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Introducción
El LSD-25 o dietilamida del ácido lisérgico
es el prototipo de droga alucinógena. Es un alcaloide que se presenta
en forma de polvo blanco muy soluble en agua. Fue descubierta por
Hoffmann, un investigador de los laboratorios 'Sandoz' en 1938,
junto a otros derivados del cornezuelo del centeno, descubiertos
accidentalmente cuando se investigaba en el tratamiento de las cefaleas.
Aunque inicialmente no tuvo un gran interés Hoffman continuó su
estudio, intoxicándose accidentalmente con ella, lo que le ocasionó
ligeras alteraciones de la percepción. El LSD se fabrica a partir
del ácido lisérgico, extraído del cornezuelo del centeno, un hongo
que crece en el centeno y otros cereales.
Durante los años cincuenta
el interés por el LSD fue meramente científico, considerándose
de utilidad para el conocimiento del Sistema
Nervioso Central y de las enfermedades mentales. Todavía
no se consideraba una droga peligrosa y tan solo se utilizaba
en circuitos restringidos de artistas e intelectuales como
medio de autoexploración y método de aumentar la creatividad.
En los años sesenta aumentó mucho su popularidad, asociándose
su consumo a determinados grupos musicales y fue objeto de
grandes polémicas entre detractores y defensores. Siendo utilizada
por algunos psiquiatras para facilitar la psicoterapia.
En los años sesenta es cuando se declaró ilegal el uso libre
de la LSD y a los veinte años de su introducción en terapéutica
ya no se admitía ninguna indicación clínica. En la actualidad
se puede decir que el consumo de LSD es minoritario.
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El LSD es una de las sustancias
químicas más potentes que se conocen, de hecho las dosis que producen
efectos alucinógenos son la cienmilésima parte de un gramo. Muchas
sustancias son capaces de producir alteraciones de la percepción
en mayor o menor grado, pero muy pocas son capaces de producir verdaderas
alucinaciones. Esto supone que a nivel cerebral se produzca una
gran desestructuración, de tal forma que son capaces de ver objetos
donde no los hay, o de oír sonidos donde no existen.
Formas de
consumo
El LSD conocida habitualmente entre
los consumidores como 'ácido' o 'tripi' generalmente se distribuye
en dosis de 50 y 75 microgramos impregnadas en hojas de papel secante
divididas en cuadrados de aproximadamente 6 por 6 milímetros, de
tal forma que cada cuadrado representa una dosis. Sin embargo el
método de fabricación no es preciso, lo que repercute sobre la concentración
de la droga, de tal forma que los análisis de dosis en ocasiones
han detectado incluso los 800 microgramos. Las hojas están impresas
con un pequeño dibujo o motivo (puntos, estrellas, personajes de
comics) en cada cuadrado. El motivo o dibujo cambia constantemente
y se piensa que este cambio de diseño indica la caducidad del producto.
También se puede encontrar en la calle en forma de cápsulas, tabletas
y a veces en líquido. Es inodora, incolora y tiene un sabor ligeramente
amargo.
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Tras la moda de los
sesenta ha desaparecido prácticamente el consumidor crónico
de más de una o dos dosis a la semana ('cabeza ácida').
El LSD se consume por
vía oral y solo una pequeña cantidad alcanza el cerebro, sin
embargo al ser una sustancia muy potente, son suficientes
dosis muy pequeñas para que se produzcan los efectos psicodislépticos
(alucinógenos). Habitualmente se consume en compañía y el
ambiente creado determina en gran medida las características
del 'viaje'.
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Los efectos experimentados
con LSD son impredecibles, pueden ser agradables o todo lo contrario.
Depende de la cantidad ingerida (cuando se utilizan dosis elevadas
ya no hay cambios cuantitativos), de la personalidad, del estado
de ánimo, de las expectativas del usuario y del ambiente en que
se consume la droga. No se puede conocer previamente como van a
ser los efectos del LSD y de los alucinógenos en general, e incluso
los consumidores experimentados pueden tener poca idea de lo que
va a suceder en el 'viaje'.
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Los
efectos de tipo psíquico que aparecen tras ingerir LSD son
una sensación de tensión interior y en algunos sujetos cierto
grado de euforia. Al cabo de una o dos horas se presenta el
cuadro característico de síntomas psicodislépticos que configuran
el 'viaje' o 'trip' psicodélico.
Los
efectos físicos incluyen dilatación de las pupilas,
aumento de la temperatura corporal, de la frecuencia cardiaca
y de la tensión
arterial, sudor, inapetencia, insomnio, sequedad de boca
y temblores.
