Existen multitud de estudios, así como evidencia clínica suficiente, que demuestra cómo determinadas situaciones de estrés pueden provocar el desarrollo de determinadas enfermedades como por ejemplo úlceras duodenales, cefaleas tensionales, hipertensión esencial, etc.
Las consecuencias del estrés pueden ser múltiples y muy variadas, dependiendo de la persona, la situación de estrés, el estilo de afrontamiento a la situación, etc.
Generalmente ante cualquier situación de estrés se producen una serie de cambios fisiológicos, tales como aumentos en la frecuencia cardíaca, tensión arterial, sudoración, etc. Este tipo de respuestas forman parte de un proceso normal que ocurre en todos los sujetos ante determinados estímulos y que se denomina reactividad.
Es importante distinguir entre dos tipos distintos de sujetos, ambos víctimas del estrés, pero diferentes en cuanto a la forma de responder ante las situaciones: los sujetos reactores persistentes y los hiperreactores.
Los sujetos reactores persistentes, son aquellos que responden con una reactividad que persiste en el tiempo de una forma patológica. Es decir, estas personas, responden elevando sus medidas fisiológicas con una gran frecuencia, y además son capaces de mantenerlas elevadas por tiempos muy prolongados. Son los típicos sujetos que por ejemplo, si van conduciendo y alguien realiza ante ellos una maniobra peligrosa, desarrollan un conducta de enfado exagerado, lo cual en principio parece lógico, pero ese comportamiento es reincidente y duradero, prolongándose durante un tiempo excesivo.
La probabilidad de que se desarrolle un trastorno aumentará, además, cuando la respuesta de activación se haga más estereotipada, es decir, cuando ante la situación estresante, el sujeto siempre presente incrementada una variable fisiológica concreta. Por ejemplo, un sujeto que ante una situación de estrés, siempre responde con aumento de la tensión muscular del abdomen, tiene más probabilidades de desarrollar una úlcera que otro sujeto que unas veces responde aumentando la tensión muscular y otras aumentando la tensión arterial o la actividad electrodermal.
El otro tipo de sujetos, también víctimas del estrés, son los llamados hiperreactores. Estos sujetos responden ante determinadas situaciones de estrés, con considerables incrementos en la activación de gran parte de las medidas fisiológicas, pero de una forma metabólicamente excesiva. Cuando ocurre esto es cuando se favorece la posibilidad de desarrollar las llamadas enfermedades psicosomáticas, tales como dolores de cabeza, de cuello, úlceras de estómago, hipertensión, y muchas otras.
Siguiendo con el mismo ejemplo expuesto anteriormente, cuando estos sujetos presencian una situación imprudente de otro coche, reaccionan igual que los reactores persistentes descritos, con la diferencia de que éstos, aunque igualmente responden de una forma excesiva, sin embargo su recuperación se produce mucho antes, es decir, vuelven a su situación basal habitual con mucha mayor rapidez.
Obviamente son muchas las situaciones ambientales que pueden ser causa de nuestro estrés, pero dado que no podemos cambiar la sociedad, ni podemos escondernos dentro de una burbuja, debemos encontrar una solución en nosotros mismos e intentar enfrentarnos a las situaciones de una forma distinta y más adaptativa. Ya en el siglo XII, Henri de Mondeville decía "la alegría y la tristeza son accidentes del alma, el cuerpo se robustece con la alegría y enflaquece con la tristeza".