El tratamiento más aceptado hoy día es la extirpación del tumor mediante cirugía, existiendo diferentes técnicas quirúrgicas, cada una de las cuales estará más indicada en función del tamaño del tumor y del grado de perdida auditiva principalmente. Todas ellas, dada la región anatómica tan delicada en la que se encuentra el tumor, tienen un cierto índice de mortalidad (entre el 0,4% y el 4% según la técnica empleada) y ,en ocasiones, secuelas posquirúrgicas como pérdida auditiva completa en ese oído, parálisis facial, inestabilidad, etc., que variarán en porcentaje también según el tamaño tumoral y la técnica quirúrgica empleada.
La cirugía puede ser realizada por Otorrinolaringólogos especializados en patologías de base de cráneo o por Neurocirujanos y en ocasiones se hace de forma conjunta por ambos especialistas.
Otra alternativa a la cirugía es la llamada radiocirugía. Con esta técnica no se extirpa el tumor, sino que se le somete aun tipo de radiación específica que detiene o frena su crecimiento. La mayoría de los Otorrinolaringólogos consideran que esta técnica está indicada sólo en los siguientes casos:
- En pacientes con graves problemas de salud o de edad muy avanzada que contraindique la cirugía.
- En pacientes con tumores en los dos oídos.
- En pacientes con sordera del oído contrario al del tumor.
- En pacientes que rechazan la cirugía.
- En casos de reaparición del tumor tras la cirugía.
Una tercera opción consiste en la abstención terapéutica (no hacer nada) con una estrecha vigilancia del tumor mediante RNM. Esta actitud se suele emplear en pacientes con una edad muy avanzada en los que el tumor sea muy pequeño, y siempre tras haber ofrecido al paciente y a la familia todas las alternativas posibles.