¿Cuándo se considera
a una persona anciana?
 Es
muy difícil determinar cuando comienza el periodo del desarrollo
humano conocido habitualmente como tercera edad. Los expertos
en la evolución del hombre no se ponen de acuerdo respecto al momento
en que se inicia la vejez, ya que va a depender de numerosos factores
que inciden en la vida que se ha llevado: alimentación, actividad,
profesión, acontecimientos vividos, forma de afrontarlos, etc. De
ahí que podamos afirmar que la edad
cronológica no define el envejecimiento si bien en nuestra
sociedad parece que se acepta como punto de comienzo de esta etapa
de la vida el momento correspondiente a la jubilación, tanto si
se es o no trabajador activo, situándose ésta en torno a los 65
años.

La vejez ¿es una enfermedad?
Con el paso de los años el cuerpo
experimenta cambios que afectan de manera distinta a cada persona.
Por una parte al envejecer, el cuerpo se transforma adquiriendo
una nueva imagen, aumentan las arrugas, el pelo se vuelve gris,
el peso varía etc. Por otra hay una disminución de ciertas facultades,
cansancio prematuro, olvidos etc. pero esto no significa que se
esté enfermando, al contrario, hay que vivir esta etapa de manera
positiva, como algo natural, conviviendo con este proceso de manera
saludable y optimista.
Al
llegar a esta época de la vida las personas pueden encontrar el
tiempo necesario para realizar actividades que se han postergando
por falta de tiempo o por la necesidad de centrar la atención y
el esfuerzo en responsabilidades de las que ahora se encuentran
liberadas. De todos es conocido que padres muy rígidos con sus hijos
se convierten en abuelos permisivos. Es el relevo en las responsabilidades
que impone la organización social a los adultos activos, lo que
permite a muchas personas manifestarse de una manera más natural,
y en muchos casos con un mayor componente humano, al llegar a la
vejez. Saber sacarle partido a estas oportunidades de desarrollo
personal que nos ofrece ir cumpliendo años compensa, a veces con
creces, el cambio físico que conlleva el paso del tiempo.
Hay que tener muy clara la diferencia
entre los signos de la vejez y de la enfermedad. Aunque no existen
recetas para la eterna juventud, hay aspectos que se pueden controlar
y que permitirán continuar con una vida activa, envejeciendo de
una manera apacible y poco traumática.

¿Deben realizar
ejercicio físico los ancianos?
 El
primer mensaje que se debe hacer llegar a las personas de más edad
es que deben mantenerse activos en su vida cotidiana. Muchas personas
tienen una forma vida dinámica sin necesidad de participar en programas
de ejercicios formales. A través de los quehaceres diarios, tales
como trabajos domésticos (ir de compras, cocinar, limpiar, etc.),
se puede mantener un nivel adecuado de actividad. Es conveniente
potenciar ocupaciones simples como jardinería, bricolaje o paseos
diarios. Hay que luchar, en la medida en que se pueda, contra la
inactividad. Es evidente que un estado saludable tanto de cuerpo
como de espíritu, favorece un envejecimiento apacible.
Aunque la capacidad física disminuye
con la edad, el grado de la reducción en la actividad física también
se relaciona, en muchos casos, con falta de apetencia o estímulos
debido a condicionantes sociales.
Hay que incidir en la generación
de estímulos como medio de disminuir la degradación física prematura.
La actividad física además de comportar beneficios para el individuo
también los comporta para la sociedad por la reducción de costes
en sanidad y cuidados asistenciales.

Sin embargo es importante saber que
muchos de estos beneficios requieren una participación regular y
continua y pueden volverse rápidamente reversibles si se retorna
a la inactividad.

¿Qué riesgos comporta
el ejercicio físico en los ancianos?
En términos generales, el ejercicio
físico moderado no comporta riesgos a las personas de edad. El problema
suele originarse en el entendimiento de lo que para cada cual supone
la moderación. Es evidente que la sobreestimación de las propias
capacidades, la competitividad o el intentar mantener un tono físico
similar al de otras épocas pasadas puede comportar serios peligros
que deben ser tenidos en cuenta.
Los riesgos del ejercicio físico en esta época de la vida se sitúan
principalmente en dos ámbitos:
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En
primer lugar existe un riesgo cardiovascular latente.
En
segundo lugar hay que valorar la existencia de osteoporosis
ya que esta enfermedad, que se caracteriza por una disminución
de la masa ósea, hace que los huesos afectados sean más porosos
y se fracturen con mayor facilidad que un hueso normal. Si se
tiene el aparato
locomotor frágil pequeños traumatismos pueden convertirse
en lesiones de gran importancia. |

¿Se debe realizar examen medico previo?
Es el médico en primer lugar el
que debe evaluar a través del historial médico de la persona y de
una exploración física minuciosa, la capacidad para realizar ejercicio
físico. La eficacia de estos exámenes médicos debe contemplarse
en una adecuada relación costo/rendimiento, ya que es imposible
realizar todas las pruebas que pudieran detectar patología. Ningún
protocolo es totalmente satisfactorio. Se trata de adaptar, según
el interrogatorio y el examen físico, los diferentes estudios complementarios
que pudieran ser necesarios.
En general todas las alteraciones
que ocurren en el anciano como parte del proceso de envejecimiento,
del estilo de vida sedentario o como resultado de enfermedades crónicas,
deben ser exploradas cuidadosamente antes de prescribir un programa
de ejercicio.
Con frecuencia, al evaluar el grado
de forma física, se encuentran reducciones significativas de la
aptitud física con respecto a personas más jóvenes, aunque los mayores
que han realizando ejercicio toda su vida, pueden presentar una
elevada capacidad. Hay numerosos estudios realizados en atletas
de edad avanzada, tanto varones como mujeres, donde se han encontrado
marcadas diferencias fisiológicas cuando se comparan con personas
no entrenadas de la misma edad.
Se recomienda que la periodicidad
de los reconocimientos médicos sea, como mínimo, dos veces al año
y siempre que se presente alguna anomalía.
Una vez determinada la tolerancia
de la persona mayor para sufrir una sobrecarga física, se debe establecer
que formas de esfuerzo son las más adecuadas.
Hay que tener presente que, en general,
siempre existe alguna actividad física o deportiva recomendable,
cualquiera que sea el estado de salud de una persona, por ello es
muy importante la adecuada determinación de la capacidad física
para poder establecer correctamente el tipo e intensidad del ejercicio
a realizar. Si ello no es posible o existen limitaciones serias,
caminar o nadar son siempre buenas elecciones
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