La mayor frecuencia de sucesos se da en la edad infantil, entre el primer y los cinco años de vida. Posteriormente existe otro periodo de máxima frecuencia, entre los quince y los veinticuatro años. En nuestra experiencia, la mayoría de los casos se dan en niños muy pequeños que en momentos de descuido, por parte de los familiares, caen en pozos, piscinas o albercas sin vallar. En menor proporción siguen los jóvenes bajo los efectos del alcohol y otras drogas.
Citar que hemos atendido dos personas adultas con antecedentes de problemas cardíacos y que, presumiblemente, habían sufrido un infarto agudo de miocardio mientras se bañaban (las dos en parada cardiorrespiratoria en el momento de la asistencia médica y con maniobras de reanimación no efectivas). En dos casos, la inmersión se debió a accidentes de tráfico, y en otro caso (mujer depresiva sin familia) a un intento de suicidio.
En cuanto a la distribución por sexos, clásicamente se describe una frecuencia casi diez veces superior en los varones con respecto a las mujeres. Dentro de las enfermedades previas destacan la epilepsia y los problemas cardíacos como desencadenantes de esta situación.