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Por otro lado, las
sensaciones y los sentimientos cambian mucho más drásticamente
que los signos físicos. Es posible que la persona sienta distintas
emociones a la vez o pase rápidamente de una emoción a otra
y si se toman dosis altas, se producen delirios
y alucinaciones
visuales. El sentido del tiempo y de sí mismo cambia,
y las sensaciones parecen "cruzarse" y dan al usuario la idea
de oír los colores y ver los sonidos (sinestesias). Estos
cambios pueden ser atemorizantes y llegar a causar pánico.
Estos efectos generalmente comienzan a desaparecer al cabo
de unas 12 horas.
Cuando el LSD produce experiencias desagradables se habla
de un 'mal viaje'. Se puede producir una perdida del control
emocional, ansiedad e incluso ataques de pánico.
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En ocasiones se producen alucinaciones
verdaderas con confusión y desorientación de la persona. Asimismo
aunque el LSD no fomenta conductas violentas, los consumidores pueden
llegar a pensar que están siendo atacados y buscando la autoprotección
llegar a la violencia. También se conocen casos de suicidio en el
curso de fantasías de tipo omnipotente.
Muchos usuarios de LSD tienen
"flashbacks" o recurrencias de experiencias sin haber ingerido la
droga de nuevo. Una recurrencia ocurre súbitamente, sin previo aviso
y puede aparecer desde unos días, hasta un año después del uso de
LSD. Los "flashbacks" ocurren generalmente en personas que han utilizado
alucinógenos de forma crónica o que tienen problemas de personalidad,
sin embargo, personas que no tienen otros problemas de salud, pueden
también experimentar "flashbacks." Los "viajes malos" y las recurrencias
son solo parte de los riesgos del uso de LSD.
La aparición de "flashbacks"
en antiguos consumidores de alucinógenos es uno de los aspectos
que más invalida a estas personas, al no poder entender como sufren
otra vez experiencias psicodélicas varios años después de dejar
de consumir estas substancias. Desde el punto de vista clínico,
no se conoce con exactitud por que se producen estos "flashbacks".
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Por
otra parte, el consumo crónico de LSD puede ocasionar trastornos
psiquiátricos de carácter permanente: reacciones de ansiedad,
reacciones depresivas y psicosis, estas últimas muy parecidas
a algunas formas de esquizofrenia. |
Casi todos los usuarios de LSD disminuyen
o abandonan voluntariamente su uso con el tiempo. La LSD no se considera
una droga muy adictiva, ya que no causa un comportamiento compulsivo
tendente a la búsqueda de drogas como sucede con la cocaína, las
anfetaminas, la heroína, el alcohol y la nicotina. Sin embargo,
como muchas de las drogas adictivas, el consumo continuado de LSD
produce una gran tolerancia a los efectos, de manera que deben tomar
dosis cada vez mayores para lograr los efectos previos. Esta es
una práctica sumamente peligrosa, dada la naturaleza impredecible
de los efectos de la droga.
Extensión
del fenómeno
La encuesta domiciliaria
nacional de Estados Unidos aporta información sobre la naturaleza
y el uso de drogas en la población de familias estadounidenses
de 12 años o más. En las estimaciones de la encuesta de 1996,
el porcentaje de la población de 12 años o más que había usado
LSD alguna vez (tasa de prevalencia
de toda la vida) había aumentado a 7,7% desde 6,0% en 1988.
Entre los jóvenes de 12 a 17 años de edad, la tasa de prevalencia
fue de 4,3% y en la población de 18 a 25 años, de 13,9%.
La tasa de uso de LSD
en el último año en la población de 12 años o más fue de 1%
en 1996 y la prevalencia
de uso en el último año fue mayor en los grupos de 12
a 17 años (2,8%) y de 18 a 25 años (4,6%). En 1996, la tasa
de uso corriente de LSD en las personas de 18 a 25 años fue
de 0,9% y la de los jóvenes de 12 a 17 años de 0,8%.
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A nivel Europeo los datos de
las encuestas realizadas entre la población escolar muestran que
del 1% al 10% de los adolescentes de 15 y 16 años han consumido
LSD. En España, según los datos de la encuesta de población escolar
de 1998, el 5.4% de los estudiantes de 14 a 18 años han consumido
alucinógenos alguna vez en la vida y el 4.1% en el último año. Más
información acerca de las pautas del consumo de drogas en España
se pueden obtener en el Plan Nacional sobre Drogas (http://www.mir.es/pnd).
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