todo paciente con ciática debe hacer
siempre tratamiento conservador durante 3 a 6 semanas, tengan
o no imagen de hernia de disco. imagen e.gif
Existen hernias discales
responsables de sintomatología que se reabsorben
y hernias discales asintomáticas (hasta en un 30%
de la población asintomática existen imágenes
patológicas en la RMN).
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Reposo,
habitualmente 2 días. Si el dolor es intenso puede
prolongarse a una semana o dos como máximo.
Analgésicos
o AINES.
Esteroides:
en dolor radicular agudo, en ciclos cortos de pocos días
(7 – 10 días).
Relajante
muscular sólo si hay contractura.
Termoterapia:
calor superficial o profundo (microonda, ultrasonido, onda
corta).
Electroterapia:
TENS y otras corrientes analgésicas.
Tracción
lumbar (contraindicada en hernias muy voluminosas).
Ortesis:
collarines, ortesis lumbosacras semirrígidas (fajas
lumbares).
Infiltraciones.
Hidrocinesiterapia.
Cinesiterapia.
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 En
la fase aguda lo fundamental es el tratamiento sintomático
del dolor (analgésicos, AINES, esteoides, termoterapia).
Cuando los síntomas agudos mejoran, comenzar alguna
modalidad de ejercicio aeróbico (bicicleta estática,
caminar...). Durante 6 semanas limitar el levantamiento
de pesos, la sedestación prolongada, conducir distancias
largas y mantener posturas con el tronco inclinado hacia
delante.
Si continúa mejorando,
introducir ejercicios más enérgicos a partir
de las 4 semanas. Evitar abdominales durante los 3 primeros
meses ya que aumentan la presión intradiscal.
A partir de los 3 meses
el paciente puede realizar cualquier actividad, teniendo
en cuenta las normas de higiene postural.
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 Considerar
el tratamiento quirúrgico en caso de dolor intratable,
pérdida de fuerza progresiva y/o afectación
de esfínteres (esto último obliga a estudios
urgentes y derivación quirúrgica).
 La
mejor prevención es:
 Mantener
una buena condición física mediante el ejercicio.
 Normas
de higiene postural.
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¿Qué médico me puede tratar?
Inicialmente el paciente puede
ser valorado y tratado por el médico general.
En caso de persistencia de síntomas,
reagudización o dudas en cuanto al diagnóstico, puede
ser remitido a un médico rehabilitador.
Cuando se considere necesario el
tratamiento quirúrgico, este debe ser valorado por un neurocirujano
o por un traumatólogo.
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