La insuficiencia renal consiste
en la pérdida total o parcial de la función renal. Puede ocurrir
de forma aguda o bien crónica. La función principal del riñón
consiste en "aclarar" la sangre de productos finales del metabolismo
y en regular el volumen de líquidos corporales. Conlleva una
alteración en la regulación del medio interno, principalmente
con retención de líquidos y minerales, y un acúmulo de productos
de desecho (urea,
creatinina,
ácido
úrico...). Los productos nitrogenados derivan principalmente
del metabolismo
de las proteínas.
Nos referiremos a la dieta de la insuficiencia renal crónica,
ya que la insuficiencia renal aguda se maneja principalmente
en el ámbito hospitalario.
Alteraciones de los electrolitos en la sangre: sodio bajo,
potasio elevado, fósforo elevado, calcio
bajo, magnesio elevado.
¿Cómo puede
influir la dieta en la insuficiencia renal crónica? El tratamiento dietético es un elemento
fundamental en el manejo conservador de la enfermedad renal. Mientras
que la restricción proteica puede retrasar la evolución y minimizar
el síndrome urémico, un estado de malnutrición va a ser un importante
factor pronóstico de las complicaciones y la mortalidad. La malnutrición
puede estar condicionada por la anorexia
y alteraciones gustativas, las dietas monótonas muy restrictivas,
y presencia de complicaciones metabólicas que acompañan a la insuficiencia
renal.
¿Cómo debe
plantearse la dieta en la insuficiencia renal? Las necesidades energéticas son similares
a las de las personas sanas. Deben cubrirse adecuadamente para evitar
el consumo de energía a partir de los músculos.
Aproximadamente son unas 35 kcal/kg.
de peso corporal y día. P.ej. para un hombre de 75 kg sería 75*35=2625
kcal, y para una mujer de 60 kg: 2100 kcal. En los pacientes obesos,
la restricción calórica debe ser moderada y prudente (de 250-500
kcal/día). En situaciones de desnutrición, estrés, etc. se debe
alcanzar 40-45 kcal por kg y día.
A principios de siglo se observó
que el consumo de alimentos ricos en proteínas
agravaba los síntomas clínicos de los pacientes con insuficiencia
renal. De ello se deduce que la restricción de proteínas
puede mejorar la clínica del síndrome urémico, e incluso se
ha visto que puede enlentecer la progresión inevitable de la insuficiencia
renal crónica hacia la diálisis
ó trasplante renal.
Diferencias
en la Dieta respecto a la población general
Las
proteínas
Las recomendaciones para pacientes con insuficiencia renal
leve no varían respecto a las de la población general, es
decir de 0,8 g/kg. de peso y día. Lo que ocurre es que la
población en general consume un exceso de proteínas
importante, y el ajustar la dieta a estas necesidades para
la mayoría de las personas sería restringir las que toma habitualmente.
Se basaría fundamentalmente en escoger menor cantidad de proteínas
(segundos platos), seleccionando piezas medianas ó pequeñas
de carne ó pescado y no picotear alimentos ricos en proteínas.
Cuando la función renal se ha deteriorado de forma
importante (concretamente menos de un cuarto de la función
máxima), se recomienda la restricción de proteínas
a 0,6 g/kg. de peso corporal (aproximadamente 40 gr. para
una persona de 70 kg.), que son más estrictas, y a muchas
veces difíciles de realizar. Del total de las proteínas,
un 60-70% deberían ser de alto valor biológico (clara de huevo,
leche) y por tanto, ricas en aminoácidos
esenciales. En ocasiones es necesario recurrir a fórmulas
comerciales que aportan gran cantidad de energía y son bajas
en proteínas,
sodio y potasio.
Hay que tener en cuenta que
las dietas de menor cantidad de proteínas
son nutricionalmente inadecuadas.
Se ha propuesto el uso de dietas
muy bajas en proteínas (20 gr/día) complementando a las mismas
con aminoácidos
esenciales y análogos de aminoácidos
que pueden disminuir la producción de productos nitrogenados
tóxicos.
Si bien es importante el que
en fases iniciales de la insuficiencia renal se modere el
consumo de proteínas,
es tan importante asegurar que en fases avanzadas se cubren
sus requerimientos, dado el alto riesgo de la malnutrición
y los riesgos que conlleva.
Grasas
y carbohidratos
Si es importante el alcanzar un consumo adecuado
de proteínas,
también lo es el alcanzar al requerimiento necesario de energía
para evitar la malnutrición calórica, por medio de grasas
y carbohidratos.
En cuanto a los carbohidratos
aportarán aproximadamente un 45-55% del total de calorías
de la dieta, dando preferencia a los carbohidratos
complejos, las grasas aproximadamente un 35-45% del total
de las calorías, la mayoría insaturadas.
La aparición de alteraciones
en los lípidos
en la sangre, puede requerir la disminución de la grasa a
un 30% del valor calórico de la dieta, con disminución de
la ingesta
de ácidos grasos saturados y de la cantidad de colesterol
(300 mg/día).
Hay que considerar que en la
insuficiencia renal hay alto riesgo de arteriosclerosis
y de muerte por enfermedad cardiovascular, por lo que es importante
controlar este factor de riesgo.
¿Y
qué ocurre con el agua
y el sodio?
Generalmente el agua no se restringe hasta fases
muy avanzadas de la insuficiencia renal crónica, siendo mucho
más importante restringir el sodio. El agua debe restringirse
junto con el sodio cuando existe retención excesiva de líquidos.
El sodio debe restringirse
a niveles capaces de evitar la aparición de retención de líquidos
o hipertensión arterial,
pero no debe restringirse en exceso, ya que es más peligrosa
una deshidratación que una ligera retención de líquidos. El
sodio está presente fundamentalmente en la sal común y alimentos
ricos en sal ó determinados conservantes: jamón serrano, tocino,
bacon, embutidos, pescado seco, carnes saladas, mariscos,
sopas preparadas, zumos envasados,...
¿Y
con el potasio?
En cuanto al potasio, la capacidad de eliminar el mismo
disminuye en las fases terminales de la insuficiencia renal
crónica, por lo que se debe restringir su ingestión
en la dieta. Destacan en general las frutas y vegetales. También
algunas maniobras culinarias pueden disminuir el potasio de
los alimentos (hervido, remojo, etc.)
Calcio,
fósforo, vitamina
D
Es importante limitar la ingesta
de fósforo, teniendo en cuenta que al disminuir las proteínas
ya se disminuye el aporte de fósforo. El calcio
disminuye al elevarse el fósforo, y también porque se absorbe
en menor cantidad en el intestino (por fallo de la vitamina
D, que se debe activar en el riñón).
Cuando la función renal es
mínima, se usan sales de calcio
que además de aportar calcio,
"fijan" el fósforo e impiden que éste se absorba.
Otros minerales
y vitaminas El hierro puede ser necesario suplementarlo
debido a que está presente sobre todo en alimentos proteicos, pero
es preciso individualizar, al igual que el calcio.
Cuando el aporte de proteínas
es bajo (< 0,6 g/kg. de peso y día) la dieta aporta menor cantidad
de ciertos tipos de vitaminas hidrosolubles: tiamina, riboflavina,
niacina y ácido
fólico por lo que se aconseja suplementarlas.
¿Qué ocurre
cuando se llega a la diálisis? En este caso ya no es preciso hacer
una restricción proteica para evitar deterioro de la función de
los riñones, ya que éstos están prácticamente anulados, además durante
la diálisis
se pierden proteínas
que deben ser repuestas, pero no deben aportarse en exceso
porque aumentarían los productos de desecho y el aporte de fósforo.
En caso de hemodiálisis
se recomienda una ingesta
de proteínas
de 1-1,2 gr/kg/día, y de calorías de 35 kcal/kg/día, en una situación
de estrés o infección se podría llegar hasta 40-50 kcal/kg/día.
En
la diálisis
peritoneal, hay que considerar que el líquido que se usa para
la diálisis
contiene glucosa (de la cual se absorbe un 80%) por lo que las necesidades
de calorías pueden ser ligeramente inferiores que en la hemodiálisis
(restar unas 400 a 800 kcal/dia), sin embargo las necesidades de
proteínas
son superiores (1,2-1,5 gr/kg/día), dado que las pérdidas son también
superiores.
En la diálisis
es esencial también limitar la ingesta
de sodio y líquidos para evitar sobrecargas de volumen; y de potasio
para evitar que se eleve demasiado en la sangre.
De nuevo, hay que insistir en asegurar
una ingesta
calórica suficiente a partir de grasas y carbohidratos
para evitar el uso de proteínas
como fuente energética.
Consecuencias
de la malnutrición Es fundamental evitar la desnutrición,
tanto antes de entrar en la diálisis,
como al iniciarla, asegurando un aporte energético y proteico suficiente.
La malnutrición va a condicionar un empeoramiento de la función
renal y una disminución de la supervivencia, y de la incidencia
de complicaciones, situación más evidente al entrar en diálisis.
En muchas ocasiones son necesarios
preparados comerciales para conseguir los requerimientos calóricos
y proteícos.
Fecha de publicación: Marzo 2001
Enrique Castro Martínez Unidad de Nutrición y Dietética Clínica
Hospital Universitario La Paz. Madrid